Festival de San Sebastián 2015 | Día 2

Prometía ser intenso este segundo día en el Festival de San Sebastián. Con citas como Sicario (y su rueda de prensa), Mi gran noche o El club en nuestros horarios, nos aventuramos hacia una nueva ración de cine que se las prometía. Por fin podríamos ver la nueva creación de Villeneuve, y ver a Emily Blunt y Benicio del Toro en persona, al igual que descubrir si Yo, él y Raquel era tan buena como el festival de Sundance había dictado. Cogimos nuestras mochilas, llenas de provisiones para pasar el día, y nos aventuramos a ver lo que a continuación os desglosamos.

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SUNSET SONG

por Daniel Escaners

Hay algo frío, distante, que no me permite disfrutar de Sunset Song (íd., 2015) tanto como supondría hacerlo poniendo sobre la mesa sus materias primeras. La nueva película de Terence Davies nos cuenta una historia de época, con un personaje femenino como protagonista de miserias y alegrías a lo largo de los años (aspectos que me recuerdan a la reciente Lejos del mundanal ruido (Far from the Madding Crowd, 2015)), apostando por un estilo teatral apoyado en un apartado visual tremendamente atractivo. La intensidad de la mayoría de las interpretaciones (destacable ella, Agyness Deyn) me transmite fuerza, me provoca cierto interés en lo que me están contando, pero al mismo tiempo me impide emocionarme con las escenas más radicales, notando los sentimientos muy lejanos: es como ver llorar a una persona que no conoces; te entristece, sí, pero a los cinco minutos es más que probable que estés pensando en otra cosa. Sin embargo, y a pesar de dicha desconexión, Sunset Song me resulta una película bien construida, agradable para la vista y con una realización destacable.

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SICARIO

por Daniel Escaners

Denis Villeneuve es probablemente uno de los mejores directores de encargo a día de hoy, y uno de los realizadores más interesantes de los aparecidos a finales de la década de los noventa. Sus últimas tres películas, Incendies (íd., 2010), Prisioneros (Prisoners, 2013) y Enemy (íd., 2013), me encantan, por lo que no era complicado que mis expectativas hacia Sicario (íd., 2015) fueran, dentro de lo comedido que intento mantenerlas, bastante grandes. Además esta vez dirigía a tres intérpretes que me gustan mucho: Emily Blunt, Benicio del Toro y Josh Brolin. Por suerte el resultado ha sido satisfactorio, un thriller de acción con ecos que nos pueden recordar a La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012), de Kathryn Bigelow, y con bastantes diferencias respecto a los anteriores trabajos del canadiense. Nos volvemos a encontrar con una atmósfera malsana y personajes intensos, pero esta vez el ritmo sigue el danzar de las pulsaciones con tal de acelerar solo en los momentos adecuados, cuando la adrenalina se dispara y la tensión sube a cotas espectaculares. Es un film más pausado de lo que me esperaba, algo no necesariamente malo, aunque me ha descolocado durante la primera media hora (después de ese prólogo que pone las cartas encima de la mesa). Las interpretaciones son buenas, la fotografía a manos de Roger Deakins es estupenda, pero el resultado general no es tan redondo como el de las tres películas anteriores de Villeneuve.

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También tuvimos el placer de ir a la rueda de prensa de Sicario, a la que acudió Blunt, del Toro y el propio Villeneuve. Fue una tanda de preguntas bastante interesante, aunque sin alejarse de lo básico y típico, y me gustaría señalar tres puntos que se dijeron en ese pequeño rato. Primero, me llama la atención la cantidad de preguntas que se le hacen a Emily Blunt (no solo en esta rueda de prensa, sino en general) sobre por qué ha decidido interpretar a “mujeres fuertes” en películas de acción. Ella, sabiamente, ha respondido que eso no se le suele preguntar a los hombres; todo dicho. Segundo, no entiendo por qué un periodista (o lo que fuera) le ha preguntado a la actriz por la rumoreada intención de la Casa de las Ideas para ficharla como Capitana Marvel. Ella, sabiamente, ha dicho que no sabe de dónde se ha sacado eso y que de momento no puede decir nada más; todo dicho. Y tercero, un periodista (o lo que fuera, pero más espabilado que el anterior) le ha preguntado a Benicio del Toro sobre las conversaciones que está teniendo con Víctor Erice para una posible nueva película del director español. Él dice que le gustaría, pero que quién sabe; en definitiva, todo dicho.

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YO, ÉL Y RAQUEL

por Daniblacksmoke

No sé por qué exactamente pero Yo, él y Raquel (Me and Earl and the Dying Girl, 2015) me llamó la atención desde el momento en que supe de ella. Es una de las numerosas Perlas que el festival de San Sebastián nos trae este año y viene de ganar a Mejor Película y el Premio del público en Sundance. En un primer momento la cinta entra por los ojos del cinéfilo gracias a los geniales homenajes al séptimo arte, ya sea mediante conversaciones o por las cachondas películas caseras que los protagonistas hacen a modo de parodia. Pero eso es solo la superficie del filme; realmente estamos ante una dramedia adolescente indie que tiene muchas cosas que contar y que precisamente utiliza a su favor los típicos elementos de este género. Desprende mucho encanto y es tan entrañable como divertidísima. Los personajes son bastante pintorescos, no se salva ni uno. Aunque pensándolo mejor, la película es una rareza detrás de otra; en el buen sentido, claro está. Alfonso Gomez Rejon (director de numerosos episodios de Glee y American Horror Story) dirige con bastante agilidad y originalidad una de las mejores películas que llevamos vistas en el Festival.

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MI GRAN NOCHE

por Daniel Escaners

Álex de la Iglesia, Raphael, Mario Casas (con pelazo) y muchísimas caras conocidas del cine y la televisión de nuestro país nos prometían una fiesta con Mi gran noche (íd., 2015), una película que pretendía venderse como desenfadada y loca, en la línea de varias de las creaciones de su director. Y bueno, desenfadada y loca es, pero eso no la salva de la más absoluta quema. Mi gran noche es una comedia histérica (no he encontrado ni un plano que dure más de cinco segundos) llena de personajes que van de aquí para allá y gritan mucho para hacerse oír en un enorme tsunami de vergüenza ajena. El humor no conecta conmigo, no hay ninguna trama que me interese y la mayoría de los actores están terribles, a pesar de que el papel de Raphael y las maneras de Mario Casas amenazan con permanecer en la memoria (para bien y, sobre todo, para mal). Mucho maquillaje, mucho baile y mucha intención de ser una comedia “para el pueblo”, pero el resultado final se queda en lo insoportable.

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EL CLUB

por Daniblacksmoke

Con El club (íd., 2015), Pablo Larraín se desmarca definitivamente de su “trilogía” situada en la dictadura de Pinochet para pasar a su proyecto más oscuro hasta la fecha. El club al que hace referencia el título es un cuarteto de curas retirados forzosamente (por motivos que no revelaré) y que conviven en una casa para purgar sus pecados. La perversión del relato se va acentuando progresivamente en el metraje cuando vamos siendo testigos del comportamiento y actitud de cada uno de ellos y los que le rodean. La tesitura de Larraín es valiente al tirar la piedra y no esconder la mano; esto se hubiera censurado en otra época. La crítica social hacía la iglesia católica, o mejor dicho, a su lado más turbio es profunda, elaborada y con una visión madura. Sus personajes están llenos de matices, son una verdadera gama de grises. Del reparto sobresalen el siempre entregado Alfredo Castro -un habitual en el cine del director- y Roberto Farías como el inolvidable Sandokan. No entiendo las risas del público en algunos momentos que son puro drama, hay humor negro sí, pero tampoco nos pasemos.

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