Las mejores bandas sonoras de 2018 – Parte II

En esta segunda parte seguiremos repasando las que han sido para mí las mejores bandas sonoras que hemos podido escuchar de los estrenos de 2018. Si habéis llegado a este artículo sin haber leído la primera parte podéis ir desde aquí. En este tramo medio del ranking iremos desde la duodécima posición a la sexta, dejando mis cinco bandas sonoras favoritas del pasado año para la tercera (y última) parte. Como siempre, recordar que aquí vengo a hablaros de las sensaciones que me aporta la música de estas películas, sin pretender ser algún tipo de análisis crítico, ya que carezco del conocimiento necesario de teoría musical. Ojalá, al menos, encontréis bandas sonoras que os gusten o, en cualquier caso, descubriros algunos de los sonidos que han definido el cine en el año que hemos dejado atrás.


12. Ready Player One | Alan Silvestri

Duración: 84 minutos

Escuchar en Spotify

Recuerdo que fue una pequeña decepción personal que la banda sonora de Ready Player One no la fuera a hacer John Williams. Siempre quedará en el aire qué es lo que hubiera hecho porque de aquí podría haber salido algo muy especial, al tratarse de una película que reverencia tanto una época que sobre todo él dio forma musicalmente. De entre todos los potenciales candidatos creo que Alan Silvestri, uno de los alumnos aventajados de Williams, era la mejor segunda opción posible. La banda sonora de Ready Player One no tiene tantas melodías pegadizas como otros trabajos del músico —entre los que se incluyen Los vengadoresForrest Gump o prácticamente cualquier película de Robert Zemeckis—, pero sí se le queda al que la escucha una sensación muy agradable, apetece quedarse un buen rato en el mundo que propone Spielberg ya solo por la complaciente música de Silvestri.

Esa presentación de OASIS (The Oasis) evidencia que, efectivamente, estamos ante un universo grandioso y único. Pero en todos los temas de presentación de elementos claves del filme sucede algo parecido, ya sea en el de James Halliday como en el de la Rebelión, donde se puede palpar la épica y la heroicidad propia de los personajes que poblaban la década homenajeada. Destaca principalmente un emocionante tema principal (Main Title) que podría ser el enésimo refinamiento de todo lo que ha hecho Silvestri en sus más de treinta años de carrera. Aparte de esto, Silvestri también consigue mimetizarse con la película y realiza varios homenajes a lo largo de la banda sonora. Entre los más celebrados se encuentran varios acordes de la célebre Regreso al futuro que él mismo compuso en su momento. Hay momentos dentro de la música de Ready Player One que incluso podrían haber sido firmados por el propio Williams, por como trata Silvestri los instrumentos de viento. En definitiva, una banda sonora digna de recordar y que se encuentra, sin duda, entre lo mejor que salió de Hollywood en 2018. Me hubiera gustado, por poner alguna pega, que se hubiera atrevido algo más con la música electrónica o que potenciara más el uso de sintetizadores que, como se deja entrever en la deleitante Sorrento Makes An Offer y en Orb of Osuvox o Last Chance, era la ocasión ideal para juntar ese estilo con el de la fanfarria clásica.


11. Good Time | Oneohtrix Point Never

Duración: 46 minutos

Escuchar en Spotify

La de Good Time es una banda sonora a la que cuesta acceder, o al menos a mí me pasó. Parece una música que intenta echarte todo el rato. Daniel Lopatin, bajo el alias Oneohtrix Point Never desarrolla una música electrónica experimental muy invasiva, pero es que Good Time es un poco así. La esencia misma del filme de los hermanos Safdie creo, está capturada en esta banda sonora. Sería, además, una cosa bastante distinta de no tener esta música tan alocada y vertiginosa. Bastante recomendable para los amantes de la música llena de sintetizadores, algunos de los cortes menos experimentales están muy en la onda de los ochenta. Hay que decir que es una banda sonora que he rescatado con el tiempo, me olvidé de ella tras ver la película y no fue hasta finales del año pasado cuando, poco a poco, la fui rescatando y se ha ido convirtiendo en una de las experiencias musicales de 2018 que más ha merecido la pena. Para rematar el excelente trabajo de Oneohtrix Point Never nos encontramos al final del álbum el tema original que suena durante los créditos finales del fime, The Pure and the Damned, cantado por nada más y nada menos que una leyenda de la talla de Iggy Pop. Un broche de oro para cerrar esta banda sonora, con la que entramos ya, definitivamente, en la parte del ranking en la que todas de las que vaya a hablar me parecen de un nivel razonablemente alto.


10. 120 pulsaciones por minuto | Arnaud Rebotini

Duración: 59 minutos

Escuchar en Spotify

La banda sonora de 120 pulsaciones por minutos es una de las más especiales de toda la hornada de 2018. Una banda sonora compuesta como una gran rave, una gran fiesta, inspirada en el mejor tecno francés de los noventa, pero con un poso no tan alegre como pudiera parecer. Su tema principal, el homónimo, me parece una genialidad de cinco minutos en el que se intercala ese espíritu fiestero con un tempo que simula el sonido de una de esas maquinas de hospital que va siguiendo tus constantes vitales. Creo que Rebotini a través de su música efectúa aquí el mejor resumen posible de la película de Robin Campillo, una en la que se celebra la diversidad a través del baile y el dejarse llevar pero que tiene presente en todo momento la larga sombra que acecha sobre sus personajes la enfermedad del VIH. No obstante, en la banda sonora, como en la propia película, no es todo fiesta. También hay lugar para el lamento, para el luto. Esta tristeza está muy bien plasmada dentro de la música con sentidas piezas que se alejan bastante del resto de las marchosos cortes de la banda sonora olvidándose de la percusión y dando protagonismo solo a uno u dos instrumentos (Jeremie est mort du sida, La Parade, Le Scanner, AZT DDI DDC y Le Pont). Rebotini se guarda un as bajo la manga y compone en Sean & Nathan un tema con el espíritu afligido de los mencionados pero con las ambiciones tecno del resto del álbum, y acaba siendo una delicia. No todos los días descubrimos bandas sonoras así y hay que celebrar que además sea una de calidad.


9. Tres anuncios en las afueras | Carter Burwell

Duración: 44 minutos

Escuchar en Spotify

Carter Burwell puede que, a la larga, sea uno de los compositores que más he escuchado no intencionadamente. Ya que a lo largo de 2016 en La pantalla invisible hicimos un ciclo de los Coen donde nos vimos toda su filmografía, y Burwell ha trabajado ininterrumpidamente en todas las películas de los hermanos desde su debut Sangre fácil hasta la reciente La balada de Buster ScruggsPero no vengo a hablar de la película de Netflix aquí, sino de Tres anuncios en la afueras, de Martin McDonagh. Aquí Burwell parece estar en su salsa, vuelve con un sonido muy “coeniano” fundido en country y western americano. Su tema principal, Mildred Goes To War, es muy potente y ese riff de guitarra se queda pegado en el espectador/oyente con mucha facilidad. El tema es tan bueno que Burwell se basa en él para construir algunos de los cortes más emocionantes de la obra, como Billboards On Fire o My Dear AnneDe los cortes que más se separan del tema principal podría destacar el emotivo Collecting The Samples, el sombrío A Cough of Blood, A Dark Drive o el melancólico Billboards Are Back. El álbum se ve beneficiado además de canciones no compuestas para esta banda sonora de grupos y artistas como Joan Baez, Four Tops, Monsters of Folk o Townes Van Zandt que se funden a la perfección con el ambiente sonoro que construye Burwell, pero que, en este caso, no me parecería justo contarlas para hacer el ranking. Si quitamos estas canciones, lo compuesto por Burwell se queda en unos alarmantes veintidós minutos aproximadamente, siendo con diferencia de lo más breve de esta lista.


8. Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald | James Newton Howard

Duración: 77 minutos

Escuchar en Spotify

James Newton Howard nunca ha sido de mis compositores favoritos, pero siempre he estado más o menos atento a su obra y dentro del panorama actual me parece de los más solventes para musicalizar blockbusters. En este ámbito, poco me aporta el que puede que sea uno de sus trabajos más populares, el de la saga de Los juegos del hambre. Sí que me estimula algo más lo que hizo junto a Hans Zimmer en las Batman de Nolan. Pero, personalmente, creo que Howard alcanza su excelencia cuando colabora con Shyamalan —y lo ha hecho en ocho ocasiones—, una pena que desde que Blumhouse produce las películas de M. Night no colaboren. Desgraciadamente, no hemos venido aquí a hablar del excepcional trabajo del músico en películas como El bosque, El protegido o Señales. Si sale el nombre de James Newton Howard en este artículo es, de hecho, por otra de esas sagas de alto presupuesto a las que da sentido musical el compositor. En esta ocasión me refiero a la de Animales Fantásticos y en concreto a su reciente secuela, Los crímenes de Grindelwald. En la cual el músico californiano, seamos sinceros, no lo tenía especialmente difícil para destacar como lo mejor del filme. Para mí, por otra parte, me sorprendió gratamente porque recuerdo que en su momento critiqué la banda sonora de la primera entrega (que también compuso él), aunque no la he vuelto a escuchar desde entonces. Esta por su parte me ha encantado desde el primer visionado. A ratos parece jugar en la misma liga, cualitativamente hablando, de lo que hicieron Williams, Doyle o Desplat con la saga madre. Es, sin duda, un trabajo a la altura y probablemente el único elemento realmente mágico de una película que se jacta de tenerla.


7. Entre dos aguas | Raül Refree (y Kiko Veneno)

Duración: 37 minutos

Escuchar en Spotify

La de Entre dos aguas es la única banda sonora de la lista que no está plenamente editada. De hecho, la única forma de escuchar algo de la misma es en el último disco de Refree: La otra mitad. Título que da sentido a la particularidad de la banda sonora de la película de Isaki Lacuesta. Una parte de la misma está desarrollada por Kiko Veneno, una importante  figura  en la música de nuestro país y, curiosamente, uno de los responsables de La leyenda del tiempo, el famoso álbum de Camarón que daría a posteriori el nombre a la precuela de esta Entre dos aguas. La otra parte, la otra mitad, es la desarrollada por Refree, uno de los músicos más interesantes del panorama actual español que también destaca por su labor en la producción de algunos álbumes de artistas tan recomendables como Silvia Pérez Cruz, Luísa Sobral, Niño de Elche o Rosalía, entre otros —además, actualmente se encuentra a cargo del esperado disco debut de Amaia Romero—. A día de hoy es imposible escuchar la parte de Kiko Veneno de una forma aislada que no sea volviendo a ver la película (lo cual actualmente tampoco es viable porque se estrenó en cines el pasado noviembre y aún no ha salido ni en formato físico ni ha llegado a plataformas como Filmin), así que no voy a poder comentarla en profundidad ni recomendárosla para que la escuchéis. Teniendo todo esto en cuenta, me centraré a comentar unicamente la parte de Refree, es decir, su disco La otra mitad. Aunque, si me preguntáis, viendo la película uno no tiene la sensación de que se haya compuesto por dos autores tan dispares que ni coincidieron juntos en sus respectivas composiciones.

La banda sonora de Entre dos aguas es puramente experimental, más de lo que cabría esperar en un proyecto como este. No es la típica banda sonora, vamos. Para empezar, se diferencia del resto de las de la lista al tener más aproximaciones con el flamenco que con cualquier otro género o tipo de banda sonora al que estemos acostumbrados. Refree centra toda la musicalidad de la obra en el sonido de la guitarra. Una guitarra que, como Isra —el protagonista del filme—, no se esconde y de la que se escuchan todas y cada una de las cuerdas y cambios del instrumento (podéis notar mejor esto en cortes como Ramírez 11012017 o LG0 24022017). Personalmente algunos segmentos de la banda sonora me transmiten la sensación de estar escuchando a alguien triste tocando en mitad de una plaza, improvisando (un ejemplo de esto podrían ser Barbacoa y Telecaster 01032017b). En otros cortes del álbum, esta guitarra se ve acompañada de diferentes cantos. En Que te vayas, por ejemplo, recuerdo que Refree contó en la rueda de prensa de la película en San Sebastián que el canto que se escucha es el de un niño que se lanzó a cantar una malagueña en mitad del rodaje del filme y decidió incorporarla en su trabajo. Que el propio Refree —y Kiko Veneno, se entiende— asistiera al rodaje y fuera desarrollando su parte de la banda sonora a partir de lo que veía que estaba haciendo Isaki con su equipo es, de nuevo, otra singularidad en esta lista. En resumen, una banda sonora que, como la película, me parece imprescindible.


6. Mandy | Jóhann Jóhannsson

Duración: 41 minutos

Escuchar en Spotify

Jóhann Jóhannsson fue una de las grandes pérdidas de 2018, me afectó tanto su muerte que incluso le dediqué un artículo a modo de réquiem. Era uno de los compositores actuales que estaban destinados a ser de los grandes nombres del gremio en las décadas venideras, si no lo era ya. Con Jóhannsson sentía tanta devoción, de hecho, que me escuchaba todo lo que hacía, hasta las bandas sonoras de películas que ni veía ni tenía intención de ver. Esto ha pasado también con Mandy, la última gran obra que nos deja el islandés, que ya adelanto que no he tenido el ¿placer? de ver pero afortunadamente sí de escuchar. En Mandy vuelve el Jóhannsson más cercano a Sicario, con una música marcada por percusiones oscuras y tensas, quizás, eso sí, con un necesario punto más de tenebrosidad que en aquella. No sé si por el contexto del filme o no, pero da qué pensar que fuera justo este el último trabajo que compuso antes de suicidarse. Una pena, en cualquier caso. La música de Mandy es tan siniestra y misteriosa que me ha sido inevitable retrotraerme a las sensaciones que me dejó Badalamenti en Twin Peaks: The Return cuando trataba con personajes que se codeaban con la maldad personificada (Waste, por ejemplo, podría haber musicalizado perfectamente una escena de Mr. C). La mayoría de cortes que contiene el álbum se abstienen de toda melodía posible. Su función única y principal es ambiental, y cumple como pocas esa capacidad de generar mal rollo. En algunos cortes como Forging the Beast, Dive-Bomb Blues o Black Skulls el uso extremo de sintetizadores y esas guitarras tan intensas recuerdan, en parte, a la la brillante banda sonora de Mick Gordon para el último DoomVaya, que no es precisamente la banda sonora ideal para ponerte de fondo para relajarse, a no ser que quieras acabar un poco tocado. Los quince cortes de álbum me parecen esenciales, pero hay dos en concreto que sobresalen por mucha diferencia del resto como dos auténticos temazos con los que lamentarnos aún más de que ya no esté entre nosotros un genio como Jóhann Jóhannsson: Mandy Love Theme y Children of the New Dawn.


Continuará en la tercera y última parte de Las mejores bandas sonoras de 2018. Próximamente.

Comentarios