Festival D’A 2016 | Soledad, sátira, amor y sexo

El cine de autor siempre se ha visto maltratado y eclipsado, semana tras semana, ante los multitudinarios estrenos comerciales que llegan a nuestras pantallas grandes. Es por eso que los festivales de cine son una buena oportunidad para ampliar horizontes y descubrir proyectos cinematográficos más personales que difícilmente podríamos disfrutar en las salas convencionales. Un buen ejemplo es de este tipo de certámenes es el Festival Internacional de Cinema D’Autor de Barcelona, comúnmente conocido como D’A. Durante los diez días (ahora ya menos) que dura se pueden disfrutar creaciones audiovisuales de cineastas de todo mundo y para todos los gustos, desde películas de cinco horas a dramas contemplativos o comedias absurdas. Toda visión artística a través de imágenes en 24 fps tiene cabida en el D’A.

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CEGADOS POR EL SOL

La inauguración de esta sexta edición del D’A sirvió a la vez como preestreno de Cegados por el sol (A Bigger Splash, 2016), la última cinta del italiano Luca Guadagnino, cuyo estreno fue este mismo viernes día 22. En este soleado remake de La piscina (La piscine, 1969) de Jacques Deray nos encontramos con Marianne Lane (Tilda Swinton), una cantante de rock de estética bowienesca y problemas vocales cuyas recuperadoras vacaciones con su pareja (Matthias Schoenaerts) en la isla italiana de Pantelaria se ven estropeadas por la llegada de su ex novio Harry (Ralph Fiennes) y la hija de este (Dakota Johnson). Así es como empieza este incómodo enredo pasional de gente rica, en el que no se pierde de vista en ningún momento las pasadas historias comunes de los personajes a través de numerosos y abruptos flashbacks. A ritmo de Rolling Stones y demás bandas de rock n’roll, Cegados por el sol es un divertimento que funciona muy bien en sus momentos más alocados, especialmente cuando están protagonizados por un Ralph Fiennes —el mejor de la peli— en su versión más hiperactiva, extrovertida y charlatana. Por desgracia, en la última media hora el tono del filme cambia bastante y la festividad imperante hasta el momento desaparece para dar paso a un cierre con dudosas decisiones estéticas y narrativas que empaña algo el resultado final.

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ALOYS

La siguiente parada en el festival es la suiza Aloys (íd., 2016), primera obra en solitario de Tobias Nölle. En ella nos encontramos con Aloys Adorn (Georg Friedrich), un tímido detective privado que tras la muerte de su padre se encuentra inmerso en la rutina. Bueno, eso es hasta que todo su material acaba siendo robado por una misteriosa chica llamada Vera (Tilde von Overbeck) y esta le introduce en un juego psicológico que lo arrastra a un desconocido mundo interior donde escapar de su monotonía. Lo que empieza como un frío drama con toques de misterio y thriller pronto se convierte en un muy potente relato fantástico sobre la soledad en el que cada vez se distingue menos lo real de lo imaginario. Nölle consigue atrapar al espectador con la helada y taciturna atmósfera que envuelve constantemente la acción y demuestra mucha valentía al intentar plasmar la psique de un solitario e introvertido inadaptado social en un punto tan temprano de su carrera, pero lo mejor es como consigue transmitir de forma óptima el cerrado universo interior del protagonista.

PD: Sale un gato.

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TE PROMETO ANARQUÍA

Y del gris frío suizo pasamos al calor mexicano con lo último de Julio Hernandez Cordón, Te prometo anarquía (íd., 2016). Un coming-of-age lleno de skateboards protagonizado por dos amigos y con el “hemotráfico” como telón de fondo potenciador de la historia y reflejo de la sociedad mexicana, algo que constituye la primera mitad de la anarquía prometida en el título. La otra mitad la podemos encontrar en el triángulo amoroso formado por Johnny (Eduardo Eliseo Martinez) , Miguel (Diego Calva Hernández) y Adriana (Shvasti Calderón), con el primero formando el punto central de este romance. El principal problema que encuentro en la propuesta es el intermitente interés que despiertan las dos principales tramas que se entrecruzan durante los noventa minutos de metraje, haciendo que a veces interese más el drama criminal que el romance homosexual y en otras ocasiones ocurra lo contrario.

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CHEVALIER

El viernes se cerró con la que es, de momento, mi favorita del festival: Chevalier (íd., 2015). Su directora, Athina Rachel Tsangari, pertenece al grupo de máximos exponentes creativos del cine griego reciente, liderados por Yorgos Lanthimos, y esto es algo que se nota desde el punto de partida hasta el humor que destila. Chevalier empieza con seis hombres de clase alta disfrutando de unos días de descanso en un yate y acaba con todos ellos compitiendo por un anillo que demostrará quien es “El mejor en general” a través de una competición en la que todo acto o pensamiento de cada uno de ellos será juzgado por el resto de tripulantes. Durante los días que presenciamos estas olimpiadas viriles, y a través de secuencias disparatadas, van apareciendo las fortalezas, debilidades y preocupaciones de estos hombres, algo que constituye una hilarante sátira de la competitividad capitalista y el orgullo individual masculino. Tsongari acierta a la hora de combinar pruebas triviales con elementos personales de los personajes y no solo facilita la conexión con el espectador, sino que le invita a juzgar también a los jugadores. Al final poco importa el resultado —no se explicita al ganador de la partida— ya que lo que ha quedado claro cuando todos vuelven a sus casas es lo imperfecto y absurdo que es el ser humano.

AMOR TÓXICO

El cine independiente español no es ni por asomo tan abundante como el americano, pero existe, y uno de sus exponentes principales es Norberto Ramos de Val, quien ha presentado en el Festival de Cinema D’Autor su último filme, Amor tóxico (íd., 2016). El amor del título hace referencia a los primeros diez minutos de metraje, cuando llegamos a la cita entre Toni (Edu Tarrés) e Irene (Ann Perelló); el tóxico, a los cien minutos restantes. Y es que en esta especie de comedia anti-romántica vemos cómo una cita normal y corriente se vuelve cada vez más bizarra a medida que los dos sujetos van soltándose y los cubatas van haciendo efecto. Al final el filme se convierte en el campo de batalla de una guerra de sexos en la que los dardos vuelan constantemente hacia ambos géneros y cuando finaliza la batalla solo nos encontramos con cadáveres. El guión de Pablo Vázquez y Toni Junyent, nutrido con diálogos repletos de humor escatológico y modernas referencias, no hace más que lanzar argumentos en contra de todos, formando una visión pesimista de las relaciones sentimentales que, curiosamente, concluye con final feliz. En general, Amor tóxico forma una reflexión interesante alrededor de las citas cuyo punto más débil es su extremadamente alargada duración de hora y cincuenta minutos.

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LAS PLANTAS

Para finalizar este primer artículo del D’A toca hablar de otro coming-of-age latino, esta vez llegado desde Chile y con el joven Roberto Doveris tras las cámaras. Las plantas (íd., 2016) gira alrededor de Florencia (Violeta Castillo), una adolescente que debe encargarse de cuidar por su cuenta a su hermano mayor, en estado vegetativo. Por suerte cuenta con dos válvulas de escape, un antiguo cómic sobre espíritus vegetales y un deseo de exploración sexual a través de desconocidos en Internet. Los primeros compases del filme nos presentan el universo de Flor, sus amigos y sus aficiones relacionadas con la cultura pop, unos pasajes que son predominantemente luminosos y visualmente ricos. Sin embargo, en paralelo con el desgaste emocional de la protagonista, la película empieza a coger un carácter cada vez más turbio y oscuro. A partir de entonces se van alternando escenas que muestran la dura rutina de cuidados, la lectura de pasajes del cómic que la conectan su hermano (acompañados de recurrentes planos lúgubres de los árboles del jardín) y el despertar carnal de la joven. Una explícita exploración de los deseos carnales que presenciamos a través del juego que ella mantiene con sus semejantes masculinos y que deriva en un potente, tenso y morboso clímax.

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