Festival de San Sebastián 2016 | Día 7

Empezábamos el día quedándonos dormidos, lo cual no es tan extraño viendo el estado en el que nos encontramos. No es tanto el cansancio, que también, como este terrible constipado que nos ha cazado la semana más inoportuna. Más allá de eso, no hemos tenido un mal día en absoluto, comenzando con lo nuevo de Jonás Trueba y, por la tarde, con unas cuantas visitas al cine asiático. Ah, y de nuevo, como de costumbre, mañana tendréis podcast recopilatorio de hoy y las que veamos en la siguiente jornada. De momento, centrémonos en éstas.

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La reconquista

por Daniel Pérez-Michán

Jonás Trueba es un director que entre la crítica divide casi por partes iguales. Entre sus haters es común leer o escuchar decir que si siempre habla de lo mismo, que si pretencioso, que si pedante; y bueno. No creo que tenga que ser yo —primero, porque tampoco soy un experto; y segundo, porque no he venido a hablar de eso— el que defienda al pequeño de los Trueba como uno de los cineastas más únicos y valientes de nuestro panorama nacional. Con La reconquista, su cuarto largometraje, vuelve al cine más convencional tras sus experimentales Los ilusos y Los exiliados románticos y ha resultado ser todo lo esperado y más, aunque haya alguna que otra cosa que no me convenza del todo. Para empezar, la película se encuentra claramente marcada por dos mitades. Una primera parte, mágica y envolvente, que perfectamente ha podido ser una de las mejores horas vistas por el que aquí escribe en esta edición del festival. Y una segunda parte que funciona como contrapunto irónico de la anterior pero que la siento irregular e innecesaria. Ya que con lo contado, lo no-contado quedaba entre líneas, y en tu cabeza ya te podías hacer una idea más o menos fiel a lo que al final acaba mostrando en ese gran flashback.

Una de las cosas que más me llaman la atención de La reconquista es en como trata a sus personajes, la química que hay entre ellos. Siendo sin duda la trilogía del amor de Linklater una de las grandes influencias de toda la obra de Jonás (con especial fijación en Antes del atardecer en esta ocasión), al igual que lo es el cine francés, por el que siente verdadera admiración. Como ya hiciera en Todas las canciones hablan de mí —su ópera prima, y para mí su obra más redonda—, aquí también hay largos paseos y paradas gastronómicas y/o culturales en los que saca a relucir un Madrid que da gusto presenciar, aderezadas de referencias que van desde Leonard Cohen hasta Patricia Highsmith. Dando forma a la pareja protagonista están Francesco CarrilItsaso Arana con dos interpretaciones llenas de sutilezas, encanto y rebosantes de química conjunta. Sin olvidarme, claro está, de Aura Garrido, que en su breve aparición se come la escena y se clava directamente en tu memoria. Un problema que sí que percibo es con lo relacionado a la banda sonora y su utilización, que acaba cansando, como la secuencia del concierto, tan maravillosa como inexcusablemente extensa. Pero en definitiva, La reconquista es una película que lo tiene muy fácil para enamorar a los que abrazamos su juego (y, en parte, nos sintamos identificados en él) y que se va a dejar odiar mucho por otros que seguirán argumentando idioteces como que “chavales de quince años es imposible que escriban así” como si toda la película dependiera de algo tan insignificante. Y no, no es imposible. Esto sí que es una película bonita, y no otros pastiches que toman por bandera dicho adjetivo. Pocas obras imperfectas me han gustado tanto como La reconquista.

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Fuego en el mar

por Daniel Cabo

De cara del nuevo documental de Gianfranco Rosi, Fuego en el mar (Fuocoammare), que se iba a presentar en San Sebastián, decidí acercarme a su trabajo con su anterior Sacro GRA, un peculiar acercamiento a la vida de la gente que habita las cercanías, o el propio corazón, de la carretera que rodea Roma. Bajo una realización interesante, voyeurista, en ocasiones con apariencia de filme de ficción, acabé algo cansado de su propuesta, estimulante en según que escenas pero que se perdía en una irregularidad a menudo insoportable. Fuego en el mar es su acercamiento al drama de los refugiados, de la gente que intenta viajar desde África hasta Lampedusa en unas condiciones precarias y, a menudo, encontrando la muerte en el Mediterráneo. Así, Rosi narra algunas escenas realmente potentes, llenas de desesperación, tristeza y, en ocasiones, alegría; una ventana ante algo que quizá no tenemos tan presente como debería. Sin embargo, y como le ocurría en Sacro GRA, el documental (muy cinematográfico en sus formas) acabe cayendo en la irregularidad debido a la narración de la vida en la isla a través del día a día de un niño cualquiera. Esa contraposición, en principio útil, se acaba convirtiendo en un relato innecesario y que no complementaba al tema principal. Y es una pena, porque en general tiene algunos momentos clarividentes de una fuerza enorme.

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Your Name

por Daniel Pérez-Michán

El pase de Your Name ha sido toda una experiencia. Acostumbrados a proyecciones de películas serias de animación como La tortuga roja este año, o Anomalisa el año pasado, ha llegado esta nueva película como una de las proyecciones especiales de la sección oficial, y vaya si ha sido especial. Mentiría si dijese que no me lo he pasado bien con ella. Your Name es un drama pasteloso con todos los defectos del anime más convencional, de hecho si no fuera por su alucinante animación (de verdad, una pasada), parecería un producto televisivo algo alargado. Aunque me lo haya pasado tan bien viéndola por lo mismo que voy a criticarla ahora, me da mucha pena ver como una historia interesante y medio original se deja pisar por un sinfín de ridiculeces, reiteraciones, cambios radicales de tono y no saber tomarse en serio —lo de que haya una suerte de tres openings a lo largo del filme es demencial, sobre todo el último justo un segundo después de una parte importante de la historia—. Si Makoto Shinkai se hubiera controlado en las formas, hubiera metido tijera y rebajado la intensidad le hubiera quedado un mediometraje que ni tan mal. Pero, en cambio, Your Name es una película bastante irregular a la que siempre miraré por lo que podría haber sido y no fue.

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After the Storm

por Daniel Cabo

El año pasado Koreeda se ganó el favor del público con su Nuestra hermana pequeña, una película delicada que se caracterizaba, más que por la fuerza de su trama, por la forma de desarrollar con total naturalidad la relación entre una familia. Un año después, el director japonés regresa al festival de San Sebastián con su nueva obra, After The Storm, que nos cuenta la historia de un hombre, escritor de una única novela y ahora detective privado, que se ha separado de su mujer y no por ello quiere dejar de ver a su hijo, pensando incluso que podría tener otra oportunidad con ella. Volvemos a encontrarnos con un filme en el que la estructura del guión no sigue las pautas comunes, es decir, una historia con los puntos de giro no demasiado explícitos y centrada, como ya ocurría en la anterior película de Koreeda, en desarrollar personajes y las relaciones entre ellos. Y si algo funciona, especialmente en la segunda mitad de la cinta al limitarse el espacio y darle rienda suelta al conflicto, eso es la capacidad del director para crear momentos íntimos de gran sensibilidad y verdad. Además, los personajes están muy bien definidos y desarrollados, especialmente esa abuela que sirve, en gran parte, como alivio cómico de todos los males. Quizá no estemos ante una de las mejores creaciones de Koreeda, y si tuviera que elegir entre esta y la del año pasado me quedaría con Nuestra hermana pequeña, pero aún así el japonés demuestra la capacidad para componer historias familiares con gran naturalidad, en un cine, el suyo, al que por algún motivo siempre apetece volver. Un cine humano y acogedor.

Yourself and Yours

por Daniel Cabo

Mi inicio con el cine de Hong Sang-Soo empezó con el pie izquierdo, con una The Day He Arrives que no me convenció a pesar de lo interesante de sus formas. Me dejó frío, y temía que esa sensación se transmitiera al resto de su filmografía. Antes de viajar al festival, me dio tiempo a ver En otro país, película con la que sí conecté bastante y me dio esperanzas de cara a Yourself and Yours, la nueva obra del director coreano que visitaba San Sebastián. En esta ocasión, bajo su peculiar manera de escribir y dirigir, nos narra la historia de una pareja que, tras una fuerte discusión, deciden darse un tiempo separados para tener algo de perspectiva respecto a lo que les está ocurriendo. Una mirada al mundo de las relaciones personales desde diferentes prismas, es decir, tomando como referente a los dos protagonistas: él, vagando en busca del perdón, y ella, encontrándose en identidades posibles. Sang-Soo coloca la cámara y deja que los personajes conversen, sientan, sin que él intervenga más que para subrayar (a veces con acierto, en ocasiones de manera algo innecesaria) con sus característicos zooms, dejando que la situación encuentre su propio motivo de ser y su ritmo a través, principalmente, de las interpretaciones y de un guión que se mueve entre la comedia y el drama. Firma, en definitiva, un precioso y diferente acercamiento a un tema ya manido, y consigue la que para mí es una de las mejores películas del festival.

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La región salvaje

por Daniel Pérez-Michán

Tras su paso por el festival de Venecia, consiguiendo el premio de Mejor Director, La región salvaje se colocaba como una de las producciones más esperadas de Horizontes Latinos este año en San Sebastián. Y sí, tanto la mencionada expectación como ese importante galardón son más que merecidos. No conocía el cine de Escalante, me he estrenado aquí con el cineasta mexicano, y afortunadamente es otro de los nombres que me llevo apuntados a casa para empaparme de su filmografía anterior. Diría que La región salvaje es una película atípica. Gran parte del eje central de la trama orbita alrededor de un drama familiar con mucho sexo de por medio, muy de Horizontes, la verdad. Sin embargo, este relato se ve envuelto de una perturbadora y sórdida atmósfera desde el minuto uno elevando el conjunto con ella y que se entrega —primero en pequeñas dosis, y luego a mayor escala— al cine de género con un lado fantástico (o sci-fi, depende de como lo mires) que conjuga más con la programación de Sitges que con la de aquí, y vaya, aplaudo por ver algo como esto en Donostia. Sin entrar en muchos detalles —porque es una película de las que hay que vivir la experiencia—, decir que ante todo es una obra desconcertante, violenta y mórbida.

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