Americana Film Fest 2018 – Parte III

Último artículo que dedico a la quinta edición del Americana Film Fest, un festival que año a año se va consolidando dentro del panorama cultural y cinéfilo de Barcelona al traernos algunas de las propuestas más destacadas del cine independiente norteamericano. Esta tercera parte de la cobertura debería tener cuatro películas, pero he decidido no comentar nada sobre Ex Libris: The New York Public Library (íd., 2017) porque suscribo, palabra por palabra, todo lo que comentó mi compañero Daniel Cabo durante la pasada edición Festival de San Sebastían. Por último, al ser el artículo que clausura esta cobertura, finalizaré con mis impresiones generales de la selección de este año y el ya habitual ranking.

Jane

La ya habitual sesión benéfica del Americana cayó este año en el visionado de Jane (íd., 2017) y contó con la presencia de miembros del Instituto Jane Goodall para dar unas pequeñas pinceladas de su función, algo que sirvió a modo de introducción del film. El documental, producido por National Geographic y dirigido por Brett Morgen, gira alrededor de la figura de Jane Goodall, una célebre investigadora que saltó a la fama tras las expediciones que hizo al Parque Natural de Gombe en los años 60 para documentar y aprender todo lo que pudiese sobre los chimpancés que allí viven. Lo más curioso de esta cinta es el material base, ya que todo lo que vemos son grabaciones de hace más de cincuenta años que fueron encontradas recientemente en las instalaciones de National Geographic, compañía que financió parte de su investigación. El documental pone el foco en la figura de la primatóloga a nivel personal, desde sus orígenes alejados de los estudios científicos al trato que recibió por el hecho de ser mujer o el romance que mantuvo con su compañero cinematógrafo Hugo van Lewick, con quien tuvo un hijo. Sin embargo, hablar Goodall no sería interesante si no se hiciese hincapié en su más que interesante trabajo en la jungla para observar algunas de las diferencias y similitudes que existen primates y humanos o la historia de la “familia F”, con la que Jane creó un vínculo muy especial hasta el punto de que aquello que aprendió sobre ellos fue de gran ayuda a la hora de afrontar su propia maternidad. Lo que logra Morgen es muy meritorio, ya que cogiendo un material ajeno y antiguo consigue montar una narrativa muy sólida y emocionante sobre la vida y la obra de Jane Goodall. [★★★]

Gemini

La figura de Aaron Katz ha estado íntimamente ligada al movimiento mumblecore desde sus inicios. Alcanzada ya la época del post-mumblecore, hecho motivado por el despegue en las carreras de algunos de sus primeros responsables del movimiento y por ciertos cambios en la industria que han hecho crecer la visibilidad de los proyectos indie, era cuestión de tiempo que Katz ampliara su visión y tomara otros caminos aunque sin alejarse necesariamente del cine independiente. Uno de esos caminos es su último film, Gemini (íd., 2017), con el que el director se introduce de lleno en el neo-noir a través del misterioso asesinato de una famosa actriz y la investigación que la aparente culpable, su “mejor amiga” —o lo que eso signifique en el mundo de las estrellas de cine— y asistente personal Jill, lleva a cabo con tal de descubrir la verdad y librarse de las sospechas. El argumento, que funciona como acercamiento al star-system y ligera sátira del mundo de las celebridades antes de virar hacia el thriller de misterio, recuerda rápidamente a otros films del género. Si se presta atención al doble sentido del título, es hasta normal que de algunos de esos films adopte también las duplicidades, engaños y giros de guion tan sorprendentes como inverosímiles e incluso tramposos, los cuales en esta ocasión llevan la historia a un desenlace que no está a la altura del resto. Para muchos esto condena esta película a la mediocridad, pero para otros, entre los que me incluyo, que el final de la historia sea algo flojo es meramente una pequeña debilidad dentro de una película fascinante.

Siendo puramente moderna en ambientación, Gemini no escapa al aire retro de algunos de sus predecesores dentro del cine negro, con referencias constantes por parte de prensa y aficionados a los films de Brian de Palma, la última etapa Nicolas Winding Refn y las grandes obras de David Lynch. No tengo suficiente bagaje como para confirmarlo pero a nivel personal, y salvando las enormes distancias cualitativas, durante los poco más de noventa minutos de metraje he sentido un cierto recuerdo a los ambientes por los que se deambula en Carretera perdida (Lost Highway, 1997) y el onirismo de Mulholland Drive (íd., 2001). Katz, junto al cinematógrafo Andrew Reed y al compositor Keegan DeWitt, saben construir una atmosfera que logra hipnotizarme en cada uno de los movimientos de Lola Kirke por las calles de Los Ángeles. Ya sea por su estética nocturna con tintes neónicos o la omnipresente banda sonora que recurre al uso de sintetizador y saxofón, cada secuencia tiene un magnetismo que evita que los ojos se despeguen de la pantalla. Todo esto hace de Gemini una de esas cintas en las que la forma está por encima de fondo hasta el punto de convertirla en una experiencia excepcional. [★★★½]

The Rider

Antes de sentarme en la butaca para ver Flesh and Blood (íd., 2017) sabía que había una mezcla de realidad y ficción, lo que no esperaba es que hubiese una segunda película que contase con una construcción similar. En este caso, The Rider (íd., 2017) no es una representación de las vivencias de su directora, pero sí lo es de las de su actor protagonista, Brady Jandreau, un jinete al que Chloé Zhao conoció durante el rodaje de su ópera prima. Brady sufrió un accidente casi mortal durante un rodeo de broncos, el cual dejó su futuro profesional y su capacidad de ejercer su mayor pasión pendiendo de un fino hilo. El film nos muestra cómo el joven jinete afronta su recuperación, a la vez que presenciamos el dilema interior sobre si debe guardar la silla y pasar página para seguir adelante junto a su familia —la hermana y el padre real de Jandreau— o si debe volver a subirse un caballo para ser feliz, asumiendo unos riesgos que le podrían dejar en silla de ruedas —como su amigo Lane Scott— o incluso llevarle a la muerte. Es fácil que la temática alrededor de la que gira el film sea poco atractiva para el público no-americano, donde la cultura del rodeo es inexistente, y que por ello sea difícil conectar con la película a primera vista, más aún con el calmado ritmo al que avanza. Sin embargo, Zhao consigue que a medida que van pasando los minutos logres empatizar con Brady ya que su conflicto, aunque tiene un contexto muy concreto, se vuelve algo bastante universal. Pese a venir con buenas críticas y multitud de premios, no esperaba que The Rider me fuese a convencer tanto como lo ha hecho, lo que la convierte en una de las mayores sorpresas del Americana y una gran forma de clausurar la edición. [★★★]

Conclusiones

Tercer año que visito el Americana Film Fest desde la posición de prensa y mis impresiones no dejan de mejorar edición tras edición. El festival sigue consolidándose dentro de la propuesta cultural de Barcelona y ya se ha convertido en una cita ineludible a la cual acudir cada mes de marzo. La oferta dentro del festival cada vez es más amplia, algo que se compensa con un día más de festival pero que también deja más joyas del festival aún pendientes por descubrir. Los documentales han demostrado ser una apuesta segura dentro de la selección, mientras que las obras de ficción han sido muy variadas tanto en estilo como en calidad, hasta el punto de haber visto lo mejor —Brigsby Bear— y lo peor —Lemon— que ha proyectado el festival desde que asisto. Aun así estoy contento con los films que he podido visionar, ya que excepto por dos propuestas inferiores, el nivel general ha sido similar al de la última edición. Ahora solo queda dejaros con mi ranking personal —incluyendo aquellas cintas del festival ya vistas con anterioridad— y esperar a que pase todo un año para volver a los Cines Girona y empaparme de cine independiente norteamericano.

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