Especial Disney (Vol. 2) | Princesas, perros y libros británicos

Mientras que en los años cuarenta había una clara diferencia entre las joyas de la animación dejadas por Disney a principios de la década con películas como Pinocho (Pinocchio, 1940), Fantasía (Fantasia, 1940) o Dumbo (íd., 1941) y las marginales package films producidas en la posguerra, los cincuenta fue una década con menos altibajos y bastante más productiva para la compañía, tanto en ingresos como en cuanto a la calidad de sus obras. Disney expandió su pequeño gran imperio más allá del cine de animación, probando suerte con el de acción real a la par que creando programas de televisión y sobretodo con un objetivo más que claro: los parques temáticos.

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Como concluía en el anterior artículo, ya en los cincuenta Disney podía permitirse volver a producir nuevos largometrajes. Y lo hacía con la que sería la segunda película del estudio protagonizada por una princesa. La cenicienta (Cinderella, 1950) era, efectivamente, la película favorita del propio Walt Disney, o al menos eso decía. ¿Quién no conoce la historia del baile hasta la medianoche y el zapato de cristal? En esta adaptación del cuento de Charles Perrault se incluyeron momentos musicales bastante pegadizos como el archiconocido Bibbidi-Bobbidi-Boo, la marchosa The Work Song cantada al unísono por los ratones o la armoniosa A Dream Is A Wish Your Heart Makes. No sé en qué se hubiera quedado la película sin la inclusión de los amigos roedores de Cenicienta, pero sin duda los divertidos Gus y Jaq le roban todo el protagonismo. El filme fue galardonado con el Premio especial del Festival Internacional de Cine de Venecia y con el Oso de Oro y el Grand Bronze Plate en la Berlinale; aparte de estar nominada a tres Oscar en categorías de sonido y música. Es una cinta bastante entretenida y buena pero que a pesar de todo es la que menos me gusta de esta segunda etapa del estudio. Quiero decir con esto que el nivel en estos años era bastante bueno.

Una de las tendencias -casuales, probablemente- de este periodo es la de adaptar novelas y obras de escritores británicos. No es algo propio de esta etapa ya que se ha seguido haciendo mucho tiempo después, sin embargo ninguna tiene el peso que tuvieron -y tienen- las obras en las que se basan dos de las películas que se hicieron estos años. Ambas de un calado importante en la cultura popular y consideradas obras fundamentales de la literatura “infantil” del siglo XX. Estas dos adaptaciones son, a su vez, dos de las cintas del estudio que más disfruto en lo personal y mis dos favoritas de esta etapa. Por un lado está la divertida, loca y original Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 1951) y por otro la encantadora y vibrante Peter Pan (íd., 1953).

Empezaré hablando de la adaptación de la famosa niña curiosa y entrometida de Lewis Carroll. La adaptación de Disney es una de las más polémicas y criticadas por los incondicionales del autor, pues mezcla tanto la novela original homónima como su secuela A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. A mi juicio, me parece una adaptación ideal, que sin ser muy fiel sabe reflejar la esencia del universo de Carroll y se queda con las mejores situaciones y personajes de ambas novelas. Alicia siempre persiguió y maravilló al propio Walt Disney, si recordáis, se fue a Hollywood con su corto Alice’s Wonderland bajo el brazo; con el que consiguió un contrato para hacer las que se llamaron Alice Comedies. De hecho, antes de elegir a Blancanieves pensó en Alicia para realizar su primer largometraje de animación. Pero no fue hasta 1951 cuando Disney estrenó Alicia en el país de las maravillas. Sin ser un desastre total, el filme nunca fue muy popular, al menos no durante los años que Walt vivió. Su faceta de obra de culto que conserva hasta nuestros días empezó a formarse a finales de los sesenta, con el estreno de la magnifica psicodelia animada de los Beatles, Yellow Submarine (íd., 1968), en una época donde la contracultura, especialmente el movimiento hippie, sentía la necesidad de películas que acompañaran los viajes alucinógenos que les proporcionaba el LSD y derivados.

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Con Peter Pan tengo una relación especial. Cuando era pequeño me maravillaba ese País de Nunca Jamás. Pero si por algo me entusiasmaba tanto realmente la cinta era, sin duda alguna, por el Capitán Garfio, que fue hasta hace no mucho uno de mis personajes ficticios favoritos (recuerdo vagamente que uno de mis primeros nicks que utilicé en internet era algo con Garfio y hasta me disfracé de él varias veces) y a día de hoy sigue siendo el villano Disney al que más cariño le guardo. Volviendo a ella después de años sin haberla visto para hacer este especial me he dado cuenta de que es más adulta de lo que recordaba, a pesar del slapstick constante de Garfio. El tema central de la película es la maduración, que deriva también en los niños que una vez fuimos o que seguimos teniendo en nuestro interior a pesar de ser adultos. Habla y se ven ciertas cosas que en una cinta del estudio actualmente sería impensable, como el evidente racismo o los doble sentidos de algunos diálogos. Tiene momentos mágicos que se te quedan grabados para siempre como ese icónico vuelo nocturno por Londres. Quizás le tengo más estima porque la tomo como la precuela de una de las películas clave de mi pre-adolescencia, la magnifica Hook (íd., 1991) de Spielberg. Como curiosidad decir que fue la última obra de Disney en ser distribuida por RKO Pictures, a partir de ahora lo haría su propia compañía, la archiconocida Buena Vista.

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En 1955 se estrenó la decimoquinta película del estudio, La dama y el vagabundo (Lady and the Tramp, 1955), y lo hacía siendo la primera película de animación en Cinemascope. Hay una cosa que no se puede negar de esta obra y es su calidad técnica. La animación de La dama y el vagabundo es casi perfecta. Gana enteros al ser una historia contada desde el punto de vista canino y deje por momentos en un segundo plano a las personas que deambulan por ella. Se trata de la adaptación de la novela homónima de Ward Greene, y no podemos decir que sea una historia con mucho jugo. Es la enésima versión de “Romeo y Julieta” en la que dos amantes de diferentes estatus social van superando obstáculos que la sociedad les plantea. Con la diferencia de que esta vez son perros, claro. El mismo año de este estreno, sucede algo mucho más importante para Disney y es que, en Anaheim, California se abren las puertas de Disneyland.

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Tres años y medio después, concretamente a principios de 1959, se estrenaba la que fue la última película basada en un cuento de hadas y princesas en ser producida por Walt Disney: La Bella Durmiente (Sleeping Beauty, 1959). Tuvo una producción extremadamente larga, de casi una década. El guión se empezó en 1951, las voces se grabaron al año siguiente y la animación tardó cinco años en completarse. A pesar de todo el esfuerzo, en su estreno sólo recaudó la mitad de su presupuesto (que era de unos seis millones de dólares). Esto casi supone la declaración de bancarrota por parte de los estudios. Dinero que estuvo más que invertido en los numerosos reestrenos que se hicieron años más tarde. Es una película muy única, con un diseño artístico brutal que gira en torno a la estética medieval y junto a su formato panorámico hacen de ella uno de las cintas de animación más alabadas. La banda sonora es bastante destacable, aunque teniendo como referente la obra de Tchaikovsky no lo tenía muy complicado; la más destacable es la famosa Once Upon a Dream (más conocida por estos lares como Eres Tú El Príncipe Azul). Maléfica es una gran villana y de las más célebres de los clásicos Disney. En todas y cada una de sus apariciones -sobre todo las escenas que suceden en su castillo- son atemorizantes y depende de la edad con la que la viste te pudo marcar sobremanera.

Con la entrada en la década de los sesenta, Disney volvió al mundo canino con 101 Dálmatas (One Hundred and One Dalmatians, 1961), esta vez basado en un cuento británico escrito por Dodie Smith. Destaca que sea el primer filme en The Walt Disney animated movie "101 Dalmatians" (alternatively: One Hundred and One Dalmatians), directed by Clyde Geronimi, Hamilton Luske and Wolfgang Reitherman. Story by Bill Peet based on a novel by Dodie Smith. Seen here, Roger Radcliffe (voice by Ben Wright). Initial theatrical release January 25, 1961. Screen capture. © 1960 Walt Disney Productions. Credit: © 1960 Disney / Flickr / Courtesy Pikturz. Image intended only for use to help promote the film, in an editorial, non-commercial context.emplear la xerografía y que sea la primera que se ambienta en la época contemporánea, aparte de ese estilo bocetil que tan de moda se pondría a partir de esta. Aunque simple, supone una aventura bastante simpática y entretenida apoyada por una gran villana, Cruela de Vil, que eclipsa al resto de personajes. Nos quedamos en las Islas Británicas para hablar de la siguiente película que hizo Disney pero retrocedemos bastante hacia atrás en el tiempo. En Merlín el encantador (Sword in the Stone, 1963) se nos cuenta cómo un joven e inexperto Arturo se hace amigo del conocido mago y como llega a conseguir la espada Excalibur que le valdrá para ser rey de Inglaterra.Merlin-Bermuda Estamos ante otra historia simpaticona que, sin embargo a nivel de animación deja mucho que desear, los dibujos no están nada inspirados. Pero la película la levanta ese personaje que le da título en España, el filme se sustenta en Merlín mejor dicho. Algunas de sus referencias al futuro y demás me ha recordado muy vagamente al que será el mejor personaje que nos ha dejado Disney en esa maravilla de los noventa, pero eso todavía no toca. A pesar de que su calidad es cuestionable (aunque se disfrute, o al menos la disfrutemos unos pocos), fue la última película que se estrenó estando aún vivo Walt Disney.

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Llegamos al final de esta segunda etapa con el estreno de El libro de la selva (The Jungle Book, 1967) y el triste suceso que ya he adelantado. Pero antes de todo esto decir que tras estrenarse Merlín el encantador pasaron una serie de cosas que me gustaría mencionar. Lo primero de todo es el estreno de Mary Poppins (íd., 1964), una película que me gusta muchísimo y que fue el verdadero proyecto que entusiasmaba a Walt en sus últimos años, a pesar de ser de acción real mezclada con animación. La película se convirtió en la película Disney con más nominaciones en los Oscar (trece; de los que ganó cinco). En 1965 se corta la producción regular de cortometrajes animados que le dieron la fama en sus inicios. Meses después, ya en 1966 Walt Disney fue diagnosticado de un cáncer de pulmón y fallecería en diciembre de ese mismo año a la edad de 65.

Dudaba si incluir o no El libro de la selva en esta etapa, pero teniendo en cuenta que Walt Disney murió durante su realización y formó parte de la misma he decidido meterla. Y con ella acabaremos esta hornada de ocho filmes. El libro de la selva es una adaptación de (cómo no) otro autor británico, Rudyard Kipling. Es una película que siempre me ha gustado bastante. Ya solo con Lo más vital y Quiero ser como tú me tiene ganado, aunque éstas no serían nada sin un personaje tan carismático como Baloo, que consigue que te olvides del insoportable Mowgli. Además cuenta con un villano digno de mención como Shere Khan. Puede que en parte por la muerte de Walt la película supusiera todo un éxito comercial, lo suficiente como para que no estuvieran más con la soga al cuello economicamente hablando, al menos por ahora. Una película que supone el último vestigio de una grandiosa era en la animación de la mano de Walt.

“Si puedes soñarlo puedes hacerlo, recuerda que todo esto comenzó con un ratón” – Walt Disney

Las películas favoritas de esta segunda etapa de Disney para los lectores de La Pantalla Invisible -que han participado en la encuesta- son: en primer lugar El libro de la selva (The Jungle Book, 1967); el segundo lugar es para Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 1951); y el tercer puesto lo ocupa Peter Pan (íd., 1953).

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