13º Muestra Syfy | La invitación

La 13º edición de la Muestra Syfy arranca, para los que no tuvimos la oportunidad de ver The Witch, con una de las películas más esperadas por los amantes del terror como es La invitación (The Invitation, 2015). Tras ganar el premio a la Mejor Película en el último festival de Sitges, la nueva cinta de Karyn Kusama se encarga de abrir de forma eficaz una de las citas anuales imprescindibles para todo amante del cine fantástico.

De cara a enfrentarse a La invitación es recomendable desconocer más allá de un par de pinceladas, y es que nos encontramos ante una película que se va cociendo a fuego lento con el objetivo de llegar a una explosión que quizá ocurra… o quizá no. Situados en una reunión de amigos que llevan mucho tiempo sin verse, la película te introduce constantemente en la cabeza del protagonista con tal de que dudes, de que sufras con él y te sientas incómodo en un lugar en el que, realmente, podría no estar ocurriendo nada fuera de lo normal. Seguimos su punto de vista, en definitiva, para entrar en un estado paranoico que no sabemos si está justificado.

La estructura de la historia es un arma de doble filo al ser, en gran parte del trayecto, una preparación para lo que pueda ocurrir al final. Se crea de forma eficiente una atmósfera malsana e inquietante que te atrapa, y la dinámica entre los personajes (que, por desgracia, tampoco están muy bien desarrollados) funciona, pero todo depende de si el tramo final te compensa todo lo visto anteriormente. En mi caso, y a pesar de un último minuto con una fuerza tremenda, no lo consigue del todo; es cierto que la cinta está relativamente bien construida, pero no deja de ser tramposa y efectista, además de superar la barrera de lo poco sutil.

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Cuando hace poco vi La cosa, de John Carpenter, me di cuenta de lo curioso que resultaba el hecho de que la mayoría de los personajes de la historia me dieran igual y sin embargo sufriera por ellos en cierta manera. Personajes poco complejos pero envueltos en una situación que provoca que te preocupes por ellos. Esto, creo yo, se consigue gracias a la sensación de inmersión y a la impresionante capacidad de Carpenter para crear una atmósfera inquietante. La invitación, salvando las distancias, no tiene unos objetivos muy diferentes: crear un ambiente en el que nosotros, los espectadores, a través de un personaje, no nos sintamos seguros. ¿Lo consigue? Bueno, lo hace con eficacia, sin aportar nada nuevo pero utilizando con inteligencia los elementos que tiene a mano, aunque le faltan muchas de las cosas que tiene, valga la redundancia, La cosa: más inmersión, más malestar, que los personajes te importen algo… Sentirte como alguien que está entre esas paredes y sufrir por ello.

La invitación es, en definitiva, una buena película de terror (o suspense) que no llega a cotas más altas por no aportar nada nuevo a una premisa que ya tenemos más que vista, pero que funciona cuando no se va por las ramas. También influye en el sabor de boca final lo satisfecho que te deje el último tramo; personalmente me quedo con ese último minuto, que sin embargo no consigue colocar al filme como un imprescindible dentro del género. Aunque sí recomendable.

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