Festival de Molins de Rei 2016 – Parte I

Hace apenas un mes que acabó el Festival de Sitges —un poco menos si hablamos de la cobertura que hice— y servidor ya vuelve a la carga con otro certamen que reúne los títulos más recientes del panorama internacional de cine de género. En este caso os hablo del Festival de Cine de Terror de Molins de Rei, el cual este año está dedicado a las mutaciones a modo de homenaje al trigésimo aniversario de La mosca de David Cronenberg. Durante poco más de una semana la gente que quiera acercarse podrá disfrutar de películas que ya pasaron por el pueblo costero, como The Neon Demon o El extraño, mientras que otras se proyectan por primera vez en el estado español en este festival, el cual cerrará su edición con un maratonazo de 12 horas con títulos como Train to Busan, La autopsia de Jane Doe y una película sorpresa, entre otras. Dicho esto, que empiece la cobertura de Terror Molins 2016.

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La madriguera

La inauguración del festival, como ya pasara este año en Sitges, tuvo sabor español al tener a la opera prima de Kurro González como la encargada de dar el pistoletazo de salida a estos diez días en los que el cine de terror es protagonista en Molins de Rei. El filme en cuestión se titula La madriguera y se centra en Carlos Sáez, un escritor que se encierra en casa tras una experiencia traumática y que, estando atascado con su nueva novela y por presiones de la editorial, recibe la visita de Catarina, una joven aspirante a escritora dispuesta a convertirse en su ayudante. Pese a inicialmente negar la ayuda de esta, el protagonista se da cuenta de que ella es la clave para salir adelante y decide secuestrarla para evitar que la felicidad y la inspiración vuelvan a escaparse de sus manos. Con lo oído en el coloquio posterior no se puede negar que el director novel tiene pasión por el cine y las artes audiovisuales. Por este mismo motivo es una pena que, pese a que el realizador haga un bueno uso del espacio reducido para crear una cierta opresión, dentro de esta madriguera nos encontremos con situaciones tan manidas que el resultado en el espectador es una sensación de aburrimiento y déjà vuEl filme acierta a medias a la hora de querer construir psicológicamente al secuestrador, lo único que diferencia a La madriguera de cualquier película estándar de este subgénero, pero debido a esto se le humaniza demasiado, sobre todo teniendo en cuenta que es un personaje cuyas actitudes son deplorables por mucho trastorno que este pueda tener. Además, este blando tratamiento da pie a un intento de síndrome de Estocolmo que lo único que consigue es brindarnos la peor escena de toda la película: una secuencia de sexo que el director, en su afán de darle empaque artístico, acaba estilizando en demasía sin tener demasiado en cuenta cual es la situación de ambos personajes —secuestrador y secuestrada—. Las actuaciones de Francisco Conde y Adriana Torrebejano cumplen sin entusiasmar, con la segunda mejor que el primero, mientras que, por desgracia, en papeles muy secundarios encontramos buenos actores desaprovechados cuyo talento está bastante por encima del que demuestra el dúo protagonista —justo lo que pasa con Carlos Santos y Javier Mora—.

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The Unseen

El segundo día de festival —que en mi caso fue el lunes— consistió en una sesión doble que empezó con otra opera prima, esta vez de Geoff Redknap. En ella nos encontramos con Bob Longmore, un ex-jugador de hockey que sobrevive como puede en el frío norte de Canadá después de abandonar misteriosamente a su familia años atrás. Cuando su hija empiece a desviarse del buen camino, él intentará reconectar con ella a la vez que se meterá en problemas con un traficante. Una historia común sin ningún aliciente si no fuera porque el cuerpo de Bobby está empezando a volverse invisible. The Unseen se establece como una vuelta de tuerca al concepto del hombre invisible, que en este caso se trata desde el prisma de un drama familiar normal y corriente. El resultado podría haber sido mediocre, pero la relación que se establece entre padre e hija es tan potente que el tratamiento de la historia se convierte en el principal punto fuerte junto a los efectos especiales, mucho mejores de lo esperado gracias a la experiencia del director en el campo del maquillaje de FX. Paralelamente tenemos la subtrama del cardiotráfico —sí, no es broma—, desarrollada de forma muy básica y que se conecta en varios puntos con el misterio central de manera tan inverosímil como inexplicable —esto último es literal, ya que en ningún momento intentan explicar estas desconcertantes conexiones—. El ritmo del filme es poco acelerado pero sin pausa, lo que permite que no se haga pesada y sea bastante entretenida pese a que los 105 minutos de duración puedan parecer a priori excesivos para lo que se quiere contar, mientras que las interpretaciones de Aden Young y Julia Sarah Stone cumplen por encima de la media en este tipo de producciones low-cost rodadas en Canadá.

PD: Aunque no me parece una maravilla, The Unseen sí se merece un aplauso en cuestiones de visibilidad, ya que la ex-mujer del prota está en una relación con otra mujer y se considera algo totalmente normal. Bravo.

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Let Her Out

En la segunda parte de esta sesión doble se entró algo más en terreno terrorífico con la producción Let Her Out, la cual se centra en una joven mensajera llamada Helen, quien al tener un accidente de tráfico empieza a sufrir episodios de pérdida de memoria, alucinaciones y comportamientos extraños. La causa de todo esto son los restos de su hermana gemela —muerta en el útero— que residen en su cerebro, los cuales empiezan a tomar control del cuerpo de Helen, poniendo en peligro a todos los que la rodean. El filme empieza con un sugerente y enfermizo prólogo que parecía mostrarnos que el largometraje de Cody Calahan no iba a estar nada mal, pero una vez entramos en la trama principal poco a poco se van rompiendo las ilusiones. La monotonía se establece como dueña de la función durante la extenuante y repetitiva primera hora, la cual básicamente narra la batalla entre nuestra protagonista y su gemela interior cada vez que esta toma posesión de su cuerpo, aunque las escenas son tan hiperactivas y ruidosas que en vez de crear tensión acaban creando molestia. Y si hablamos de algo repetitivo no podemos dejar de mencionar las innecesarias transiciones a base de planos nocturnos de la ciudad, cuya función más allá de servir como salvapantallas no consigo averiguar. Con todo esto, cuando llega el clímax y las pinceladas de body horror y gore —un poco falso en algunas escenas— empiezan a hacer acto de presencia la cinta mejora un poco, pero ya es demasiado tarde y el interés por el desenlace es nulo.

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Under the Shadow

Para cerrar este primer artículo os hablaré de la candidata británica al Oscar a Mejor película de habla no inglesa: Under the Shadow, una de las películas de terror que más ganas tenía de ver este año por culpa de las entusiastas opiniones que recibió tras su paso por Sundance hace ya diez meses y que, por suerte, he podido recuperar en Molins tras habérmela perdido en la pasada edición de Sitges. La ópera prima —sí, otra— de Babak Anvari nos lleva al Teheran post-revolucionario, durante la década de los ochenta y en plena guerra entre Irán e Irak, la denominada Guerra de las ciudades. Es en esta ambientación donde seguimos el día a día de Shideh y Dorsa, madre e hija, quienes se niegan a abandonar su domicilio e intentan aguantar los coletazos del conflicto armado mientras unas misteriosas presencias las acechan en su propia casa.

Así para empezar, voy a afirmar que Under the Shadow es, sin duda alguna, uno de los largometrajes de terror con los que peor lo he pasado en este 2016. Y es que una atmósfera inquetante y tensa se va instaurando en el hogar familiar a medida que pasan los minutos, rompiendo la calidez diürna que los colores de las paredes y los muebles logran transmitir en un primer momento. El director de origen iraní sabe muy bien cómo combinar diferentes tipos de terror, desde el generado por la inminente amenaza bélica, con la constante sensación de incertidumbre previa al próximo ataque militar, a algunos elementos del terror propiamente sobrenatural que en este caso aprovechan la mitología propia de la cultura árabe, desembocando todo finalmente en algo tan primario y común como los miedos infantiles y maternales. Pero lo más importante del filme no es tanto el terror más cinematográfico, si no el real, porque si ahondamos en las capas que tiene este largometraje nos damos cuenta que a través de la protagonista, la cual está brillantemente interpretada por Narges Rashidi, somos testigos del contexto sociocultural del momento y el lugar. En la película esto se traduce en presenciar el estigma que sufrieron —y sufren— tanto los ciudadanos con ideas poco afines a las de las altas esferas como, sobre todo, las personas de sexo femenino. El retrato que se hace de la condición de mujer en una sociedad islámica de hace treinta años, empezando por las exigencias de vestuario y siguiendo por la constante puesta en duda de sus capacidades, es desolador y muy indignante a los ojos del espectador occidental de hoy en día, algo que bien puede servir para crear debate y como una denuncia hacia las actitudes extremadamente machistas que dan lugar actualmente en países árabes. En definitiva, Under the Shadow es de los títulos de género más imprescindibles no solo de este año, sino de todo lo que llevamos de década.

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