Americana Film Fest 2016 | Días 3 y 4

Seguramente lo peor del Americana Film Fest sea su escasa duración. Si bien el mero fin de semana que dura es muy intenso, siempre acaba pasando volando y sin que te descuenta vuelve a ser lunes otra vez. Lo mejor, sin duda, es poder disfrutar de buenas películas independientes, algunas de las cuales seguramente no llegarían a la gran pantalla en nuestro país si no fuese por este festival. En este artículo toca repasar lo que han dado de sí las jornadas del sábado y el domingo en el Americana, con un total de seis películas.

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KRISHA

Para empezar el sábado fuimos a visitar, en pleno Acción de Gracias, a la familia de Krisha (íd., 2016), una mujer que vuelve a reunirse con sus seres queridos tras una década sin verse en un intento de reconectar con ellos y cerrar viejas heridas, algo que los fantasmas del pasado no dejarán que sea una tarea fácil. Lo que podría ser una historia de redención y caos familiar muy convencional acaba convirtiéndose en algo muy especial gracias al hombre que está detrás de las cámaras y en cuyas experiencias personales se basa el filme, Trey Edward Shults. El trabajo de Shults en la dirección resulta experimental (se trata de su ópera prima) y a la vez muy interesante, sobretodo por su forma de jugar con características formales diversas como son diferentes tipos de planos, slow motion, la relación de aspecto y movimientos de cámara. El director aprovecha el uso de cada uno de estos elementos y junto a una inquietante banda sonora construye escenas que se convierten en un experiencia sensorial absorbente dentro de una loca propuesta de terror psicológico. Esto sin olvidar que el proyecto cuenta con un presupuesto ínfimo y un reparto formado en su gran mayoría por amigos y familiares, entre ellos la protagonista Krisha Fairchild, quien es la tía del director y cuya interpretación es de las mejores de todo el festival.

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LA INVITACIÓN

Seguimos con reuniones, esta vez de amigos. Es posible que hayáis leído sobre La Invitación (The Invitation, 2016) de la mano de Daniel Escaners por la Muestra Syfy o en mi cobertura de Sitges, por ello no me voy a extender mucho. Lo que sí me gustaría destacar de este segundo visionado de La invitación es la tremenda tensión que me ha generado durante todo el metraje, pese a saber de antemano todo el desarrollo de la historia. Tampoco puedo evitar volver a mencionar la elegante dirección de Karyn Kusama, con planos originales y muy cuidados que vienen acompañados de una música contundente y efectos sonoros de lo más estridentes. En mi opinión, todo un must-see de 2016.

KING JACK

Y de dos reuniones pasamos a montarnos en la bici de King Jack (íd., 2016), largometraje sobre un adolescente que se mete en problemas con un chico de su instituto mayor que él mientras recibe la visita de su primo Ben. Durante los primeros compases del filme y tras ciertos sucesos, no conectaba en absoluto con el protagonista, un chico cobarde pero que se cree el rey del mundo. Por suerte, Felix Thompson acierta de lleno a la hora de conseguir que empaticemos con él al introducir a mitad de metraje la dura infancia que posteriormente ha definido la personalidad de Jack y que es un reflejo de ciertos ambientes violentos de barrios marginales. A partir de ello construye un relato de redención y descubrimiento en plena adolescencia que resulta bastante emocionante y cuenta con un par de emotivas secuencias que pueden llegar a provocar alguna que otra lágrima en el espectador. Mención especial para Ben, el robaescenas oficial de la película gracias a sus cómicas intervenciones.

WILDLIKE

Para finalizar la jornada del sábado la elegida fue Wildlike (íd., 2015), donde Mackenzie, otra adolescente problemática, es enviada a vivir con su tío de Alaska. Sin embargo, tras ser abusada sexualmente ella no tendrá más remedio que huir para intentar volver a casa, un viaje en el que se encontrará con René Bartlett, un senderista con el cual desarrollará una peculiar amistad. Antes de la proyección nos vendieron Wildlike como “un thriller” que estaba “ambientado en Alaska” y cierto es que hay ambas cosas, pero el equilibrio entre partes brilla por su ausencia. Los toques de thriller solo aparecen al principio y al final del filme, como si de un sandwich se tratara, mientras que el resto del excesivo metraje de 110 minutos está rellenado por un anuncio sobre lo bonito es el senderismo en los parques naturales de Alaska. Además, durante el segundo acto el hermetismo de Mackenzie y Bart sumado al errático comportamiento de la joven interpretada por Ella Purnell evita tanto que podamos disfrutar plenamente de la relación que estos dos protagonistas construyen como que lleguemos a estar mínimamente entretenidos por su viaje. Al menos los paisajes son bonitos y ver a Bruce Greenwood siempre está bien.

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TAKE ME TO THE RIVER

El domingo, más corto y relajado, empezó con Take Me to the River (íd., 2015), un filme de corte similar a La caza (Jagten, 2012) de Thomas Vintenberg pero con cambio de personajes. En este caso tenemos a Ryder, un joven homosexual californiano que viaja a Nebraska para una reunión con su conservadora familia del interior. Todo iba muy bien hasta que una mancha de sangre en el vestido de su prima Molly convierte a Ryder en el principal objetivo de las sospechas y abrirá un conflicto del pasado de la familia. Con esta premisa, Take me to the River se convierte en una interesante visión de las molestas reuniones familiares y de las colisiones entre las mentalidades del mundo urbano y el rural. Pero el tratamiento que hace un tema tan sórdido como son los abusos sexuales a niños es, sin duda, el gran acierto de este primer filme de Matt Sobel. El director lo hace con sutileza, ligeros toques cómicos y dentro de una estética indie digna de postal, pero eso no evita que logre causar incomodidad al espectador y despistarle un poco a la hora de mostrar las verdaderas intenciones de los personajes y de la propia película. Es por eso que de primeras he salido de la sala (al ritmo de Under Pressure de Queen) algo desconcertado ante lo que acababa de ver, pero a medida que pasaban las horas el filme ha ido mejorando —y mucho— en mi memoria.

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CRONIES

Y llegamos a la última película del festival, una de las sesiones con menos público de todas a las que he asistido, ya fuera por la hora (22:00), el cansancio de los cuatro días o porque proyectaban la gran The Invitation en la sala de al lado. En mi caso era la hora de Cronies (íd., 2016), un falso documental en blanco y negro que es la opera prima de Michael J. Larnell y cuenta con Spike Lee como productor ejecutivo. Este mockumentary se centra en la amistad de dos chicos barriobajeros, Louis y Jack, durante 24 horas en la ciudad de St. Louis y como esta longeva amistad se ve desafiada por la presencia de Andrew, un compañero de trabajo de Louis, y por un suceso ocurrido hace diez años. Así es como presenciamos un viaje en busca de fiesta, chicas, alcohol, tabaco y drogas por las calles de “U City” con conversaciones en las que aparecen temas más profundos de lo que se podría esperar, ya sean los prejuicios en base a la raza, la madurez y la paternidad, la lealtad en una amistad o el maltrato doméstico. Aún así, el conjunto no llega a causar una gran emoción en el público y las aventuras de estos tres chicos solo llegan a ser entretenidas.

Y para cerrar mi cobertura del Americana Film Fest, aquí tenéis el ranking de las películas que he podido disfrutar durante el festival.

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