Festival de San Sebastián 2016 | Día 6

Podríamos ponernos de acuerdo en que esta sexta jornada del festival de San Sebastián 2016 no ha sido, para nosotros, la mejor que hemos vivido, ni de lejos. Sobre todo porque empezábamos con una decepción considerable, un filme al que teníamos ciertas ganas y que se ha convertido en uno de los mayores fracasos, en relación pretensiones/resultado, de lo que llevamos de edición. Pero bueno, ahora hablaremos de lo nuevo de Bayona. Y claro, lo prometido es deuda: aquí tenéis el podcast en el que hablamos tanto de los filmes de ayer como de los vistos en la jornada de hoy. Nosotros, de momento, no nos movemos de la butaca.

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Un monstruo viene a verme

por Daniel Pérez-Michán

La primera en la frente. Ante una sala a rebosar en el Kursaal, con un público al que parece que le ha encantado (por los vítores y una larga ovación al final), hemos visto Un monstruo viene a verme, la primera decepción del día. Hay muchas formas de emocionarte con una película, pero no he llegado a ninguna de ellas por las vías que construye aquí J.A. Bayona. Y he empezado por este tema porque no se ha parado de hablar desde su primer pase de lo extremadamente lacrimógena que es. Y bueno, no sé, será que yo lloro con otras cosas. En varias ocasiones es reiterativa, sobre todo cercana al final, explotando al máximo todos los recursos posibles para hacer que el espectador llore. Pero es, quizá, esa artificialidad la que me echa para atrás; veo la jugada de Bayona desde kilómetros y me saca de la propia película. Sin querer sonar peyorativo, Un monstruo viene a verme es puro “cine de señoras” (los comentarios como: “es que es muy bonita” los hemos escuchado más de una vez a lo largo de la proyección), y si le dan mucho bombo, que creo que ya le están dando demasiado, lo puede petar de una forma suprema. Además, va a estar en cartelera cuando llegue la Fiesta del cine a finales de octubre, blanco y en botella. Personalmente quería que me gustase, Lo imposible es una cinta que disfruto, con la que entro como debo de entrar en su juego y conecto con ella y sus personajes. Aquí ha costado mucho más. El principal problema que tengo con Un monstruo viene a verme —imagino que por culpa de la novela original en la que se basa— es que el eje central de su trama me repele (todo el tema del monstruo, precisamente), porque desde que de un principio sabes que todo lo que ocurra con eso no va a tener consecuencias… hace que no me involucre con ella. A pesar de ello, es en esta trama donde se encuentran dos pequeños fragmentos de animación (que funcionan como cortos en sí, al igual que pasaba con El cuento de los tres hermanos en la penúltima de Harry Potter) que puede que sea lo más satisfactorio de todo el filme. También tengo la sensación de que aquí el reparto (Sigourney Weaver, Felicity Jones…) está algo desaprovechado, aunque Lewis MacDouggall, el niño protagonista, cumple con las circunstancias.

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Sieranevada

por Daniel Cabo

Nos enfrentábamos a una de las películas más esperadas de Festival de San Sebastián, la nueva obra de Cristi Puiu, Sieranevada, que compitió en la Sección Oficial de la última edición de Cannes y fue aplaudida por gran parte de los críticos asistentes. Una cinta rumana de casi tres horas, lo cual ya, de primeras, da bastante respeto, que nos narra una comida familiar organizada en honor y memoria de uno de los miembros, recientemente fallecido. Esta premisa, en principio bastante convencional, le sirve a Puiu para construir un retrato total de la sociedad rumana, de las inquietudes, temas candentes y preocupaciones banales que gente normal, de la calle, tiene en su día a día. Las múltiples conversaciones que van salpicando el metraje se sienten muy reales, y de hecho no cuesta en absoluto situarlas en tus propios recuerdos personales porque quién no ha estado en la típica comida familiar en la que se discute de política y se alzan los niveles de cuñadismo hasta el extremo. La forma de rodar del director también ayuda a darle naturalidad a lo que se cuenta, con una cámara fija que se mueve en paneos y nos permite observar, casi como alguien que está allí (o como alguien que no lo está, es decir, poseer el punto de vista del propio fallecido), lo que está ocurriendo en el piso, localización en la que se desarrolla prácticamente toda la historia. Mi principal problema con Sieranevada, que ya adelanto que me parece una película muy loable y tremendamente interesante, es su propia naturaleza, y es que al querer contar gran parte de un día (casi a tiempo real) y saltar de personaje en personaje el conjunto se me vuelve muy disperso y, debido a ello, irregular. En algunas escenas estoy muy involucrado e interesado en lo que se habla, y en otras (la mayoría, quizá) las veo desde cierta distancia y con frialdad. En cualquier caso, ha sido un visionado estimulante, es una película que no descarto en absoluto volver a ver y ha supuesto, en definitiva, lo mejor que hemos visto hoy.

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Snowden

por Daniel Pérez-Michán

En Snowden, Oliver Stone intenta devolver su cine hacia aquel grupo de obras por las que se hizo un referente, películas sobre grandes eventos o figuras clave de la historia norteamericana reciente. Entiendo muy bien el interés de Stone por hacer una película sobre Snowden, personaje que alaba, pero el problema es que ya todos hemos visto Citizenfour, el oscarizado documental sobre el antiguo empleado de la CIA, y conocemos la historia. Si al menos le diera otra visión o lo contara desde otro punto de vista lo vería lógico, pero no es más que un cuestionable trasunto de todo aquello. Por otro lado, Stone es un cineasta que se autolimita por su propia ideología, y visto lo visto, cada vez más. No deja de ensalzar a su protagonista (sobre todo en el último tercio del filme), y eso no hace bien a nadie. Hay que plantearse cosas, posicionarse en ambos bandos por un segundo y jugar un poco con las posibles fisuras del personaje. Pero el director prefiere esconder todo esto debajo de la alfombra y hacer de Snowden EL HÉROE. No os voy a mentir, durante casi toda la película Stone me tenía ganado (dejando de lado alguna que otra ridiculez) con este curioso y naíf biopic, pero en su tercer acto todo va cuesta abajo y sin frenos, no funciona nada. Hasta le había perdonado esa afeada —quiero creer que intencionadamente— fotografía y puesta en escena. De hecho, sus diez últimos minutos son una absoluta demencia. Aún no sé si convertir el contexto y rodaje del propio documental Citizenfour en un thriller tipicorro ha sido buena idea o no. Lo que sí creo que es un acierto es Joseph Gordon-Levitt, principalmente por su registro vocal, a pesar de que haya momentos que roce la autoparodia, como la propia película. Da pena ver como un director cómo Oliver Stone, que a lo largo de su carrera (sobre todo en las últimas décadas del siglo pasado) nos fue dejando estupendos relatos americanos como JFK, Platoon o Nacido el cuatro de julio, ahora está tan de rebajas. A sus recién cumplidos setenta años creo que debería ir pensando en la jubilación, o quién sabe, lo mismo el futuro nos depara alguna sorpresa. Personalmente, disfrutaría mucho con un biopic suyo sobre Donald Trump. Pero, sinceramente, para hacer movidas tan inconstantes e irregulares como Snowden, mejor quedarse en casa.

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El invierno

por Daniel Cabo

No está siendo la mejor Sección Oficial de los últimos años, no. En un torbellino en la que son pocas las películas que se han salvado de la quema, El invierno no es una de ellas. En un ambiente rural, se nos cuenta la historia de un extranjero y su relación con el dueño de la granja en la que trabaja y el efecto que le produce el estar aislado, en la nieve, sin apenas poder ver a su familia. Un relato interesante en sus temas pero insustancial en su forma de tratarlo, con un ritmo pausado que acaba cansando y transmitiendo la sensación de que realmente no te están contando mucho. La fotografía es destacable y se hace un buen uso de los grandes paisajes nevados, pero más allá de un puñado de detalles no encuentro nada más que salvar en El invierno, una película que, como vaticinaba su título, me ha dejado muy frío.

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