D’A Film Festival 2017 – Parte I

Los que vivimos en Barcelona y alrededores no nos podemos quejar en absoluto ante la oferta cinematográfica. Además de diversos cines que ofrecen la más variada cartelera en versión original, durante el año podemos disfrutar de una cantidad respetable de festivales que traen propuestas que dificilmente podríamos disfrutar en pantalla grande de otra forma. Sitges, Americana, Molins, L’Alternativa y estos días el D’A, donde se dan cita algunos de los más interesantes largometrajes y cortometrajes de cine de autor tanto de ámbito nacional como internacional. Dicho esto, os dejo con la primera ronda de largometrajes que componen mi paso por el festival.

Lady Macbeth

El cine de época ambientado en tierras británicas no suele ser santo de mi devoción, de ahí que me acercara con mis reservas a Lady Macbeth (íd., 2016), la opera prima de William Oldroyd e inauguración de este año del D’A Film Festival. Afortunadamente entre el director y su protagonista han roto mi maldición personal de forma contundente al brindarnos una vuelta de tuerca en el género contra la sociedad de la época a través de un relato de liberación femenina, algo similar pero más radical con respecto a lo que vi en Amor y amistad (Love & Friendship, 2016) hace unos meses. La cinta nos presenta Katherine, una joven comprada para ser la esposa de un amargado hombre de que le dobla edad. Tras ser abandonada en la casa familiar, ella decide tomar las riendas y empezar un romance con uno de los trabajadores de la finca, lo que desata un lado oculto. La dirección de Oldroyd es muy correcta, aprovechando los paisajes que le proporciona el campo británico en ciertos planos y manteniendo un equilibrio entre los diferentes niveles de intensidad y tensión requeridos en cada momento. Pero si hay algo por lo que destaca esta película es por su protagonista. La interpretación de Florence Pugh se me antoja una de las más frescas que he visto últimamente, ya que más allá de la canalización perversa de su persona, la actualización que hay en la historia hacia caminos feministas y ruptura de la sociedad acaba viniendo acompañada de gestos y actitudes anacrónicos que son más naturales en el siglo XXI que hace trescientos años.

Sipo Phantasma

“Una historia de cine, barcos, naufragios, vampiros, amor y fantasmas.” Desde luego esta frase propone una mezcla bastante curiosa pero es exactamente lo que el Sîpo Phantasma (íd., 2016) de Koldo Almandoz presenta en su escaso metraje de apenas setenta minutos. Un collage que te hace embarcar en un crucero de lujo para posteriormente hacer diversas paradas en una historia la mar de interesante que gira alrededor de dos figuras: Friedrich Wilhelm Plumpe (AKA F.W. Murnau) y Florence Balcombe, dos personas que hace casi cien años tuvieron una importante disputa. El motivo es que ella es la esposa del célebre escritor Bram Stoker y fue quien estuvo a punto de hacer desaparecer Nosferatu para siempre ante el plagio que esta cinta supone con respecto a la obra más célebre de su marido: Drácula. La película, que empieza como una especie de crítica observacional de la superficialidad vacacional, acaba convirtiéndose en un ensayo fílmico que intercala fragmentos del filme de Murnau con extractos de los documentos personales de Balcombe y otros pasajes representados a través de diferentes recursos expresivos que van completando la historia. Una trama de vampirismo cinematográfico expuesta de forma original pero que no resulta redonda al no acabar de cuajar todos los elementos puestos sobre la mesa.

Le Parc

Personalmente siempre resulta interesante introducirme en propuestas que han generado una fuerte división de opiniones y ver en qué lado de la balanza caigo. Esto mismo ha sucedido con Le Parc (íd., 2016) en la sección Acid de Cannes, en Sevilla y previsiblemente en el D’A. Por desgracia, en mi caso he caído en el lado negativo. El filme de Damien Manivel empieza como un Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995) amateur en la que un parque común de extensión infinita hace de la ciudad de Viena. Sin embargo en la pantalla no nos encontramos con Ethan Hawke y Julie Delpy, si no con Naomie Vogt-Roby y Maxime Bachillerie, dos novatos que intercambian química por incomodidad y timidez, algo que le aporta cierto encanto. Pero la cita se acaba, sus caminos se separan y a través de una realista escena de intercambio de mensajes en tiempo real pasamos del amor al desamor y del día a la noche. Este punto de inflexión da paso a una segunda mitad que va adquiriendo un carácter cada vez más misterioso, inquietante, onírico y surrealista hasta perderme como espectador ante la dirección hacia la que Manivel quiere llevar el relato. Aún así es una propuesta lo suficientemente peculiar como para echarle un vistazo y no sentir que se has perdido el tiempo.

Goran

El D’A (igual que la mayoría de festivales) es una buena oportunidad de acercarse a cine que no habías tenido la oportunidad de transitar previamente, ya sean directores con mucho que decir o países con industrias cinematográficas muy minoritarias. Esta vez me encuentro ante mi primera película croata y el resultado ha sido bastante satisfactorio. Goran (íd., 2016) se centra en un taxista de mediana edad que simplemente busca mantener la estabilidad que ha creado en su vida, una estabilidad que peligra por culpa de una serie de eventos en su entorno. Durante la primera mitad de película vemos cómo el mundo del protagonista empieza a desmoronarse poco a poco y la intensidad emocional de su interior va incrementando hasta explotar y dar paso a una segunda parte juguetona ante la información que solo conocen tanto el espectador como el protagonista y cuyo violento desenlace deja buen sabor de boca. También es de agradecer que a través de una de las subtramas se haga un poco de crítica social a los valores tradicionales anticuados que aún se mantienen inmóbiles en parte de la población. En resumen, la cinta funciona en su entretenida mezcla de sencillo drama familiar con halo de thriller y unos toques de comedia negra, así que poco más se puede pedir.

Hermia & Helena

Matías Piñeiro es un buen amigo del D’A, hasta el punto de que el año pasado fue el encargado de realizar el spot del festival. La sorpresa llega cuando descubres que aquellos treinta segundos se rodaron en pleno rodaje de su nuevo filme, Hermia & Helena (íd., 2016), al contener este último una escena situada exactamente en la misma mesa y con las mismas actrices. El título de la película hace referencia a dos personajes de la shakesperiana Sueño de una noche de verano, obra que nuestra protagonista está traduciendo al español mientras se encuentra en Nueva York con una beca. El relato salta de forma sinusoidal en el espacio y el tiempo entre Argentina (pasado) y los EEUU (presente), introduciendo en un plano los temas que Camila explora en su nueva localización intentando darle una vuelta radical a su vida durante esta nueva experiencia. A su favor tiene una ligereza indie que hace agradable su visionado pero cuyo ritmo monótono y sin sobresaltos hace que pese a ser bastante entretenida se haga paradojicamente larga con apenas noventa minutos de duración.

Nocturama

Uno de los platos fuertes de la presente edición del D’A es uno de los filmes que más disparidad de opiniones generó durante el Zinemaldia 2016. Una película que separó la crítica en dos bandos, unos fascinados con las peculiaridades formales y temáticas de la propuesta y otros pregonando que no todo vale a la hora de transmitir un mensaje o crear un debate. Os hablo del Nocturama (íd., 2016) de Bertrand Bonello, donde un grupo de jóvenes comete un atentado terrorista. La primera mitad nos expone la minuciosa preparación de este acto durante una hora tensa, fría y sin apenas diálogos, con personajes de los que no conocemos nada. Solamente presenciamos sus figuras serpenteando por un laberinto de calles y edificios parisinos. Faltan palabras para alabar el dinámico montaje que construye todos los caminos cual rompecabezas de forma magistral. Entonces llega el atentado, del cual no se nos presenta ningún contexto ni reivindicaciones, solo fuego. Y del fuego se pasa a las cenizas y a la pretendida calma dentro de un centro comercial durante la noche, donde estos chicos y chicas esperan encerrados hasta que sea seguro volver a casa. En esa espera, la cual esperaba mucho más banal y pobre tras algunos comentarios, es donde aparecen los claroscuros. La combinación entre diversión y responsabilidad de los jóvenes protagonistas, a quienes plantea unas dudas morales que atraviesan la pantalla para llegar al espectador. Dos mitades que forman un conjunto repleto de tensión rodado con elegancia y contundencia y que hecha una mirada a la situación en que se encuentran las civilizaciones modernas y su reacción ante todo aquello que pueda amenazarlas, distorsionando así la linea entre revolución y destrucción.

Malgré la Nuit

El cine de Philippe Grandrieux no es, en absoluto, de los más sencillos con los que me he encontrado durante este último par de años en el que he ampliado mis horizontes dentro del séptimo arte. Sombre (íd., 1998) y Una nueva vida (La Vie Nouvelle, 2002), sus dos primeros filmes, nos llevan por mundos turbios y moralmente rotos que el director exprime a través de experimentar con la imagen y el sonido. Malgré la Nuit (íd., 2015) sigue con esta tendencia y nos adentra a un París oscuro y turbulento con un triángulo amoroso marcado por pasiones enfermizas dentro de un mundo de pornografía extrema y violencia. Durante dos horas y media nos encontramos en una pesadilla que de la pantalla se extiende a la butaca, ya que es una propuesta que provoca fascinación ante el delirio y al fuerza visual de numerosos momentos a la par que pesadez y desesperación en el espectador ante la excesiva duración y una cierta irregularidad formal con secuencias demasiado convencionales. Esto último hace que no pueda valorarla por encima de sus dos primeras obras, pero sí consigue mantenerse como toda una experiencia cinematográfica que probable crezca en la memoria a medida que me aleje de ella en los próximos días.

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