Americana Film Fest 2017 – Parte I

Ir a un festival de cine es una delicia para aquellos a los que nos gusta mucho el séptimo arte. Por desgracia no todos los días se pueden tener certámenes con la envergadura que tiene el Festival de Sitges, pero otros más pequeños como el Americana Film Fest también tienen muchísimo encanto, especialmente si, como yo, te gusta tanto el cine independiente americano. El festival empezó el pasado miércoles 1 de marzo y se alarga hasta el domingo 5, ampliando en un día su duración habitual para dar cabida a aún más propuestas que en anteriores ediciones en un intento de consolidarse definitivamente en el panorama festivalero nacional.

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Donald Cried

La película elegida para la inauguración de esta cuarta edición del Americana Film Fest ha sido Donald Cried (íd., 2016), un filme puramente independiente —se ve en la estética imperfecta— que se estrenó en la pasada edición del South by Southwest y también pasó por Locarno. En él nos encontramos con Peter, un trabajador de Wall Street que muy a su pesar debe volver a su pueblo natal a hacer el papeleo de la muerte de su abuela y acabará alargando su viaje tras verse obligado a pedirle un favor a su singular amigo de la infancia, Donald. El primer largometraje de Kris Avedisian, que también interpreta al mismísimo Donald, no empieza para nada mal, nutriéndose de humor incómodo a través del reencuentro entre dos amigos que hace veinte años que no se ven. Ambos representan el choque entre lo rural y lo urbano, entre un mundo que avanza a la velocidad de la luz y otro que parece quedarse algo más estancado. Y en ese estancamiento es donde aparece la nostalgia, pero también el renegar de un pasado vergonzoso. Sin embargo, las situaciones que estos dos amigos viven en este nevado pueblo acaban volviéndose repetitivas, la personalidad peculiar de Donald se vuelve muy cargante y el filme se hace largo aún durando menos de hora y media.

Another Evil

La programación regular del festival empezó para un servidor con una propuesta de terror —o algo así—, Another Evil (íd., 2016), la cual trata sobre una pareja que empieza a ver seres malignos en su segunda residencia, de manera que contratan a un exorcista llamado Os con tal de deshacerse de tales presencias. Parecida a Donald Cried en muchos aspectos, este filme junta a dos personas muy diferentes: un célebre artista de clase media-alta y un solitario a la par que excéntrico cazador de entes sobrenaturales bastante amateur. A partir de ahí empieza una especie de sátira bastante divertida del mundo paranormal mezclada con una buddy movie que cada vez se va volviendo más turbia. Y no desvelaré más porque es mejor ir descubriendo el peculiar personaje de Os a medida que se visiona. El acabado técnico del filme es un poco descuidado si lo comparamos con otras propuestas del panorama indie, pero no queda mal al darle un aspecto algo más sucio que va acompañado con una banda sonora típica de película de terror que mezcla influencias synth de los 80 con inquietantes melodías vocales.

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LoveTrue

Este año es el primero que he decidido acercarme por la sección de documentales que preparan en el Americana, impulsado sobre todo por la presencia de películas de ficción que ya he podido ver previamente. El primero de ellos es LoveTrue (íd., 2016), un largometraje en el que Alma Ha’rel recopila tres historias de gente de diferentes puntos de EEUU con el objetivo de analizar ese sentimiento tan complejo que es el amor. Contar varias historias en un mismo bloque audiovisual siempre es peligroso, porque es casi imposible que todas acaben interesando por igual y esto es algo de lo que peca LoveTrue. La historia de Alaska me parece tan peculiar que me fascina y está por muy por encima de las otras dos, la de Hawaii gana bastante con el carisma del protagonista, mientras que la de New York funciona algo menos ya que pese a que habla directamente del amor es más plana a nivel formal. En esto último es donde la obra de Har’el destaca por encima de otros documentales, ya que mezcla los testimonios con imágenes más artísticas que funcionales y recreaciones muy cuidadas visualmente del pasado y “futuro” de los sujetos, dándole un mayor atractivo a sus historias además de brindarnos momentos bastante memorables.

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The 4th

La tercera jornada del Americana dio el pistoletazo de salida con The 4th (íd., 2016), una comedia de errores que muestra el periplo por la ciudad de Los Angeles de un joven que tiene el peor día de su vida durante su intento de conseguir lo necesario para hacer una barbacoa de 4 de julio con sus amigos. Este tipo de premisas suelen atraerme bastante ya que no hay momento para relajarse ante la imparable cadena de sucesos negativos, ya sean por causas propias o por causas ajenas, que caen sobre el protagonista. El filme de Andre Hyland consigue transmitir muy bien la frustración que él mismo está sintiendo —es director, escritor, productor y protagonista—, pero a la vez no puedes dejar de reír ante lo bizarro o absurdo tanto de las desdichas que sufre como de los personajes por los que las sufre, aunque realmente él sea el que está tomando constantemente malas decisiones debido parcialmente a una irresponsabilidad típica de la juventud actual. No obstante, The 4th ya merece la pena solo por los temazos de música turca setentera/ochentera que suenan mientras Hyland vaga por LA.

(L-r) Savannah Knoop and Laura Albert in "Author: The JT Leroy Story." MUST CREDIT: Amazon Studios-Magnolia Pictures

Author: The JT LeRoy Story

El segundo largometraje de la sección DOCS que he podido visionar es Author: The JT LeRoy Story (íd., 2016), el cual gira alrededor de la figura de JT LeRoy, un escritor de novelas de oscuro pasado que saltó a la fama a finales del siglo pasado tras publicar la novela Sarah y el libro de relatos El corazón es mentiroso (The Heart is Deceitful Above All Things). Sin embargo, pocos sabían que detrás de esos libros en realidad se encontraba Laura Albert. A partir de toneladas de cintas con llamadas de teléfono grabadas, fotografías, vídeos y el testimonio de la propia autora guiando el relato, el documental hace un repaso a la figura de JT LeRoy —considerado uno de los mayores engaños de la literatura— y las claves psicológicas de su existencia, planteando interesantes dudas sobre dónde se encuentran los límites de la identidad propia o sobre la influencia de elementos externos en la valoración que se hace de obras artísticas. Aunque sí es cierto que para muchos, y sin ánimo de reducir la historia a solamente a ello, el retrato que se hace de la cultura pop y del juego de la fama que envolvió al autor durante su carrera a principios de siglo es oro puro. Desde sus contactos con Winona RyderGus Van Sant, Asia Argento o U2 hasta una llamada con Courtney Love que es absolutamente espectacular.

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Certain Women

Para finalizar el día y este primer artículo tenemos una de las películas más esperadas de todo el festival y que es el segundo filme de Kelly Reichardt que visiono dentro del Americana. En aquél entonces —hace ya dos años—, Night Moves (íd., 2013) fue la que menos me convenció de las cinco pelis que vi y Certain Women (íd., 2016) va camino de padecer la misma suerte. El sexto largo de Reichardt adapta tres relatos de Maile Meloy y está articulado sobre la vida de varias mujeres en el estado de Montana. La irregularidad que he asociado a LoveTrue también se podría aplicar aquí, aunque en este caso la estructura es diferente y las historias se cuentan del tirón y no intercaladas. Eso hace que, a pesar de que la película empiece más o menos bien con el segmento que gira alrededor de Laura Dern, en el segundo tramo esta acabe cayendo en el tedio con la historia de Michelle Williams y hasta que no llegan Kristen Stewart y Lily Gladstone no consigue remontar. Justo este relato final es el mejor de todos, en buena parte gracias a la genuina candidez amorosa que transmite Gladstone, pero no consigue compensar que el resto de la cinta caiga en el desinterés pese a contar con un agradecido mensaje feminista. Con las opiniones vertidas sobre esta película y la anterior en mano, entiendo que el problema está en que personalmente no conecto lo suficiente con la formalidad narrativa tan contemplativa, pausada y sutil que tiene Reichardt como para que sus cintas consigan atrapar mi interés. Y no pasa nada.

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