[Especial Star Wars] Episodio IV: Una nueva esperanza

(De cara al cada vez más próximo estreno del séptimo episodio de Star Wars, en La pantalla invisible hemos decidido dedicarle un especial a la saga, hablando tanto de las seis entregas que de momento la forman como de otros materiales audiovisuales que ya iremos adelantando. Nos hemos sorteado las películas entre —casi— todo el equipo, y cada semana traeremos la crítica —con detalles de la trama, es decir, con algunos spoilers— correspondiente. Seguiremos la línea argumental cronológica, que desembocará en diciembre en lo que veremos en el cine. Que la fuerza os acompañe.) 

Pertenezco a una generación que se crió viendo la segunda trilogía de Star Wars; fueron las que, por cuestión de edad, pude ver en el cine y disfrutar como un acontecimiento. Todavía me acuerdo —aunque vagamente, no puedo presumir de hemeroteca— cómo hace diez años fui a ver La venganza de los Sith al cine, emocionado del que se suponía que iba a ser el final definitivo de una saga a la que adoraba, adoro y seguramente adoraré para siempre. Uno de los motivos de ese amor es, como no podía ser de otra manera, este cuarto episodio, Una nueva esperanza (Episode IV: A New Hope, 1977).

A pesar del cariño que le tengo a la segunda trilogía —cariño que ha disminuido considerablemente después del respectivo revisionado, a excepción de la tercera y en varios sentidos gloriosa entrega—, me parece innegable que el trío de películas originales es considerablemente mejor que lo que vino después. Son historias más sencillas, que apuestan por la aventura y el buen rollo dentro de una trama que, como se pudo ver después en El imperio contraataca, tenía sus momentos oscuros. La que nos atañe hoy, Una nueva esperanza, es una película más simple que el mecanismo de un chupete, y no le juega en su contra en absoluto: quiere meterte en su universo desde el primer minuto y no soltarte durante dos horas que, cual Halcón Milenario, se pasan volando.

Un galaxia bajo el control de un malvado Imperio que cuenta con el poderoso Darth Vader entre sus filas. Un grupo de Rebeldes que luchan por devolver la justicia. Una princesa que, androides mediante, contacta con un viejo Jedi, Obi-Wan Kenobi (Alec Guinness), y un muchacho al que el destino le tiene preparado más de una sorpresa. Una nueva esperanza tiene un guión cuya sencilla estructura se apoya en el carisma de los personajes y en lo rico del universo que está planteando. En este revisionado he intentado, por experimentar con distintos puntos de vista, ver la película sin pensar en lo que venía antes ni en lo que vino después, concentrándome en la información que me daban de ese universo exclusivamente en esas dos horas. Y te dan mucha, y de una forma elegante: te hablan de la vieja República, de los Jedi y de lo que supone la Fuerza sin hacer demasiado incapié en ello, pero estando siempre presente. ¿Que seguramente George Lucas no tenía pensado lo de los midiclorianos a estas alturas? Claro que no, pero… ¿qué son los midiclorianos? ¿Alguien se acuerda de ellos?  Cuánto daño hizo La amenaza fantasma.

Pero volvamos a Una nueva esperanza, que aquí hemos venido a hablar de películas buenas. Y de personajes buenos. En esta entrega nos encontramos por primera vez con el que es posiblemente el mejor de toda la saga: Han Solo. Mientras que Luke (Mark Hamill) y Leia (Carrie Fisher) parecían necesitar más desarrollo para encandilarnos, Han Solo funciona desde la primera frase. Es un chulo, un arrogante, y tiene carisma como para venderlo en los planetas del borde exterior. La mezcla entre sus líneas de diálogo —de largo las mejores del guión— y la genial interpretación de Harrison Ford da resultado un personaje inolvidable que, y esto es lo mejor, no se estancaría en las siguientes entregas sino que seguiría evolucionando junto a los —todavía no conscientes— hermanos Skywalker.

Es una película que podía haber salido muy mal. Ese universo podía haber caído en lo cutre, en la serie B más barata, y gracias a una cuidada puesta en escena y, sobre todo, a la música (la batuta de John Williams) consigue convertirse en una historia de ciencia-ficción —y aventuras, para no abrir el debate— como pocas ha habido. Incluso los Oscars no pudieron mirar hacia otro lado y la nominaron en diez categorías, llevándose finalmente seis estatuillas. Esperemos que el señor J.J. Abrams haya conseguido captar la esencia de esa galaxia muy, muy lejana, y nos brinde un regreso glorioso; por nuestra parte de momento continuaremos con el especial Star Wars. Creo que ahora el Imperio tiene que contraatacar.

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