Americana Film Fest 2018 – Parte I

Un año más, justo la semana siguiente de “la gran noche del cine”, llega el Americana Film Fest, el festival de cine independiente norteamericano que se celebra anualmente en los Cines Girona, en la ciudad Barcelona —y no los Cines Barcelona de la ciudad de Girona—. Cada edición sirve para descubrir pequeñas joyas escondidas del panorama independiente que llegan de Sundance, South by Southwest o Toronto, entre otros festivales del año pasado, y en esta ocasión cuenta con un día más al inaugurarse en martes, por lo que tenemos más tiempo de disfrutar de estas propuestas nacidas fuera de los estudios de Hollywood.

Saturday Church

Tener prejuicios hacia un film a través de su título es estúpido, pero a veces yo caigo también en el pecado. Menos mal que me acerqué a saber más sobre Saturday Church (íd., 2017) porque si no seguiría pensando que es un film religioso de nulo interés cuando en realidad nos encontramos con un drama musical de temática LGBT+ que narra la historia de Ulysses en su camino de autodescubrimiento, libre expresión y, por desgracia, represión por parte de su entorno, la cual se ve agravada por cuestiones raciales. El cine musical me encanta y cuando las canciones están bien construidas e integradas en la historia disfruto como un niño pequeño, algo que aquí no ocurre ya sea por carencias técnicas o piezas musicales que no funcionan. Afortunadamente, la narrativa alrededor del protagonista es lo suficientemente potente y dura, sobre todo durante el tercer acto, haciendo que el relato consiga su propósito de emocionar y reivindicar su mensaje contra las actitudes retrógradas hacia estas minorías y dar esperanza al colectivo a través de la institución de acogida que se ve representada durante la película. Todos los ingredientes de los que consta Saturday Church son de mi interés, de ahí que el hecho de que una de sus partes sea algo floja y decepcionante haya hecho que pese a disfrutarla bastante el resultado final me haya sabido a poco. [★★★]

Golden Exits

Uno de los platos fuertes del festival, por numerosos motivos, es Golden Exits (íd., 2017). En primer lugar, es la nueva película de Alex Ross Perry, un autor que siempre ha tenido un cierto prestigio en sus aventuras detrás de las cámaras y que, en esta ocasión, es la gran figura de esta edición del festival al contar con su presencia tanto para presentar la sesión a la que asistí como la retrospectiva que el festival ha preparado en conjunción con la filmoteca. Por otro lado, Golden Exits cuenta con un gran reparto compuesto por nombres como Emily Browning, Chloë Sevigny, Lily Rabe, Jason Schwartzman, Mary-Louise Parker, Adam Horovitz y mi querida Analeigh Tipton. Teniendo en cuenta estos ingredientes, es una pena que el resultado final no haya conseguido satisfacer a un servidor. Me resulta interesante la forma en que Alex Ross Perry pretende construir un relato progresivamente pesimista sobre la eterna insatisfacción personal a través de la llegada de una joven australiana que dinamita las vidas de dos familias que viven en Nueva York. Sin embargo, no consigue conquistarme por culpa de la forma en que construye sus personajes a través de las conversaciones que mantienen con sus allegados, intercaladas a base de elipsis y constantes fundidos. Las interacciones entre ellos resultan poco naturales, llenas de frases profundas y escasas de naturalidad, lo que contribuye a que en ocasiones se vuelvan antipáticos. Tampoco me convence el tratamiento las tramas de algunos de sus personajes, con la esposa cuyo mayor problema es el miedo a que su marido le esté poniendo los cuernos con su joven asistente como mayor exponente. Aun así, no se hace pesada durante el visionado y tiene un trabajo de fotografía en 16 mm muy meritorio por parte de Sean Price Williams. [★★½]

The Work: Almas entre rejas

Premiado en el festival South by Southwest del año pasado con el Gran premio del jurado en la sección documental, The Work: Almas entre rejas (The Work, 2017) nos introduce en una terapia conjunta de presos y gente de la calle durante que se da lugar durante cuatro días en la prisión de máxima seguridad de Folsom. Las motivaciones de asistir a esta terapia psicológica son muy variadas en ambos lados de la libertad, pero lo que sí es una constante, en cada uno de los casos, es la voluntad de exorcizar demonios internos para avanzar a nivel personal. Cada una de las experiencias que es exprimida al máximo durante la terapia para hacer que la persona en cuestión logre dejar atrás traumas o limites personales, desde pensamientos suicidas y vacíos internos por la falta de figura paterna a problemas causados por la interiorización de la toxicidad masculina o el constante juicio hacia los demás. La rehabilitación que se hace a través la extracción de sentimientos desde lo más hondo convierte cada caso en choque emocional muy potente a ambos lados de la pantalla, algo que puede llegar a desgastar al espectador al hacer que el documental sea tan intenso durante todo el metraje. Si se dejan a un lado los prejuicios morales ante la rehabilitación de convictos y se ve más allá para buscar la humanidad que yace escondida en sus personas, lo que encontramos es toda una joya de documental. [★★★½]

Weirdos

El uso del blanco y negro siempre es una apuesta arriesgada en cualquier proyecto contemporáneo, pero suele ser utilizado en ocasiones para evocar nostalgia y/o transportar hacia tiempos pasados. Esto mismo es lo que sucede en Weirdos (íd., 2016), la cual nos trae una historia de amor entre dos adolescentes durante un viaje hacia Sidney, Nueva Escocia —en Canadá, no en Australia—. Poco a poco vamos conociendo a los dos protagonistas y a partir de las dinámicas entre ambos nos damos cuenta que el que tenemos ante nuestros ojos no es un romance convencional, algo que acaba desvelándose completamente a mitad de metraje para transformar Weirdos en algo más profundo e interesante. Por desgracia, la llegada al destino de esta travesía hace descarrilar la obra al introducir elementos y temas que resultan innecesarios y poco interesantes. Tampoco ayuda a apreciarla positivamente lo aleatorio que resulta introducir a Andy Warhol como personificación visible de la consciencia de uno de los personajes. [★★]

Lemon

Una de las cosas más personales e intransferibles de cada individuo es su sentido del humor, algo que se demuestra al extremo con Lemon (íd., 2017). La ópera prima de Janicza Bravo es una de las propuestas cómicas más arriesgadas que han pasado por el Americana y no deja indiferente a aquellos que se acerquen, aunque en el caso del que sea estas líneas sea para mal, muy mal. Lemon hace gala de un humor que busca incomodar al espectador ante la espiral de desdichas, a cada cual más absurda, en la que cae el impasible protagonista, pero lo único que ha conseguido despertar a medida que se suceden las situaciones es aburrimiento y, en última instancia, vergüenza ajena. Es una pena que personalmente me funcione tan poco porque a nivel formal es atractiva tanto visual como musicalmente, mientras que el reparto que rodea a Brett Gelman contiene nombres como Michael Cera, Shiri Appleby, Gillian Jacobs o Martin Starr, quienes hacen lo que pueden con el extravagante material y han estado infinitamente mejor en otros proyectos. Con el doble sentido que aportaba el título ya esperaba una comedia poco convencional y pocha, pero la verdad es que ahora mismo prefiero comer diez limones a volver a ver “esto”. [★]

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