Americana Film Fest 2017 – Parte II

Otra edición del Americana Film Fest ha llegado a su fin, pero los cinco días que ha durado el festival han sido muy bien aprovechados por un servidor, quien se ha empapado de cine independiente procedente de América del Norte. Un cine bastante libre en cuanto a pretensiones que en numerosas ocasiones puede llegar a tener una calidad superior a la de producciones made in Hollywood hechas con más recursos. Por lo menos un par de ejemplos muy claros de esto que acabo de decir están bajo estas lineas. Y ahora, sin más dilación, os dejo con lo que dieron de sí los últimos dos días de festival.

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Closet Monster

El sábado empezó con un coming-of-age canadiense centrado en Oscar, un adolescente que debe hacer frente a la complicada situación que vive con sus padres —separados desde hace años— mientras intenta decidir su futuro a la vez que conoce a un chico que le introduce en un camino de autodescubrimiento sexual. Dicho esto, y teniendo en cuenta el género de los personajes, parece un poco obvio el título de Closet Monster (íd., 2015), pero el significado va más allá. Y es que lo que podría ser un teen drama homosexual del montón consigue destacar y volar por encima de la media gracias a metáforas representadas a través de un realismo mágico que sirve para plasmar las fobias y traumas que residen en el interior del protagonista, brindando secuencias que en ocasiones son muy potentes y en otras te dejan bastante aturdido en la butaca —esto último también pasa con algunos de los toques cómicos—. La potencia alegórica de estas escenas se traslada al apartado visual durante las ensoñaciones del protagonista o los pasajes correspondientes a la fiesta, cuya estética neónica le da a ese acto un ambiente propio de una pesadilla que encaja con el turbulento estado emocional de Oscar. Todo este poder estético también se ve complementado por una selección musical que combina temas instrumentales muy variados en estilo con canciones pop, algo que puede llegar a recordar a Xavier Dolan sin llegar al memorable uso que hace éste de la música.

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Americana Shorts

Otra de las novedades de este año en cuanto a mi festival personal ha sido la de asistir a la sesión especial dedicada a una serie de cortometrajes indie que han pasado por numerosos festivales. Un total de diez cortos pude disfrutar, con algunos de ellos siendo mejores que bastantes de los filmes que se proyectaron —aunque compararlo sea algo injusto—. Lo que está claro es que en el pequeño formato se puede arriesgar mucho más sin temer que la idea se acabe desgastando o la escritura se vaya desinflando. Estos son los cortos de Americana Shorts, ordenados de mejor a peor.

  • Seth. Probablemente sea una de las piezas cómicas más absurdas que he visto nunca, lo que la convierte en algo genialérrimo. Desde el mundo interior de Seth —su obsesión por el maíz, su entusiasta personalidad— hasta sus bizarros intentos por impresionar a su padre, no pude parar de reír con este corto. Sin duda mi favorito.
  • Her Friend Adam. Chico sale con chica. Chica tiene amigo gay. Chico está celoso del amigo gay y mira el móvil de la chica. Chica lo pilla y él lo niega. A partir de aquí tenemos un divertidísimo relato sobre la inseguridad masculina que se transforma en una puñalada a la misoginia inherente.
  • Thunder Road. Un agente de policía da un discurso en el funeral de su madre. Lo que pasó a continuación te sorprenderá. Y es que este es uno de los cortos más sorprendentes, empezando por la extraña forma de encadenar memorias durante el discurso y acabando por el extravagante número musical. Ganó en Sundance hace un año y no diría que no se lo merece.
  • Where You Are. Una mirada ingeniosamente estructurada, a la par que lúgubre, a los miedos de una madre a medida que su hijo crece y abandona el nido familiar, dejando atrás la inocente infancia.
  • Trash Cat. Este podría considerarse básicamente un micrometraje, con su duración de apenas dos minutos, y es tan simple pero a la vez tan adorable que es difícil que no te saque una sonrisa.
  • Glove. La curiosa historia real del guante que se perdió en el espacio sirve para hablar desde las cosas más sencillas hasta los límites del universo. Y además en forma animada.
  • A Song For Your Mixtape. Música electrónica y un poético monólogo interno —o puede que narrativa externa— para llevarnos a una fiesta de cumpleaños en la que un chico vaga lleno de melancolía y desgana. Funciona como crítica a la falsedad de las personas y como bonita amoroso.
  • The Irrational Fear of Nothing. Seguimos con los monólogos internos, esta vez con detalles que todos hemos pensado cuando vamos caminando por la calle, pero estos pensamientos acaban llevando a nuestro protagonista hacia un final inquietante. La forma en que está grabado apoya la idea de estar dentro de su mente.
  • Memory Box. La idea detrás de este corto está bastante bien, pero no sé si debido a su limitado metraje o porque las intenciones de los personajes están bastante escondidas en los diálogos, pero no he acabado de entender el conflicto entre los personajes de Mackenzie Davis y Shane Carruth.
  • We Live This. No tengo nada en contra de este corto, pero puesto en perspectiva es el menos ingenioso y creativo de todos, tratando un tema —jóvenes de clase baja, sin recursos y unidos por una pasión que les hace sobrevivir— que aún siendo importante ya he podido ver de una u otra forma en más obras.

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Christine

El día continuó con una de las historias que ha destacado más este año en el Americana —y el año pasado en Sundance—, la de la vida y muerte de Christine Chubbuck. Y digo que ha destacado porque hay dos cintas que tratan sobre ello. La primera que vi fue Christine, un biopic de Antonio Campos con Rebecca Hall intepretando a la periodista de Sarasota. Pese a ser un incidente que sucedió en la vida real, no voy a desvelar nada, pero sí tengo que decir que la impactante historia está bastante por encima de lo que acaba siendo la propia película. Muchos podrían pensar que Figuras ocultas (Hidden Figures, 2016) sufre de un mal similar, pero en ese caso la conexión de las tres mujeres de ciencia con el espectador y el tono ligero/feel-good que tiene el filme hace que esté a la altura. En este caso la estética y narrativa del filme es demasiado correcta para lo que se podría esperar teniendo en cuenta lo turbio de esta historia, dando como resultando una película algo plana. Pero aún así no es mal filme si tenemos en cuenta los aciertos que tiene en la forma en que se van construyendo los conflictos alrededor de Christine para definir su inestabilidad psicológica o la estupendísima interpretación de Hall, quien no se parece demasiado a la figura real pero aporta una presencia magnética e incluso algo siniestra. Eso sí, las dos horas que dura acaban siendo demasiadas y algunas secuencias o lineas argumentales —como la que tiene que ver con su madre— podrían haberse reducido sin problema.

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Kate Plays Christine

Como complemento a la dramatización de Christine tenemos Kate Plays Christine, un documental que pude ver al día siguiente y que parte de un punto de vista bastante interesante para afrontar el tema en cuestión. En este caso en análisis a la figura de Chubbuck lo tenemos a partir de la actriz Kate Lyn Sheil, quien se prepara para interpretar a la reportera en una supuesta película sobre ella y para ello se muda a la ciudad natal de esta con tal de investigarla. El género en el que se engloba permite hablar de más temas, como puede ser la propia actriz o el proceso de interiorización de un personaje, y permite también hablar de forma más directa sobre la historia y aspectos que giran a su alrededor, especialmente el del sensacionalismo en televisión como reflejo del morbo humano, para así dar una visión más completa. Sin embargo, en lo que concierne a la propia Christine, vemos como Kate da vueltas constantemente y durante unos larguísimos 110 minutos alrededor de ciertos aspectos psicológicos de la periodista, todo el rato los mismos, lo cual acaba cansando. Sinceramente esperaba más de esta aproximación a la historia de Christine Chubbuck y ahora mismo parece más floja que la del biopic, aunque también es posible que haber estado en contacto con la historia tan recientemente haya afectado negativamente el interés que este documental pudiera despertar en mi.

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Joshy

Para cerrar el sábado vamos con Joshy (íd., 2016), una comedia sobre el dinosaurio que acompaña a Super Mario. No cuela, ¿no? Vale, realmente va sobre un chico cuya vida cambia radicalmente cuando su prometida se suicida. La premisa no es demasiado cómica, lo sé, pero es que las risas vienen después, cuando Joshy y sus amigos aprovechan la casa que habían alquilado para su despedida de soltero y deciden pasar allí el fin de semana. Además, el reparto ya es de risa: Thomas Middleditch, Adam Pally, Nick Kroll, Brett Gelman, Alex Ross Perry, Jenny Slate o Aubrey Plaza, entre otros. Y aún así, con esta peli no siempre te ríes, ya que la prometida de Joshy ha muerto y su fantasma sigue por ahí, ya sea en forma de amigo que quiere hacer luto o en forma de padres cabreados por su muerte. Así que no sé si podríamos llamarla comedia. Supongo que dramedia, ya que te ríes con algunos momentos fiesteros que tiene este grupo de amigos —solo algunos—, pero a la vez hay mucho drama ya que todos ellos están en momentos bastante mejorables de su vida a nivel personal y pese a ser muy diferentes todos ellos acaban unidos en su intento de evadirse de la realidad en esa casa. Especialmente nuestro protagonista, Joshy, a través del cual se habla del duelo y lo que es pasar de tener una vida feliz a estar destrozado sin llegar a saber los motivos. Porque en Joshy hay risas, pero también hay muchas emociones y algunos momentos que llegan muy adentro.

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My Entire High School Sinking into the Sea

El último día empezó de forma inmejorable gracias a la película de animación My Entire High School Sinking into the Sea (íd., 2016), la cual va sobre, exacto, un instituto entero hundiéndose en el mar. Y en medio de este catastrófico evento nos encontramos con un trío de marginados, quienes unen fuerzas con una de las chicas populares y la cocinera con tal de sobrevivir. Decir que la premisa es lo menos loco de la película es totalmente cierto, porque desde el momento en que el edificio se desprende del acantilado para navegar a la deriva empieza toda una serie de bizarras desdichas divertidísimas propias de una buena disaster movie que sirven para diseccionar la sociedad de clases instaurada en los institutos y ya de paso criticar el sistema educativo. La única pieza audiovisual que podría sobrevivir una narrativa similar es Community y si este filme fuese un capítulo de la serie posiblemente sería de los más memorables. Aquí por desgracia no tenemos a los personajes del Greendale Community College, pero por suerte sí tenemos una animación de lo más ecléctica que eleva el nivel de la película. Los dibujos beben mucho de la animación bidimensional televisiva algo sucia y de acabados sencillos que reinaba a finales del siglo pasado —con Daria como ejemplo representativo—, un estilo que Dash Shaw utiliza en sus novelas gráficas, pero la forma en que se combinan estos garabatos con diferentes estilos de pintura a modo de collage es muy atractivo y original y consigue crear en ciertos momentos imágenes hipnotizantes a la vez que dinámicamente abrumadoras. De ahí que antes de empezar el filme haya un aviso para aquellos que tengan antecedentes de epilepsia.

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James White

La siguiente parada en este viaje por este festival indie es la opera prima de Josh MondJames White (íd., 2015), en la que el personaje homónimo, un joven solitario y propenso a la violencia, debe hacer frente a sus demonios, como son los de la muerte de su padre y el cáncer de su madre, con tal de salir adelante. Tengo que reconocer que el inicio de este filme se me hizo bastante pesado concretamente por dos motivos. El primero es la personalidad ahostiable del protagonista, que nada más empezar saca un poco de quicio, y el segundo son los primerísimos planos que siguen al prota, rodados por Mátyás Erdély —el director de foto de El hijo de Saúl (Saul fia, 2015)— y que al no haber entrado aún de lleno en la propuesta no hacían más que marearme un poco sin transmitirme demasiado. Progresivamente mi percepción de estos dos aspectos se va arreglando, el tono sombrío del que quiere hacer gala el filme se va asentando y cuando llega la última media hora el interior de James White —la película y el personaje— se externaliza y se convierte en algo devastador, con una de las escenas más agónicas que he visto en los últimos meses. Mucho mérito tiene el dúo interpretativo formado por Christopher Abbott y Cynthia Nixon a la hora llevar ese tercer acto tan emocionalmente intenso a buen puerto y más aún el del director por no llevar el desenlace por el camino del melodrama barato.

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Swiss Army Man

Para finalizar esta cuarta edición del Americana Film Fest nos vamos a una isla desierta, concretamente la de la bizarra ganadora del Festival de Sitges y de este mismo festival, Swiss Army Man (íd., 2016). En esa isla nos encontramos con un náufrago con la cara de Paul Dano, quien está a punto de suicidarse hasta que a la playa llega un cadáver flatulento interpretado por Daniel Radcliffe, con el que encontrará una vía de escape y un nuevo sentido a la vida. Hoy en día es difícil encontrar obras tan atrevidas y originales como esta —o como My Entire High School…—, por eso cuando aparecen y acaban siendo pequeñas joyas la satisfacción es doble. En Sundance hace año y poco hubo gente que abandonó la sala ante lo que estaban viendo y la verdad es que no me extraña, ya que es un filme bastante excéntrico que puede desquiciar a quien espere algo medianamente normal. A mí, por otro lado, esta excentricidad es de lo que más me gusta de este largometraje, básicamente porque se utiliza para generar tanto una oda a la vida en contra de las convenciones sociales que cala a nivel emocional como una historia de amor —no necesariamente romántico— preciosa entre estos dos variopintos sujetos. Pero tampoco hay que olvidarse que esto en el fondo es una comedia absurda y risas las hay a mares, tanto con gags visuales y escatológicos como con las inspiradas interacciones entre los dos protagonistas. Aunque con lo que me he quedado obsesionado tras este segundo visionado es con la banda sonora compuesta por Andy Hull y Robert McDowell, la cual está formada principalmente por canciones a cappella que reflejan la soledad del protagonista. Solo queda darle las gracias a Dan Kwan y Daniel Scheinert por haber sacado adelante este alucinante proyecto que posiblemente en otras manos hubiese sido un absoluto despropósito.

Conclusiones

Este es el tercer año que me paso por este festival —el segundo como acreditado de prensa— y las impresiones que me deja cada vez son mejores. A nivel organizativo se ve la ilusión de un pequeño grupo de personas —más voluntarios— a las que le gusta el cine independiente norteamericano y quieren compartir esa pasión con la gente de la ciudad de Barcelona. No he tenido ningún problema como acreditado y más allá de un pequeño retraso de diez minutos en la última sesión todas las proyecciones han ido como la seda. Ya entrando en el contenido, este año el catálogo se ha expandido con respecto a los anteriores, con propuestas muy diversas y algunas de ellas muy atrevidas dentro del panorama indie, aunque yo mismo también he ampliado mi visión más allá de los largometrajes con varios documentales y la sesión de cortos. En general creo que las obras que he tenido el placer de ver tienen un nivel superior a lo visto hace un año, empezando por la genial Swiss Army Man y acabando con Donald Cried, la más floja de todas pero que aún así me ha gustado más que pelis como WildLike (íd., 2015) o Yosemite (íd., 2015). Para acabar os dejo con mi TOP 10 de pelis que se han proyectado en el Americana Film Fest 2017.

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