D’A Film Festival 2018 – Parte II

Antes de empezar la segunda parte de mi cobertura del D’A Film Fest de este año, permitid que me disculpe por el retraso que, por motivos personales, he sufrido a la hora de ponerme a escribir estas líneas. A partir de ahora intentaré seguir con los artículos dentro de una periodicidad razonable para que podáis leer mis impresiones sobre aquello que he podido ver. En esta segunda parte toca hablar de una divertida dramedia sobre la amistad, un par de experimentos cinematográficos espléndidos, unas simpáticas historias paralelas/cruzadas made in Sundance y el último Trabajo de Fin de Grado salido de la Universitat Pompeu Fabra.

El futuro que viene

El cine de autor suele estar dominado por propuestas que presentan un énfasis en los conflictos dramáticos de los personajes en los que se centra. Con una amiga comentaba que en festivales como el D’A, la comedia brilla por su ausencia o su minúscula presencia —algo que las leyes de la ironía se encargan de solventar en este artículo—, de ahí que films como El futuro que viene (íd., 2017) acaben resultando tan refrescantes dentro la programación. Con un pie en el drama y otro en la comedia —y convenciendo en ambas facetas—, la cinta de Constanza Novick se centra en la relación —no romántica— entre dos mujeres, Florencia y Romina, desde la adolescencia hasta bien entrada la edad adulta. A través de tres segmentos temporales conectados por bruscas elipsis —tan bruscas que pueden llegar a confundir al espectador—, El futuro que viene se construye como una oda a la amistad femenina. Durante casi hora y media somos testigos de la evolución que los personajes interpretados por Dolores Fonzi y Pilar Gamboa sufren en sus correspondientes vidas, tanto a nivel personal/familiar como profesional, y mientras ellas evolucionan con el paso del tiempo, el vínculo que les une se convierte en la única constante de sus vidas. Un nexo que se mantiene inamovible al choque de sus personalidades y al rencor generado con el paso de los años, gracias a esa inquebrantable confianza que se ha ido generado paralelamente y que les ha mantenido unidas a pesar de todo. Todo ello aderezado de momentos cómicos que se nutren de estas diferencias entre personalidades y la nostalgia de los buenos momentos que han pasado juntas —con especial énfasis en unos diálogos telenovelescos que han acabado convirtiéndose en uno de los mayores highlights del festival—.  [★★★½] 

Accidence

Conocía la fama de Guy Maddin —y sus colaboradores Evan y Galen Johnson— de crear obras poco convencionales en fondo y forma, pero aún no había sido testigo de ello en primera persona. La sesión doble que el D’A había programado con dos de sus proyectos empezaba con Accidence (íd., 2018), un cortometraje que empieza con la escena de un crimen en el balcón de un bloque de apartamentos. Durante los primeros compases, el plano se abre y nos permite ver qué sucede en los balcones del resto de apartamentos, generando un mosaico que mezcla lo cotidiano, lo misterioso y lo bizarro. Y así nos quedamos, embobados, durante diez minutos, hasta que el plano vuelve a cerrarse y volvemos al balcón inicial para dar por concluido este experimento extremadamente detallista. Tras lo que he podido sacar en claro en una primera exploración, parece que Accidence pretende explorar la eterna dualidad del ser humano, pero tampoco aventuraría a afirmar algo con rotundidad sobre este inabarcable corto, del cual se necesitan numerosos visionados —o un visionado con decenas de ojos— para poder captar toda la información que se te presenta en la pantalla. [★★★] 

The Green Fog

La segunda parte de esta sesión doble está formada por una de las grandes obras del festival: The Green Fog (íd., 2017). El proyecto surgió como parte de la celebración del XX aniversario del San Francisco International Film Festival para el que Maddin, Johnson y Johnson iban a crear una pieza de clausura a través del uso de escenas de películas ambientadas en San Francisco, a modo de carta de amor a la propia ciudad. Sin embargo, la extensa fase de investigación (alrededor de 200 películas) reveló que los temas presentes en Vértigo (De entre los muertos) (Vertigo, 1958) eran comunes en muchas otras cintas.

De esta forma, las intenciones de lo que iba a ser un homenaje a San Francisco se duplicaron y, tras lo visto en el resultado final, la obra adquirió unas dimensiones mayores que elevan la propuesta de forma espectacular. No esperaba que el hecho de recrear escenas de un film como Vértigo a través de fragmentos de otras cintas pudiese funcionar tan bien, pero en The Green Fog lo hace, recordándote en cada momento las sensaciones y el significado de cada punto argumental del clásico de Alfred Hitchcock, con especial énfasis en los momentos más icónicos —que son muchos—, como la persecución inicial en las azoteas, el seguimiento de Scotty al coche de Madeleine, las escenas en la iglesia y la fantasmagórica catarsis bajo la luz verde que inspira el nombre de esta peculiar obra. A veces, las referencias al material son más sutiles, quedándose en una representación más conceptual de los temas de la película a través de recursos metacinematográficos —como la duplicidad femenina a través una doble representación, física y proyectada, de una mujer—. Aunque la mayor sorpresa de este collage es lo hilarante que consigue ser, con un montaje muy cuidado que logra tener resultados cómicos inesperados a través de la supresión de diálogos —dejando silencios y reacciones como muecas antinaturales— el juguetón uso de referencias —con Chuck Norris y *NSYNC como estrellas invitadas— y las variaciones de secuencias similares. Tenía interés por lo insólito de la propuesta que Guy Maddin y los hermanos Johnsson habían preparado a costa de Vértigo, pero al final The Green Fog acabó siendo toda una joya y uno de los mejores momentos cinematográficos de lo que llevamos de año.  [★★★★] 

Person to Person

La inmensa diversidad de propuestas que acaba caracterizando a los festivales de cine, siempre dentro del espectro o la temática en la que se encuentran limitados, hace que, irremediablemente, haya cintas que parezcan más propias de otros certámenes antes que de aquél en el que se encuentran. Si echamos un ojo al D’A, la locura desborada de Free Fire (íd., 2016) encajaba a la perfección en el a Festival de Sitges (donde ya pude disfrutar de High-Rise (íd., 2015)), mientras que la cinta que hoy nos ocupa, Person to Person (íd., 2017), me transportó directamente al Americana Film Fest. Rodada en 16mm y con un aura de nostalgia o melancolía —pese a estar ambientada notablemente en la actualidad—, la cinta escrita y dirigida por Dustin Guy Defa echa una mirada a la vida de un variado abanico de personajes neoyorquinos a través de las historias —paralelas y ligeramente cruzadas— que protagonizan durante el transcurso de un día. Esto permite hacer una exploración concisa de diversos temas, desde problemas amorosos derivados de la impulsividad a dilemas morales en el puesto de trabajo o conflictos propios de la adolescencia, sin el peligro de alargarlo todo excesivamente de haber optado por una sola trama durante la completa duración de este largometraje. El film acierta al transmitir una cierta cotidianidad en todo momento, a lo que hay que añadir la levedad que aporta un tono cómico que constantemente impregna las situaciones y diálogos en los que se ven envueltos estas personas, interpretadas por una mezcla de caras famosas y desconocidas —Michael Cera, Abby Jacobson, Phillip Baker Hall, Tavi Gevinson, George Sample III y Bene Coopersmith—. Una propuesta sencilla, simpática y agradable, que no es poco.  [★★★

Yo la busco

Durante los últimos años han ido apareciendo películas que nacen como TFG del Grado en Comunicación Audiovisual de la UPF y acaban siendo desarrolladas hasta el punto de ser presentadas al gran público. Sucedió con la excepcional Las amigas de Ágata (Les amigues de l’Àgata, 2015) y la recomendable Julia Ist (íd., 2017) y ha sucedido este año también con Yo la busco (íd., 2018), la ópera prima de Sara Gutiérrez Galve. En ella somos testigos de la relación entre Max y Emma, dos compañeros de piso cuya gran amistad bordea los sentimientos románticos en todo momento. Después de que ella decida irse del piso para vivir con su novio, Max, quien vive estancado con el síndrome de Peter Pan —a diferencia de sus amigos—, emprende un viaje al fin de la noche para aclarar su conflictos interiores. El punto más fuerte de Yo la busco es la química entre el duo protagonista, Dani Casellas y Laia Vidal, la cual se nota en todo momento en las escenas que comparten durante el primer y tercer acto de esta obra. Es en el segundo acto donde la película no me conquista tanto, ya que el viaje emocional del protagonista se siente algo volátil, pasando del ligue por despecho a la búsqueda de la dueña de una libreta que encontró en la calle y con la que cree que tiene una fuerte conexión. Suerte que el viaje encuentra un cierre satisfactorio en la última secuencia de esta travesía, en la que el cover que hace de la canción Alegría de vivir de Ray Heredia simboliza qué es aquello que Max busca y no encuentra. Aun así, el retrato que hace de la Barcelona nocturna a través de encuentros con personajes variopintos se siente muy fresco y auténtico, como sucede con el resto de proyectos de la factoría UPF, y te deja con ganas de seguir viendo más TFGs.  [★★★] 

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