Festival de San Sebastián 2016 | Día 5

Esta edición del festival de San Sebastián está teniendo un nivel muy alto en cuanto a películas españolas se refiere. No todas nos han convencido, como la desaprovechada Colossal de Vigalondo, pero sí la mayoría, y unas cuantas de una manera muy contundente. Una de las mejores, o quizá la mejor, es la que hemos visto hoy, una genial ópera prima que ha supuesto toda una sorpresa y una muestra del talento por descubrir en nuestro país; y de una directora, lo cual nos alegra incluso más. También hemos visto el nuevo trabajo de François Ozon, además de una nueva integrante de la Sección Oficial y una recopilación de cortos. No hemos podido grabar el podcast diario correspondiente por problemas de horario, que tenemos que madrugar mucho, pero evidentemente, como ya hicimos la vez anterior, mañana tendréis comentadas en formato audio tanto los filmes de hoy como los de la siguiente jornada.

000070-26559-16602_asyouare_still2_-_h_2016

As You Are

por Daniel Cabo

Hace unos días comentaba de The Oath que me parecía incomprensible la decisión de incluir una película así en la Sección Oficial de un festival, en teoría tan importante, como es el de San Sebastián. Cómo una obra tan intrascendente y visiblemente deficiente podía ganarse un sitio en una sección como esta. En cualquier caso, vuelvo con malas noticias bajo el brazo: As You Are es uno nuevo ejemplo de que la Sección Oficial no está teniendo, ni de lejos, una de sus mejores ediciones. Como ya ocurrió con Little Men, otra muestra de la mala selección de este año, nos encontramos ante un drama indie que nos narra la relación entre tres amigos, sus problemas en casa y sus conexiones y desconexiones entre ellos. Temas en principio interesantes, con una presentación relativamente convincente, que sin embargo pronto se trunca en uno de los peores tratamientos de la materia que he visto en muchísimo tiempo. Y si a la hora y media de película parece que el barco no puede hundirse más, llega un último tramo tan demecialmente bochornoso, tan ridículo, tan mal narrado, que poco más puede hacer que considerar As You Are como un insulto tanto a los temas tratados como al público que ha tenido la desgracia de verla. Interpretaciones mediocres y un lamentable uso de la música completan el cuadro. El “¡Buh!” que ha sonado en la sala nada más aparecer los créditos resume bien la sensación que se te queda tras haberla visto. Un despropósito.

sin-titulo

Kalebegiak

por Daniel Pérez-Michán

Si una ciudad española se merece que le hagan una película homenajeándola, esa es San Sebastián. Gracias a una propuesta de ‘San Sebastián 2016 Capital Europea de la Cultura’ se ha gestado Kalebegiak, un proyecto colectivo compuesto por doce cortos que se inspiran y/o se han rodado en la ciudad, cada uno encabezado por un director donostiarra. Como en cualquier película de estas características (ahora mismo la que más recuerdo es Paris, je t’aime, que también tiene como eje central una ciudad europea; así como películas tan dispares como Chacun son cinéma, que celebraba los 60 años del festival de Cannes o The ABCs of Death) toma el riesgo de que la cantidad acuchillé a la calidad. Estas películas son muy irregulares, y Kalebegiak no podía ser menos. Me centraré principalmente en aquellos cortos que me han parecido más decentes. Iralia, con el que abre la película, es el segmento que dirige Asier Altuna (el director de Amama) junto a Telmo Esnal. Nos cuenta una breve historia de un solo personaje, sin apenas diálogo pero muy conciso con su mensaje y bastante apoyado en la fuerza visual que, como ya comprobamos en la pasada edición del festival con su película, es uno de los puntos fuertes de Altuna. Luego también destacaría muy por encima el corto documental de Imanol Uribe, La casa del frío, que se aleja de su cine particular y cuenta un problema social y muy real que se vive San Sebastián en particular pero que se puede extrapolar a todas las ciudades en general. Luego hay algunos cortos que me han llamado la atención a ratos pero que no terminan de calarme, como es el caso del curioso Los Angeles Observer (Luiso Berdejo) o la locura animada de Kutxa Beltza (Isabel Herguera y Izibene Oñederra). Por otro lado, hay algo más de un par de cortos mediocres que no ayudan en nada a tomarse en serio la película, como el ridículo e innecesario Narciso, de Koldo Almandoz y La ballena real, de Julio Medem, rebosante de pomposidad. Y he querido dejar para el final el que sí que me parece, con suma diferencia, la mejor historia breve con la que cuenta la película, el corto dirigido por Borja Cobeaga (con Diego San José al guión): Bidexka. Si podéis verlo sin tener que tragaros algún que otro disgusto pues casi que mejor.

maria-y-los-demas-largometraje-2

María (y los demás)

por Daniel Pérez-Michán

Es un pena que, como ya hemos estado comprobando estos días, haya que salirse de la Sección Oficial para encontrarse con buenas películas en el festival de San Sebastián. Hay casos, como en María (y los demás), que no solo da pena sino también rabia. Porque una película como esta necesita una proyección mayor de la que ha tenido, y, por qué no, haber concursado por unas Conchas de Oro y Plata que no están nada claras teniendo medio festival recorrido a estas alturas. María (y los demás) la hemos podido ver, y de milagro, entre la selección de la arriesgada sección Nuev@s director@s. Una sección que personalmente frecuento poco a no ser que a lo largo del festival una película en concreto vaya generando una buena masa de criticas positivas, como en este caso. Nely Reguera, la directora del filme, tiene el dudoso honor de ser la única española en esta edición de todo Nuev@s director@s. Hasta ahora, es una de las películas de esta sección que más culto está generando entre la crítica.

Con su ópera prima, Reguera se saca de la manga a un personaje principal interesantísimo, a medio camino entre Bridget Jones (sin ser tan histriónica) y Frances Ha (sin ser tan estridente) pero con un estilo muy propio. Este personaje es María, que tiene que afrontar esa imagen de haber estado en segundo plano toda su vida que se ha forjado ella sola, las relaciones con su entorno y consigo misma, y cómo le afecta todo esto. A pesar de los problemas en la producción y con el poco dinero con el que se ha hecho, María (y los demás) cuenta con un reparto de lo más llamativo, encabezado por una cautivadora Barbara Lennie. Sin ella, el personaje de María se reduce a cenizas. Lennie consigue aquí, quizás, el cenit de su carrera hasta ahora. Me conquista con una interpretación desbordante en la que consigue, con una facilidad tremenda, conectar con el espectador tanto a pequeña escala (un gesto, un cambio de tono en la voz, una pausa…) como en los elementos más palpables (sus diálogos, su presencia en pantalla, sus repentinos cambios de humor…). El guión, escrito por la propia directora (en colaboración, según los créditos, con otras cuantas personas), está muy medido y consigue embaucarte en la pequeña pero a la vez gran aventura que es la vida de María. Una vida con desaciertos, falsas ilusiones, momentos de diversión y situaciones incómodas. Una vida real al fin y al cabo. María (y los demás) es, en definitiva, una obra inteligentísima, llena de fuerza y que irradia realidad, una que quizás no todos compartan pero que sí existe. Nely Reguera tiene una carrera por delante muy prometedora, debutando a lo grande en esta edición del SSIFF con una de las mejores óperas primas de los últimos años y una de las mejores películas de todo 2016.

frantz_03

Frantz

por Daniel Cabo

Desde que vi Joven y bonita y posteriormente exploré la filmografía reciente de François Ozon, me di cuenta de que estaba ante uno de los cineastas (franceses y, quizá, en general) más interesantes de la actualidad. Es un director muy inteligente, te das cuenta de ello viendo sus películas y escuchándole hablar; siempre sabe dónde colocar la cámara, como moverla, cómo jugar con la estructura narrativa y, especialmente, cómo sacar lo mejor de sus intérpretes. Frantz es su nueva obra, un relativo punto y aparte a lo que ha venido haciendo estos últimos años, situándonos al final de la I Guerra Mundial en un pequeño pueblo alemán donde un joven francés visita a la viuda de un soldado caído en combate. Una historia de personajes, sencilla en su desarrollo y con bastantes matices emocionales, además de claramente dividida en dos mitades marcadas por la situación geográfica. Nos encontramos en Frantz con el Ozon más clásico, más sobrio, lejos de las florituras de En la casa y centrado en contar con gran elegancia las relaciones entre los distintos personajes. En ese sentido podríamos considerarla una de las obras más maduras del cineasta, además de otra muestra del talento para ocultarse detrás de diferentes estilos y, a su vez, mantener un alto nivel en la narración. Sin embargo, siento que lo que se cuenta no tiene la fuerza necesaria, o no me llega en exceso, además de mostrar una alarmante falta de ideas en una segunda mitad mucho menos inspirada e incluso innecesariamente larga. Mientras veo Frantz tengo la sensación de estar ante un filme exquisito en muchos sentidos, realizado con elegancia y cariño, pero a su vez lo único que siento es frío, no producen nada en mí los dramas de los personajes, lo noto lejano. Aplaudo su belleza (esa fotografía en blanco y negro es muy bella, y el recurso de contar ciertas escenas en color, aunque con intenciones cuestionables, funciona), aplaudo sus interpretaciones, aplaudo que Ozon se pruebe a sí mismo y no se acomode; sin embargo, aplaudo desde la distancia.

Comentarios