Festival de San Sebastián 2016 | Día 3

Tercer día en el festival de San Sebastián, habiendo descansado más que el día anterior y enfrentándonos a un tiempo algo más apacible. Tocaba una jornada completa, de cinco películas cada uno (cuatro en común, dos por separado) y, sobre todo, con una tarde que prometía traernos alegrías con los nuevos trabajos de Mia Hansen-Løve, Rodrigo Sorogoyen y Paul Verhoeven. Debido a esto, que no hemos parado en todo el día, hoy no nos ha dado a grabar el podcast, pero lo hemos solucionado con la decisión de hablar de estos filmes en el programa de mañana, juntando los dos días y, claro, haciéndolo algo más largo. Por ahora, hablemos de lo visto.

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Nocturama

por Daniel Cabo

Empezábamos la jornada con una de las películas más esperadas del festival, la nueva obra de Bertrand Bonello, Nocturama, que tuvo el dudoso honor de protagonizar numerosos titulares cuando no fue presentada en Cannes después de los atentados terroristas ocurridos en Francia. Y he ahí el punto de partida del filme: un grupo de jóvenes franceses se mueven por la capital gala con intención de causar el pánico instalando y posteriormente detonando diversas bombas a lo largo de la ciudad. Una trama atrevida y controvertida en este momento, desarrollada por Bonello en dos partes bien diferenciadas: la primera, en la que se nos narra la preparación de los ataques, y la segunda, desarrollada íntegramente dentro de un centro comercial cerrado a altas de la noche donde el grupo de jóvenes esperan a que el ambiente se calme después de las correspondientes explosiones. Mi problema con Nocturama, más allá de una frivolidad buscada y un final discutible (aunque seguramente los defensores de la moral lo tacharán de injusto sin apenas pararse a pensar en el tratamiento de los personajes ni un segundo), es que una vez superado el primer tramo, interesante ya solo sea por el factor anticipación, la película se me cae. No entiendo por qué Bonello se entretiene tantísimo en mostrar las tonterías del grupo en el centro comercial, convirtiendo la segunda mitad en una continua sucesión de momentos ridículos que, sinceramente, no sé muy bien qué aportan al discurso que parecía trazarse en un inicio. Bien rodada, sí, pero con mucha menos fuerza y mucho más difusa de lo deseable.

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My Life as a Courgette

por Daniel Pérez-Michán

Hay veces que no le pides mucho a una película cuando te sientas en una butaca. My Life as a Courgette es justo lo que esperaba de ella, una cinta simpaticona y cortita a la que no le pedía más. Se deja ver, que no es poco. Volvemos a encontrarnos, al igual que ayer, con un debutante en la dirección de un largometraje animado, aunque Claude Barras —al igual que Michael Dudok de Wit— llevaba años curtido en el mundo del cortometraje. Esta cinta suiza (seleccionada, por cierto, para representar a su país en los Oscar por Mejor película de habla no inglesa) se muestra ya desde los primeros minutos en una modesta linea entre lo entrañable y lo perturbador. Entrañable por como consigue jugar con los personajes y las peculiaridades de cada uno a través de algunos running gags (que a veces se hacen demasiado pesados). El mayor problema es que no hay nada nuevo aquí; todo lo mostrado en My Life as a Courgette lo hemos visto ya en mil y una película. ¿Pero, y de donde me saco lo de perturbadora? Es que la historia muestra signos algo turbios (es lo que pasa cuando tratas la historia de un grupo de niños huérfanos) como la muerte, las drogas o el sexo pero todo de una forma muy naíf; ha sido extraño encontrarme con estos temas en una producción que creía estar destinada a un público puramente infantil. El stop motion de la película es algo precario, quedándose a años luz de otras coetáneas a esta como Kubo y las dos cuerdas mágicas, y aún así el regustillo a artesanía siempre se agradece. My Life as a Courgette tiene el honor de ser la primera película de lo que llevamos de festival que personalmente se queda en un término medio. Lo que decía, simpaticona.

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El porvenir

por Daniel Pérez-Michán

Mi experiencia este verano viendo la filmografía de Mia Hansen-Løve no ha sido todo lo satisfactoria que me hubiera gustado. Me gusta el tipo de cine que hace pero nunca llego a conectar plenamente con lo que quiere contar. Sin embargo Todo está perdonado, y sobre todo, Edén: Lost in music son las obras que más disfruto de la francesa. Con el precedente de su anterior película, a la par que las buenas críticas desde Cannes, hacían de El porvenir un proyecto de lo más atrayente. Y aquí estamos, ya hemos podido verla. Con El porvenir, desgraciadamente, también he sentido que no he conectado con ella, como si le faltara algo (aunque no sepa muy bien el qué). A pesar de todo en su última película encontramos la dirección más madura y atenta que nos ha dado en estos casi diez años en activo la directora francesa. En esta nueva historia, Hansen-Løve nos hace seguir una etapa convulsa en la vida de una profesora de filosofía que va viendo cómo todas las facetas de su vida entran en crisis y cómo afronta esto. Siendo un tema que de partida no me cautiva excesivamente tiene mérito que me haya acabando convenciendo. Como no podía ser de otra manera, en esta cinta la narración contiene las ya características y peculiares elipsis de la directora, que mantiene el pulso para contar esta historia tan sencilla a través de lo sutil para acercarnos hacia los sentimientos del personaje principal. Esta protagonista es encarnada por Isabelle Huppert, una actriz que lleva una racha tremenda de buenas películas (como El amor es más fuerte que las bombas y Elle; de la cual hablamos en este mismo artículo), y que consigue encajar muy bien dentro del personal estilo de Hansen-Løve. Aunque a veces noto el ritmo de El porvenir algo difuso y se me hace pesada en según que tramos, me parece un filme de lo más interesante y con mucho que rasgar en ella. Mención especial para esa última escena, más concretamente su último plano, que deja tan buen sabor de boca que parece amargo, de lo breve que se hace.

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La idea de un lago

por Daniel Pérez-Michán

Una alegría poder haberme estrenado ya este año en Horizontes Latinos, una sección que el año pasado funcionó extremadamente bien con películas como El abrazo de la serpiente, El club, Chronic Paulina. En esta ocasión veo basante complicado superar el nivel de calidad que estableció la sección en 2015, aunque para mi sorpresa, La idea de un lago es una película que no tiene nada que envidiar, merece estar aquí. Habiendo cosechado ya un buen número de críticas positivas por su estreno en el festival de Locarno, no ha sido hasta el primer pase de la película aquí en San Sebastián cuando el boca-oreja ha crecido de forma exponencial. La idea de un lago presenta una historia llena de sensibilidad, un viaje emocional a dos tiempos que nos conduce a través de una reconstrucción de recuerdos lejanos. Milagros Mumenthaler es sin duda uno de los nombres que me llevo apuntados a casa desde Donostia, tanto para ver su corta carrera hasta ahora como para tenerle un ojo puesto en el futuro. La idea de un lago rebosa cine y es solo su segunda película. Si tienen la ocasión, no se la pierdan.

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Que Dios nos perdone

por Daniel Cabo

Como persona a la que le gustó Stockholm, tenía bastantes ganas de ver qué tenía preparado Rodrigo Sorogoyen para su segundo largometraje, que prometía ser superior en presupuesto y escala. Mientras que en su ópera prima nos encontrábamos con una trama sencilla y minimalista que narraba el encuentro (y desencuentro) entre dos personas que se conocen una noche cualquiera, Que Dios nos perdone nos sumerge en un thriller que narra las vicisitudes de dos policías en busca de un asesino en serie que está actuando durante la visita del Papa a Madrid. Sorogoyen se atreve con un género alejado al de su debut, y sale victorioso en la jugada: Que Dios nos perdone no deja de ser un policíaco más, con sus coincidencias cuestionables y sus personajes arquetípicos, pero con la personalidad de un director capaz de darle fuerza a sus imágenes, de inyectar costumbrismo español a un caso policial que, sobre el papel, se podría haber realizado en cualquier otro país, pero que se siente muy de aquí. Me molesta ligeralmente que la apuesta formal de los primeros compases apueste por una construcción de espacios claustrofóbica y a medida que avanza el metraje se vaya perdiendo, pero aun así, a pesar de una segunda hora algo más previsible y con menos grandes momentos, es una película que no deja nunca de funcionar. Gracias, también, a las interpretaciones de un genial Antonio de la Torre (¿cuándo no lo está?) y, sobre todo, Roberto Álamo, todo fuerza y carisma. Un nuevo ejemplo del buen año que está viviendo el cine español.

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Elle

por Daniel Cabo

Paul Verhoeven, director de películas tan aclamadas como Instinto básico, Desafío total o Robocop, vuelve a la gran pantalla con Elle, una mezcla de drama, thriller y comedia negra centrado en una mujer, sus turbias fantasías y el no demasiado idílico entorno a su alrededor. Había especiales ganas de verla por las geniales críticas que ha recibido allá por donde ha pasado y, claro está, por el hecho de tener a Verhoeven al frente, un director que, para mí, no ha firmado ninguna obra maestra, pero que siempre me ha interesado y entusiasmado a nivel formal. No hace películas redondas, pero siempre tienen elementos que analizar y discutir. Y Elle no iba a ser menos: el director neerlandés nos sumerge en un mundo turbio lleno de violencia, sexo y lenguas viperinas con una habilidad impresionante (recordemos que también es el autor de esa obra denostada, pero que disfruto un montón, llamada Showgirls). A pesar de un último tramo quizá algo reiterativo, Elle es una película siempre impredecible y capaz de salir por lados que ni pensabas que existían, a menudo con un humor negro (negrísimo) que nos regala escenas hilarantes. No deja de ser oscura y turbia en su contexto, pero el humor ayuda a que lo digiramos cual película ligera. Y si algo hace de Elle una película tan genial, aparte de por su director, eso es la interpretación de su protagonista, una Isabelle Huppert estelar que se atreve con un papel complicado por sus numerosas facetas. Un despliegue espectacular para un filme fantástico.

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