14ª Muestra Syfy | Muñecas, zombis, tiburones y diligencias

Del viernes al domingo de la semana pasada (sin contar la inauguración del jueves, donde pudimos ver Logan) se celebró en Madrid la edición 14 de la Muestra Syfy, el famoso festival de cine fantástico al que ya tuvimos el placer de acudir el año pasado. En aquella ocasión, entre unas cosas y otras, no pudimos hablar de tantas películas como nos hubiese gustado, y en este segundo año hemos estado más presentes y comprometidos en las sesiones de un festival atípico por su ambiente y por lo mucho que se vive, para bien y para mal, este tipo de cine. Vamos a dedicar dos artículos a repasar los filmes que hemos podido ver durante los tres días que duró, así que, sin más dilación, adentrémonos en la Muestra.

Worry Dolls

por Daniel Cabo

Uno de los aspectos más atractivos de la Muestra Syfy es el ambiente de la sala 1. Es la zona principal, a donde va la gente que no solo quiere ver la película, sino también pasárselo bien con los comentarios del público y, en definitiva, cachondearse un poco del asunto. Luego están la sala 2 y, ocasionalmente cuando se llena, la sala 3, en las que no hay gritos ni “mandanga”, pero ya digo que personalmente encuentro en esta fiesta del humor la principal razón por la que ir a ver gran parte de las películas. Y sin los chistes gritados en alto o los comentarios para aplaudir me parecería muy difícil haber aguantado más de cinco minutos de Worry Dolls (íd., 2015), la peor película que un servidor ha visto este festival. La historia gira alrededor de unas pequeñas muñecas quitapenas que, al parecer, poseen una fuerza sobrenatural y provocan que las personas que las tocan se comporten de una forma violenta. Un argumento sin pies ni cabeza con un desarrollo horripilante, de la mano de unos actores terribles (el protagonista es demencial) y un sin fin de escenas que provocan la risa de forma inintencionada. El filme es un absoluto despropósito, de las peores cosas que han pasado por delante de mis ojos jamás, pero la experiencia fue memorable gracias a lo dicho: la gente haciendo chistes a costa de la película y riéndonos en comunidad del bochornoso intento de hacer una película de terror interesante, con resultados como para sospechar que tamaño truño lo han tenido que hacer a propósito. Y qué va.

Seoul Station

por Daniel Cabo

Me cuesta entender el fenómeno que ha supuesto Train to Busan (Busanhaeng, 2016), la película de zombis del momento, que personalmente me pareció un insulto a la inteligencia y al buen gusto. Todo es cuestión de percepciones, claro, pero de verdad me supuso una terrible sorpresa lo melodramática (en el mal sentido de la palabra) y pésimamente escrita y rodada que estaba. No tenía intención alguna de ver Seoul Station (íd., 2016), la precuela de Train to Busan dirigida por el mismo realizador, esta vez en formato de animación, pero como estaba en la programación de la Muestra… pues habría que ir. Tenía esperanzas en que, al no ser exactamente lo mismo que la otra (ya solo fuera por la animación), me podría convencer aunque fuera un poco más, pero no ha sido en absoluto así. De hecho, Seoul Station me ha parecido aun peor que Train to Busan, y es que a pesar de un comentario social (trazado con brocha gorda) y un final sorprendente, el total del desarrollo me parece soporífero y que no aporta absolutamente nada al género. Además, por si la propuesta tan efímera no fuera suficiente razón como para que se te olvide nada más salir de la sala, el director, Yeon Sang-Ho, vuelve a echar mano del exceso dramático, de los lloros en busca de una empatía que no se acaba de construir por la manipulación sentimental y la pesadez de un guion con un par de momentos efectivos y poco más. Mucho me tendréis que convencer para que me vuelva a acercar al cine de este hombre.

47 Meters Down

por Daniel Pérez-Michán

Es inevitable que en casi todas las reseñas de la cobertura de este festival mencionemos el divertido ambiente de la sala 1, la sala de la mandanga, sin la cual para mí la Muestra Syfy no tendría mucho atractivo. ¿Y por qué? Porque los denominados mandanguers consiguen crear experiencias de lo más risible en las proyecciones de las películas que, para qué engañarnos, son bastantes malillas en su mayoría. Ese es el caso de 47 Meters Down (íd., 2017), una película perteneciente a ese contenedor lleno de heces que es el subgénero de tiburones dentro del cine de terror y/o suspense. Como se veía venir, la película no aparenta esforzarse en ningún momento en cualquiera de sus apartados y la trama se limita a seguir un cliché tras otro. No está de más decir que tampoco presenta avance alguno al género, ni siquiera creo que sea un filme que se pueda considerar decente. Los personajes están escritos por alguien que parece que ha estado muchas horas haciendo un maratón de películas malas de tiburones (como si hubiera pocas) y justo después se hubiera puesto a escribir el guion. Además, el tratamiento que se le da al contexto de las dos protagonistas para que acaben donde acaban es lamentable, esos primeros veinte minutos de cinta no solo me parece que está rodado y escrito en modo automático sino que encima me parece que es algo tóxica para ser una cinta de puto 2017, rozando muchas veces la vergüenza ajena. Lo peor de todo es que cuando parece que la película va a ser valiente atreviéndose a dar un final que hubiera dejado un poso amargo bastante juguetón para el espectador y que le daba otro empaque al filme, se rinde ante los convencionalismos y da, de nuevo, el típico final que no aporta nada; en mi opinión mucho menos interesante al que parecía que podría haber tenido.

Stop Over in Hell

por Daniel Pérez-Michán

Claro que sé que vamos a la Muestra Syfy con la idea de que, efectivamente, voy a ver la cuota de los mayores suspensos anuales. Pero se me hacía complicado pensar antes de toparme con Stop Over in Hell (íd., 2016) que me encontraría con una película que me pareciera tan lamentable. Directamente, me parece un insulto al buen gusto y al cine como arte y como medio de entretenimiento. Sin vacilar creo que esta puede que sea la peor película que he tenido la desgracia de sufrir en una sala de cine jamás, que no es poco. Y en realidad me jode, porque antes de la proyección se pasó el director a presentarla (junto a una veintena de personas que conforman el reparto y parte del equipo técnico/artístico de la película), y se le veía que tenía mucho cariño al proyecto y es inevitable sentirte mal por ver que esa cosa que alguien ha dedicado años y meses de su vida con tanta dedicación y que lo presenta ante miles de personas resulta ser un producto de la más absoluta memez. Pero más me cabrea aún el hecho de ver cómo hay gente a la que se le producen mierdas de este calibre cuando luego otra gente que rebosa talento nunca consigue financiación para realizar sus sueños.

Creo que nunca he dicho en un artículo lo que voy a decir a continuación, pero, si por alguna razón (que se crucen los astros o suceda un milagro) este western español que mezcla algo del cine de terror con una fan film/parodia de Los odiosos ocho, se llegase a estrenar en salas comerciales, por favor, no vayáis a verla. Y no solo digo esto porque la película no me haya gustado en sí, ojo, que también, pero es que es objetivamente mala. No es del nivel del resto de la Muestra, que claramente tiene un puntito de coña del que se le puede sacar unas buenas risas, sino que se toma en serio y encima está mal hecha: el montaje es escandalosamente malo, tiene decisiones de dirección que me parecen de lo más absurdo que he visto en años, abusa de la cámara lenta sin venir a cuento, etc. Y no, no tengo ningún problema con el cine español, que eso quede claro desde ya. Pero cuando una película es lo que es, hay que decirlo. En fin, que mucho me parece lo que le he dedicado ya a esta película. Ahora toca intentar pensar que esto nunca ha sucedido, y va a ser difícil.

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