Americana Film Fest 2018 – Parte II

Segunda parte —de un total de tres— de esta cobertura que desde La Pantalla Invisible hacemos del Americana Film Fest 2018, en la que encontramos propuestas indie variadísimas en calidad, temática y formato. Empezando por un documental sobre una pareja en el espectro del autísmo y siguiendo por una magnífica comedia de trasfondo serio que homenajea a la cultura pop, un híbrido entre realidad y ficción sobre pobreza y redención, un fallido thriller de atmosfera desoladora y dos cortos de animación que forman un mediometraje tan hilarante como profundo.

Dina

Con el paso de las ediciones me he dado cuenta de que la selección de propuestas de no-ficción del Americana siempre suele ser una apuesta segura, especialmente si entre ellas se encuentra la ganadora del Gran premio del jurado del Festival de Sundance del año pasado, Dina (id., 2017), un film que sigue el día a día de Dina Buno y los preparativos para su boda con Scott Levin. Este tipo de documentales personales requieren de la presencia de una figura llena de personalidad o con algo muy interesante que contar al espectador, algo que en esta cinta se cumple por partida doble. El carácter alegre y espontáneo de esta mujer nos regala situaciones entrañables y muy divertidas, ya sea en solitario o en pareja, mientras que su relación resulta atractiva de ver por encontrarse ambos en el espectro del autismo. De esta forma se da visibilidad a la gente que sufre trastornos mentales a través un largometraje de connotaciones positivas, a la vez que tenemos la oportunidad de presenciar cómo afrontan obstáculos e inseguridades sentimentales derivadas, por un lado de su condición clínica, y por el otro de experiencias traumáticas sufridas por la propia Dina. En referencia a esto último, durante todo el documental se van dejando pequeñas pistas sobre ciertos sucesos del pasado, los cuales acaban floreciendo a través de una grabación que, pese a romper bruscamente el tono del documental, es completamente necesaria para completar el retrato psicológico y lograr un impacto emocional devastador. [★★★]

Brigsby Bear

Tras su estreno en Sundance y su paso por Cannes y Sitges, Brigsby Bear (íd., 2017) llegó a nuestro país directamente en formato doméstico, por lo que que no podía perder la oportunidad de verla en pantalla grande gracias al Americana. Es difícil hablar de ella sin desvelar nada de la trama, pero digamos que la vida de James cambia radicalmente cuando su programa de televisión favorito, Las aventuras de Brigsby Bear, termina repentinamente, por lo que decide rodar una película con el objetivo de acabar su historia. Desde fuera, Brigsby Bear da la impresión de ser una comedia extravagante, pero esa solo es una de sus múltiples facetas, ya que escondida bajo las risas y el disfraz de oso intergaláctico encontramos una historia que tiene su parte dura y turbia pero también muchísimo corazón. Me maravilla y conmueve muchísimo la forma en que Dave McCary y Kyle Mooney —desde sus facetas de guionistas y como director y protagonista respectivamente— utilizan la cultura pop como un elemento de unión y de conexión social, pero también como una forma válida de filtrar pensamientos y emociones —por decirlo de alguna forma—, algo que resuena muchísimo en mi interior. A través de James también se puede extraer un homenaje a la creación artística y la ilusión de filmar, algo que no me toca directamente pero con lo que también conecto por lo mucho que me gusta el séptimo arte. No sabemos aunque sí presiento que Brigsby Bear podría ser la película favorita de Abed de Community, pero lo que sí es 100% cierto es que esta película es mi estreno favorito de lo que llevamos de 2018. [★★★★½]

Flesh and Blood

En el Americana hay no-ficción, hay ficción, pero este año también hay curiosos híbridos de ambos formatos, entre ellos uno que lleva por nombre Flesh and Blood (íd., 2017), cinta que ha sido premiada dentro de la sección Next del festival. En ella Mark Webber interpreta a una versión ficticia de sí mismo que, lejos de ser un actor conocido en la escena independiente norteamericana, acaba de salir de la cárcel tras pasar cinco años encerrado, por lo que debe reconectar con su familia y la sociedad que dejó atrás. Este hilo argumental es interesante pero principalmente funciona como una excusa construida para dar voz a las dificultades que ha sufrido su familia y aún viven muchas otras personas que residen en barrios humildes, donde la pobreza hace que sea muy difícil prosperar. Webber cuenta con la presencia de su madre, la activista política por los desfavorecidos Cheri Lynn Honkala, y su hermanastro Guillermo Santos haciendo de ellos mismos para darle aún más realismo al conjunto del relato, algo que también consigue introduciendo el formato documental a través de una minicámara en la que Guillermo captura los testimonios reales del pasado de Honkala en relación a los padres de ambos hermanos. Esta mezcla de escenas planteadas con distintas intenciones y formatos hace que el resultado final sea irregular, pero el contenido es tan potente que compensa la presencia de tramos más flojos. [★★★]

The Strange Ones

No es fácil dar forma a un thriller que cree intriga en el espectador. Hay que plantear un punto de partida interesante, que haga que te interese lo que sucede en la pantalla, y luego ir alimentando esta intriga a base de pistas hasta la resolución final. Los directores de The Strange Ones (íd., 2017) se sabe bien la teoría durante la primera mitad de su ópera prima, una especie de road movie con un aura de misterio a su alrededor en la que presenciamos la escapada de dos hermanos después de algún suceso. La dinámica entre ambos hace sospechar que su relación es no es ideal o la típica entre hermanos, puede que por aquello de lo que huyen o por algo más, mientras que una narrativa fragmentada va dejando pequeñas escenas insinuando una tragedia. Todo parece ir más o menos bien, hasta que estos hermanos llegan a su destino y la película se mete en unos terrenos peligrosos, tanto narrativa y temáticamente, de los que no sale viva. La preocupación de los cineastas ha estado tan puesta en crear una atmósfera desasosegante que durante su segunda mitad, tras uno de los principales giros de guion, echas de menos haber presenciado un mayor desarrollo psicológico durante todo lo visto anteriormente. La historia va por caminos en los que el interés se pierde por completo a la vez que se vuelve algo críptica y confusa en lo que parece querer contar, además de que las ideas que llegan finalmente al espectador son cuanto menos cuestionables. [★½]

World of Tomorrow

No había visto absolutamente nada de la obra de Don Hertzfeldt antes de adentrarme en la sala para ver las dos entregas de World of Tomorrow (íd., 2015-2017), las cuales se proyectaban en el festival como si de un mediometraje se tratara, pero sí he salido con muchísimas ganas de seguir conociendo su obra ante lo maravillosas que me han parecido. Con una duración total de cuarenta minutos, World of Tomorrow nos introduce un futuro en que el ser humano logra la inmortalidad a través de incorporar la consciencia del individuo en un clon exacto. Pero el núcleo de la historia es Emily —o Emily Prime—, una niña de cinco años que vive en el presente recibe la llamada su tercera encarnación advirtiéndole sobre el futuro, sin tener ella ni la más remota idea qué significa lo que le están diciendo a la vez que suelta espontáneas e hilarantes frases. Una espontaneidad que viene derivada de la propia concepción de las obras, ya que para construirlas Hertzfeldt parte de grabaciones reales de su propia sobrina Winona Mae, las cuales después edita para crear una historia a su alrededor. El resultado final es una de las piezas audiovisuales más divertidas e imaginativas en la que las ocurrencias de Emily Prime se entremezclan con las cuestiones profundas y reflexivas planteadas por su clon, aprovechando el marco de ciencia-ficción de la premisa. Cierto es que la primera de las dos entregas, estrenada en 2015 y nominada al Oscar en la categoría de Mejor corto de animación, es superior a la segunda parte que vio la luz este año, pero ambas forman un díptico que es de lo más original e inventivo que he visto en animación recientemente. [★★★★]

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