ArteKino Festival 2016 – Parte I

Para los amantes del cine de autor es difícil llegar a según qué títulos. Muchos de ellos se mueven por el circuito de festivales y posteriormente caen en el olvido al no poder conseguir un estreno en salas comerciales. Para acercar este tipo de películas al público general es para lo que ha nacido ArteKino Festival, un festival de cine de autor europeo cuya mayor peculiaridad y parte positiva es su carácter online y totalmente gratuito. Desde el pasado 30 de septiembre y hasta el 9 de octubre se pueden disfrutar de diez propuestas tan variadas como aclamadas en los diferentes festivales “físicos” en los que han sido presentadas. Cubriendo este particular festival estaremos Alejandro Hinojosa (Alecxps) y Carlos Quiñones (Charlie Simons), dispuestos a traeros críticas de todo lo presentado.

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Wild

por Alejandro Hinojosa

Empezamos el primer Artekino Festival con una propuesta que nos llega desde Alemania tras pasar por festivales como el de Sundance. Se trata de Wild de la actriz-directora (y chica de portada de disco de New Order) Nicolette Krebitz. En ella nos encontramos con Ania, una chica de personalidad apagada y poco social que vive con un sentimiento constante de no encajar en el mundo que la rodea. Sin embargo, todo cambia tras el encuentro casual con un lobo mientras se dirige al trabajo. A partir de este momento Ania se obsesiona con él y poco a poco va evolucionando psicológicamente, dejando su tímida personalidad atrás para ir desarrollando una seguridad que deriva en un despertar de su lado más salvaje, algo que llega a su punto más álgido cuando establece una relación con susodicho animal.

En ese preciso instante, el despertar salvaje adquiere un giro sexual para nuestra protagonista, brindándonos un discurso feminista en el que el personaje que tan bien interpreta Lilith Stangenberg rompe con todo lo que los demás esperan de ella como mujer y abandona la sociedad patriarcal en pos de la libertad absoluta. Más allá del muy acertado mensaje reivindicativo, la obra de Krebitz destaca gracias a la valentía que demuestra su directora ante las decisiones que toma a la hora de abordar la relación entre una chica y un lobo, con imágenes muy perturbadoras que posiblemente jamás hubiésemos esperado ver en una película y con las que otro director ni siquiera se hubiese acercado. Este valor detrás de las cámaras es lo que convierte a Wild en una cinta fuera de lo común y que no deja indiferente.

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John From

por Carlos Quiñones

Es extraño, y a la vez fascinante, cómo la voz de algunos autores con suficiente talento sirve para examinar un subgénero cinematográfico con total delicadeza y respeto, mientras al mismo tiempo, a dicho género, se le dota de frescura y originalidad. Es algo que, sin duda, se agradece, pero es también difícil de encontrar. En John From, sin embargo, el coming-of-age adquiere, sin ningún tipo de exageración, un cariz fantástico y cautivador. Esta película, a través de su carismática protagonista, Rita (una encantadora pero imponente Júlia Palha), cuenta una historia sobre amor y realismo mágico. Rita es una adolescente de 15 años afectada por la molicie, sin nada más que las visitas y paseos con su mejor amiga para salvarla de la rutina. En ocasiones inunda su balcón para tomar el sol y refrescarse mientras escucha música, en esta playa que ella misma se ha creado; en otras, toca el piano o simplemente ve la televisión haciendo ‘zapping’ con desinterés. Gracias a una muestra de fotografía local, Rita no solo descubre que el autor es su nuevo vecino, sino que se ve fascinada por el objeto de la muestra: una etnia en las islas de la Melanesia en el que existe un curioso culto que recibe el nombre de John From.

Así es como el largometraje dirigido por João Nicolau va desenvolviendo ante nosotros sus distintas capas, abandonando en el camino el realismo desde el que parte. Las reglas lógicas de la ficción se ven alteradas, rompiéndose para dar lugar a la entrada de elementos mágicos y cederle el lugar central de esta pieza sobre la psicología femenina y el primer amor a la percepción totalmente subjetiva de su protagonista, y, de esta manera, terminar acercándonos al mundo por medio de sus ojos, aceptando que, aparentemente sin explicación, la pantalla se vaya plagando de imágenes sobrenaturales, aceptando que lo que vemos es un viaje hacia el interior de Rita, y en especial hacia el corazón de una joven enamorada que está empezando a madurar. John From es, pues, una locura, sí. Una locura absolutamente mágica.

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Safari

por Alejandro Hinojosa

La anterior propuesta que nos trajo Ulrich Seidl se adentró en los excéntricos sótanos de la población austriaca y mostró cómo estos definían a sus “dueños”. Entre los peculiares personajes de aquella, había una pareja de cazadores que vuelven a situarse delante de la cámara del director austriaco y sirven como hilo introductor de Safari, su nuevo documental. Como el propio nombre indica, Seidl nos lleva de safari a la sabana africana, pero lo hace en su vertiente más anticuada y despreciable, la de la caza mayor. El filme se centra especialmente en una familia de cuatro miembros (una pareja y sus hijos) y va intercalando sus testimonios y el de otros cazadores, en escenas decoradas y captadas con la apariencia simétrica tan propia de Seidl, con largas secuencias en las que obviamente se abandona la estética del director para seguir, cámara en mano, la cacería de los animales y, en algunos casos, el posterior descuartizamiento.

Todo esto forma un conjunto en el que los propios cazadores se dejan en evidencia, sobre todo por la mentalidad que se vislumbra durante las conversaciones. Ideas como la de “mantener la igualdad del ecosistema”, “no matar leones porque son bonitos” o  “crear riqueza en las zonas de caza” son las que salen de la boca de estos seres durante los testimonios delante de la cámara. Esta última, que sirve para justificar sus acciones, no es más que una muestra del racismo imperante en la práctica y acaba siendo complementada con metraje del trabajo sucio que los nativos ejercen tras la cacería, mostrando cual es, para los cazadores, la raza superior, la que merece divertirse, y quienes son los inferiores. Safari se establece como una cinta de difícil visionado y un argumento más contra la caza, pero sobretodo acaba convirtiéndose en el retrato de un egocentrismo burgués caucásico que hace perder la esperanza en la humanidad.

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Suntan

por Carlos Quiñones

Un médico cuarentón llega a un pequeño pueblo ubicado en una isla griega para hacerse cargo de la clínica local. Cuadriculado, serio, con poca experiencia en el mundo nocturno, las drogas recreativas, prácticas sexuales, y, en definitiva, con un inocente desconocimiento de los placeres más inmediatos, este médico de nombre Kostis (interpretado por un brillante Efthymis Papadimitriou) conoce en su consulta a un grupo de jóvenes turistas. Entre este grupo de amigos, Kostis encuentra a una mujer por la que se siente atraído y por la que empieza a frecuentar a esta cuadrilla de hedonistas, compartiendo tardes en la playa, cervezas frías y noches de fiesta.

Sin embargo, tras esta premisa aparentemente ligera, se esconde una película oscura, un relato sombrío sobre las ilusiones rotas, las frustraciones, las oportunidades que se nos arrebatan continuamente en la vida y, especialmente, sobre los fondos más incómodos y desagradables del ser humano. Construida a partir de una serie de contrastes (las costumbres de Kostis frente a la rutina de los jóvenes; la diversión de las primeras fiestas a las que el médico es invitado frente al ambiente depresivo que envuelve a las presentes en la segunda mitad de metraje; la esperanza pura de abrazar algo nuevo frente a la obsesión más enfermiza y tóxica), Suntan es una obra bien lograda en la que lo único que parece chirriar es, quizás, su cambio tonal, justificable por la dinámica expectativas-realidad que desarrolla la película y principalmente perdonable por sumarse al cine que humaniza hasta al más temible y asqueroso monstruo.

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La jeune fille sans mains

por Alejandro Hinojosa

El cine de animación parece estar casi totalmente eclipsado por las producciones tridimensionales generadas por ordenador, al menos en su variante más comercial, y más allá de Ghibli y otros animes japoneses, no hay muchos que se atrevan con otro tipo de técnicas más tradicionales. Además, la carencia de límites en la animación con respecto a lo que se puede mostrar en pantalla es algo que se puede aprovechar, y muy bien, en los círculos del cine de autor, dando lugar a ejercicios de experimentación e imaginación extrema. En el centro de un diagrama de Venn de estas dos características es donde encontraríamos a La jeune fille sans mains, la opera prima del célebre animador Sébastien Laudenbach.

Este filme está basado en un relato poco conocido de los hermanos Grimm, que con elementos clásicos de los cuentos de hadas (gente humilde y pobre, un príncipe, animales, un villano…) cuenta la historia de liberación de una chica llena de pureza que se queda sin manos tras un pacto de su padre con el Diablo. Con ritmo pausado, demasiado lento a veces, vamos presenciando el viaje mágico de esta chica y su posterior encuentro con el príncipe del reino. Lo que se nos muestra no es demasiado original con respecto a otros relatos de este estilo, con lugares comunes que acaban siendo un ligero lastre, pero a su vez el tratamiento libre y sin tabúes que se hace de la historia, algo poco habitual en las adaptaciones cinematográficas de las historias de estos hermanos, nos trae frescura dentro del género a base de desnudez y momentos bastante macabros. Aunque, sin duda alguna, lo que más destaca de la obra de Laudenbach es la animación minimalista de la que hace gala, basada en la superposición de diferentes capas sólidas y trazos de pincel poco definidos y con grosores variados. Gracias a ello el animador galo nos deleita con bellos paisajes y con un uso de los colores que consigue ser muy expresivo, llenando de vida (o de muerte) la pantalla.

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