Festival de San Sebastián 2015 | Día 7

Nuestro séptimo día comenzaba algo más relajado, con la obligación de madrugar pero sin las prisas de la primera película correspondiente. Nuestro desayuno se vio acompañado por el photocall y posterior rueda de prensa de Freeheld, a la que acudió nuestra querida (¿ese es el adjetivo?) y admirada (¿seguro que…?) Ellen Page. Se la veía incómoda, tímida, se le nota que eso de que todo el mundo le esté haciendo fotos no es muy de su rollo. También es bajita, pero eso supongo que ya lo sabéis. En cualquier caso, y después de este apacible bostezo, comenzó nuestra verdadera jornada.

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EL CLAN

por Daniblacksmoke

En El clan (íd., 2015) nos hacen partícipes de un thriller criminal basado en unos hechos reales de lo más interesante. El material original del que dispone hubiera dado para una cinta redonda de ser tratado como la historia se lo merecía, con crudeza y sobriedad. Pablo Trapero no consigue transmitir eso del todo y se deja llevar en muchos tramos por el abuso de música buen rollera a lo Scorsese (del que bebe mucho aquí) y le acaba pasando factura. Por otro lado, El clan está dirigida con una soltura y habilidad que asombra. Mención aparte es el envidiable uso y afán que los directores latinoamericanos hacen de los planos secuencias, en esta producción hispano-argentina no iba a ser menos. Del reparto sobresale Guillermo Francella, que consigue de su interpretación de Arquímedes Puccio uno de los personajes cinematográficos del año; hipócrita, patriarca y manipulador. La dinámica de la familia es bastante convincente y atractiva, y -aunque con obvias distancias- en cuanto a su temática me recuerda algo a Los SopranoUna película bastante recomendable, entretenida y con una historia de la que era inevitable llevar a la gran pantalla. Un año más El deseo produce con gran acierto la que con casi toda seguridad es la película argentina del año.

EL HIJO DE SAÚL

por Daniel Escaners

Nos han contado muchas historias sobre y en el Holocausto, desde ambos lados, desde arriba y abajo, en el centro y para adentro, pero pocas son tan únicas como la que nos presenta El hijo de Saúl (Saul fia, 2015), la ópera prima de László Nemes. Y no porque lo narrado difiera en exceso de lo mostrado en otras obras o tenga una sensibilidad especial a la hora de tratar la “vida” en un campo de concentración, que la tiene a pesar de no ser original (tampoco lo necesita), sino que es la forma de presentarlo, su apartado artístico, su apuesta visual, lo que la distingue de prácticamente todo lo visto en la materia. Apoyado en numerosos planos secuencia cuya planificación parece ir en contra de los prejuicios vinculados habitualmente a las óperas primas (no se atisba ni el más mínimo signo de torpeza), la cámara tiende a apoyarse en la espalda del protagonista para acompañarle (para que le acompañemos) a lo largo de los sucesos, de los lugares, de las tragedias. El uso del desenfoque consigue una atmósfera onírica que choca con la inevitable realidad: la película es consciente de que conocemos los hechos que acontecieron en dichos campos de concentración, y se decide a sugerir más que a enseñar, a jugar con el sonido y la imagen para incomodarte y trasladarte a ese espacio. Quizá emocionalmente no me gane del todo (más por la línea argumental principal que por el contexto), pero El hijo de Saúl es una película única, fascinante y digna de ser analizada y discutida. De lo mejorcito de este Festival de San Sebastián.

UN DÍA PERFECTO PARA VOLAR

por Daniel Escaners

Estoy muy interesado en las películas consistentes en dos únicos personajes hablando, siempre y cuando, claro, se hagan bien. Si la haces, metiéndote en el jardín que supone jugar con solo dos piezas en un complicado tablero, estate seguro de que va a salir algo decente. A eso apuntaba en sus primeros minutos Un día perfecto para volar (Un dia perfecte per volar, 2015), de Marc Recha, una película pequeña y sencilla de apenas setenta minutos que, por desgracia, parece durar la prohibida eternidad. La naturalidad y sencillez de la que hace gala en sus secuencias iniciales van desapareciendo a medida que avanzan los segundos, convirtiendo cuentos en relatos épicos interminables e instantes íntimos en comparsas que buscan un componente entrañable que se acaba tornando en forzado. Me llama la atención su fugaz reflexión sobre el poder de la imaginación, pero el (terrible) giro final me confirma que Un día perfecto para volar habría sido interesante de tratarse de un cortometraje. Llamativo y, en mi opinión, algo sangrante que compita en la Sección Oficial de un festival como este.

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NO ESTAMOS SOLOS

por Daniblacksmoke

Sabía a lo que iba, no sé qué me esperaba que fuera esto. No estamos solos (íd., 2015), el nuevo documental de Pere Joan Ventura, es toda una  galería a lo largo de diferentes puntas de España de personas involucradas de una forma u otra a la protesta política y social de las barreras que nuestro queridísimo gobierno lleva años poniendo a costa de la dichosa crisis. El documental está producido por El gran Wyoming, imagino que algo tendrá que ver que su libro sea homónimo al título de esta cinta. Técnicamente no es nada del otro mundo, un documental cualquiera en el cual todo su peso reside en su mensaje y el tema principal que trata. Algunos de los variopintos personajes, asociaciones y fechas señaladas ya me eran conocidas, con otras me he llevado una grata sorpresa (como ese surrealista cante protesta de flamenco en plena sesión del parlamento andaluz). Las canciones elegidas le pegan mucho y son bastante decentes, poco más puedo añadir. Muchos dicen que es el típico documental que pondrían por la tarde en La 2, pero amigos, me temo que esto no lo emitirán en la pública en mucho tiempo.

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