Las mejores bandas sonoras de 2018 – Parte III

Llegamos al fin de esta serie de tres artículos donde repaso las que considero las mejores bandas sonoras de cine de 2018, hablando de cada una de ellas sobre algunos aspectos que me apetezca comentar o, simplemente mis impresiones generales. Están ordenadas aproximadamente a raíz de un ranking que he ido haciendo durante varias semanas, pero todas merecen al menos un intento de escucha, en mayor o menor medida. Si habéis llegado aquí sin haber leído las dos partes que preceden a este artículo sois bienvenidos de pasaros por allí: Parte I & Parte II. En este artículo hablo de mis cinco bandas sonoras favoritas de las veinte en total de las que he comentado. Sin más dilación, allá van. Espero que os gusten.


5. La forma del agua | Alexandre Desplat

Duración: 76 minutos

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Lo de Alexandre Desplat en La forma del agua es otro de los grandes ejemplos de esta lista en los que hay un abismo cualitativo entre la música de una película y la película en sí misma. No hay color entre la fantástica música del francés y la fábula oscarizada del mexicano, aunque, queramos o no, ambas no podrían existir sin la otra. Yo, por mi parte, no entendí la oleada masiva de alabanzas que despertó La forma del agua en su momento —hoy en día, casi un año después de aquello no sé si alguien se acordará de ella—, pero es curioso como todos los adjetivos y elogios que se lanzaban hacia ella fueran similares a los que yo podría decir sobre su banda sonora. Me pregunto qué les parecería la película a esa gente que le ha encantado de haber tenido otra música, o que no tuviera.

Desplat es el responsable de transportar al espectador a otros tiempos con la música —a excepción de cuando suenan, literalmente, canciones de hace seis o siete décadas, que no es cosa suya—, en concreto, con el certero uso de un instrumento que tanto caracterizó la ciencia ficción de los años cincuenta: el theremín. Este particular instrumento, introducido en 1945 en Hollywood por Miklos Rozsa en la bandas sonoras de Recuerda de Hitchcock y Días sin huella de Wilder conseguía con él enfatizar los problemas de la psique de sus protagonistas. En una, subrayaba los pensamientos obsesivos de un transtorno psiquiátrico y, en la otra, los momentos álgidos de embriaguez. Pero fue Bernard Herrmann en 1951 cuando, con la música de Ultimátum a la Tierra, relacionó el theremín con lo extraño, lo extraterrestre. En definitiva, con una amenaza desconocida. Y así se quedó para siempre en el imaginario popular, relacionando los platillos volantes con ese característico sonido. Desplat le da la vuelta a ese concepto y lo emplea como el instrumento central del tema principal de la banda sonora. Anticipando que en el filme, en efecto, hay algo extraño, probablemente extraterrestre. Pero de la forma tan armónica que lo usa y mezclándolo en la melodía con instrumentos tan inofensivos como arpas y acordeones te deja entrever que esa amenaza desconocida que tanto relacionamos con el theremín y que nos hace desconfiar de la (aparentemente) peligrosa criatura que podamos encontrarnos no es como nos imaginamos. En fin que, como en las grandes bandas sonoras, toda la película está ahí, en la música.


4. Suspiria | Thom Yorke

Duración: 80 minutos

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Tengo que confesarlo. Esta es la única banda sonora que ya he escuchado en 2019 y, por lo tanto, no estaba prevista en mi top de 2018 original. Además, comparte con Mandy el dudoso honor de ser un álbum que he escuchado sin tener en cuenta la película en la que suena. Sé que hago mal pero, al menos en este caso, sé con certeza que la mayoría de la música se compuso antes del rodaje de la misma. Ver este remake de Suspiria dirigido por Guadagnino no entra en mis planes futuros, aunque no descarto que en algún momento caiga preso de la curiosidad, pero es que ni la original de Argento me terminó de convencer. Dicho esto, hablemos de lo que importa. El nombre propio de esta banda sonora no es otro que Thom Yorke, vocalista y compositor principal de Radiohead, que aquí realiza su debut en la música para cine. Y menudo debut.

La banda sonora de esta Suspiria tiene algo que atrapa. Thom Yorke consigue seducir a cualquiera que esté dispuesto a escuchar y hacerlo entrar en esta atmósfera tan tétrica y malsana. Ya en el segundo corte, The Hooks, estaba totalmente dentro. Sin duda es una de las obras musicales más complejas de todas los que se pudieron escuchar el año pasado en una sala de cine. Yorke, aparte de la música per se, también emplea efectos de sonido para ambientar el terror que habita en Suspiria: incesantes susurros, pasos sobre madera vieja, hasta lo que podría ser interpretado como cacofonías. En cuanto a lo musical, tiene mucho piano, violín, percusiones y sintetizadores, pero sobre todo tiene voz: la del propio Thom Yorke. Algo no muy común en bandas sonoras es encontrar al mismo compositor cantando en ella. Esta voz destaca sobre todo en temas tan buenos como Suspirium (y, evidentemente, Suspirium Finale), Open Again, Unmade o Has Ended. Otras veces, no obstante, se sirve de coros para ejecutar el instrumento más humano que existe, como en The Conjuring of Anke. De las estrictamente instrumentales me entusiasman especialmente cortes como Klemperer Walks, The Jumps, Volk u Olga’s DestructionTambién hay que tener en cuenta que hay segmentos de la banda sonora que son verdaderamente asfixiantes. A veces, escuchando el álbum, he tenido que pausar y ponerme a hacer otras cosas porque me estaba poniendo bastante nervioso. En concreto durante los catorce minutos de A Choir of One y prácticamente todo el tramo final del álbum. Y no lo digo como algo malo, que conste. Creo que esa era la intención y esto debe de generar mucha tensión irritante dentro del filme. Por estos y algunos motivos más que probablemente no habré sabido analizar (de nuevo, no sé de música teórica) la de Thom Yorke es una de las bandas sonoras más especiales de todo 2018.


3. Los Increíbles 2 | Michael Giacchino

Duración: 75 minutos

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Giacchino siempre me ha gustado. A estas alturas ya es toda una personalidad en el mundo de la música de cine hollywoodiense, y eso que lleva relativamente poco en el gremio. Empezó a finales de los noventa haciendo música para videojuegos. Que, como curiosidad, fue el compositor tanto del primer Medal of Honor (apadrinado por Spielberg) como del primer Call of Duty. Pero su primer gran proyecto en el cine llegó en 2004 de la mano de Pixar y Brad Bird en, mira tú por donde, Los increíbles. Su carrera siempre ha estado a caballo entre los proyectos de JJ Abrams, ya sean series (Alias, Perdidos…) como sagas cinematográficas (Misión Imposible, Star Trek…), y los proyectos ya no sólo de Brad Bird (Ratatouille, Tomorrowland…) sino de Pixar, desde cortos hasta algunas de las películas recientes más importantes del estudio como UpDel revés o Coco. Su buen hacer le ha valido a Disney para contar con él en blockbusters de todo tipo como demuestra su fichaje en Marvel con Spider-Man: Homecoming y Doctor Strange o en Star Wars con Rogue One.

Su último trabajo, Los increíbles 2, es una compilación de todo lo aprendido estos años, mezclado con el cariño que rezuma por lo que hizo con la primera entrega de las aventuras de los Parr. Es de las bandas sonoras más estimulantes del año, y sin duda de las más enérgicas. Giachino emplea de nuevo aquella formula que tan buenos resultados obtuvo en la primera de Los Increíbles. Esta es, la de mezclar lo que podría ser música de un James Bond clásico y elevarla con un tono fanfárrico superheróico. Los instrumentos de viento son el gran aliado del compositor aquí. El álbum, en definitiva, me parece una delicia. Un viaje jazzístico en el que es imposible aburrirse, ya sea rememorando algunos de los leitmotivs de la película de 2004 o dejándote llevar por los nuevos ritmos que se introducen aquí. Incluso merece la pena pararse a leer los títulos que pone Giacchino, con su peculiar sentido del humor, a los cortes del album. Mi favorito: “Looks Like I Picked the Wrong Week to Quit Oxygen”. Por tener, tiene hasta divertidos temas cantados para cada uno de los supers adultos: Elastigirl, Frozone y Mr. Increíble.


2. Lo que esconde Silver Lake | Disasterpeace

Duración: 90 minutos

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Disasterpeace es uno de esos pocos compositores que han surgido en el nuevo milenio de los que sigo muy de cerca todo lo que hacen. Escuché algo suyo por primera vez, al igual que muchos otros, jugando a la joyita indie de Phil Fish, FEZ. Ahí me enamoré de todo lo que era capaz de hacer en un género aparentemente tan cerrado y con pocas posibilidades musicales para destacar como el chiptune —con los años, además, me he dado cuenta de lo equivocado que estaba con este prejuicio—. Un par de años después su nombre se vio catapultado a la cinefilia gracias a su trabajo en la banda sonora de It Follows, uno de los clásicos modernos del cine de terror con la que su director, David Robert Mitchell, también se puso en el mapa. La de It Follows sigue siendo a día de hoy, una de mis bandas sonoras favoritas de la década. Por intención, por buen gusto, por ambientación y por una infinidad de motivos. El caso es que Robert Mitchell, para su siguiente película volvió a contactar con el bueno de Disasterpeace para que realizara la banda sonora.

En esta ocasión, Richard Vreeland (nombre real de Disasterpeace) da un giro radical a su música. Lejos quedaron los sintetizadores y el chiptune. En Lo que esconde Silver Lake, si no me equivoco, supone el primer trabajo serio de Vreeland con un orquesta en un estudio de grabación. Y ha sabido sobrellevar el reto con creces. Sienta genial el espíritu Disasterpeace con instrumentos físicos, palpables. La banda sonora de Lo que esconde Silver Lake no deja de ser, al igual que hace Robert Mitchell con Hitchcock, un constante homenaje al gran Bernard Herrmann y a tanto otros compositores del cine clásico norteamericano. La de Lo que esconde Silver Lake es una música que acompaña el mundo interno de ese Los Ángeles tan estrambótico, y en especial de Sam (estupendo Andrew Garfield), añadiendo capas de misterio, paranoia, nostalgia, grandilocuencia y hasta una pizca de humor. Es, junto al de Black Panther, el álbum más largo de la lista. Una hora y media de música en la que perderse y bucear por Silver Lake haciendo tus propias teorías de qué es lo que esconde.

Me vuelven especialmente loco algunos cortes de la misma como (por mencionar uno) Jefferson’s Legend, que reúne todo lo Hermanniano y sinfónico de esta banda sonora para incorporarle un sonido chiptune muy de videojuego del que Disasterpeace controla un rato. Y de videojuegos va una anécdota que quería contar para ilustrar lo mucho que entré en el espíritu paranoide que se respira en la película y por ende en la música de Disasterpeace. Me llegué a obsesionar de verdad buscando a qué cojones me sonaba un corte en concreto de la banda sonora. Sabía que había escuchado algo muy parecido en algún sitio. Y efectivamente, así era. O eso me pareció tras un largo rato de búsqueda, ahora no estoy nada seguro. En el álbum el corte se llama Dracula’s Code. Y a lo que me sonaba era nada más y nada menos que esto. Sí, las pistas estaban ahí todo este tiempo.


1. El hilo invisible | Jonny Greenwood

Duración: 55 minutos

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Efectivamente, la última ganadora en los Premios Invisibles también es mi banda sonora favorita de 2018, la de El hilo invisible. Es curioso como dos miembros de Radiohead se han colado entre las mejores composiciones musicales que pasaron por el cine del pasado año. En este caso, Greenwood está algo más versado en este arte habiendo desarrollado durante estos años la música de los filmes de Paul Thomas Anderson y Lynne Ramsay. La banda sonora de El hilo invisible se nota ya como una obra de madurez sin dejar de lado la complejidad sonora que caracteriza al inglés, con un sinfín de matices que se rasga en cada corte del álbum. Si en la de Suspiria era la voz de Thom Yorke el instrumento principal, aquí lo son los instrumentos de cuerda (la familia del violín está omnipresente por toda la obra) y, por supuesto, el piano. Con la música de El hilo invisible entras de lleno en el universo de la Casa Woodcock, la música envuelve la sugerente dirección de Paul Thomas Anderson y la eleva como si fuera algo único, especial. Tiene algo de enfermizo también, esos instrumentos de cuerda se siente afilados y como si no te dejaran respirar, casi como lo que siente uno como espectador dentro de la casa del protagonista. Aunque no siempre es así, a veces exhibe muestras de cariño y afecto, lo que se traduce en una música más agradable en la que todos los instrumentos se relajan y nos regalan un pequeño rinconcito donde poder sentirnos a gustos durante un rato.

Greenwood lleva la música a su terreno y le adhiere su ADN personal a cada corte. Sorprende que siendo uno de los trabajos más homogéneos de la lista no resulte repetitivo en sus temas, consigue variar, por ejemplo, de la melancolía al romanticismo o de lo tóxico a lo delirante. La música de Greenwood siempre acompaña la psique y el estado anímico de sus protagonistas, por eso conjuga tan bien con el cine de PTA —un cine en el que, por cierto, siempre se ha cuidado mucho el apartado musical—. El hilo invisible puede que no sea la mejor de las bandas sonoras para escuchar fuera del visionado del filme (aunque yo no tenga problema alguno con ello), pero viendo la película no me cabe ningún atisbo de duda que es la mejor música que se pudo escuchar en una sala de cine en 2018.

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