Festival de San Sebastián 2015 | Día 6

Empezábamos el sexto día en el Festival de San Sebastián algo más descansados, habiendo dormido unas cuantas horas más, y con un menú algo acotado respecto a días anteriores pero aun así variado: una película china, otra española y la última estadounidense. Resultados dispares de los que hablamos a continuación.

MOUNTAINS MAY DEPART

por Daniel Escaners

Qué agradable ha sido empezar la mañana con la que se ha convertido en mi película favorita del festival hasta el momento. Mountains May Depart (Shan he gu ren, 2015), la nueva cinta de Jia Zhangke, nos empieza narrando un triángulo amoroso entre una joven y dos pretendientes en la China de 1999, para a partir de ahí, con una estructura en tres actos (no solo diferenciada por saltos temporales sino por modificaciones en el formato), hablar sobre la familia, la maternidad, el amor, el aislamiento a través del tiempo o la comunicación. Es una película tremendamente bella y bien realizada, todo parece estar en su sitio y la duración (dos horas y cuarto, matadora en un festival) no se acusa gracias no solo a la enorme calidad de lo que se muestra en pantalla sino a las modificaciones en lo narrado por su mencionada estructura. Podría haber caído en el error de intentar hablar de muchos temas para al final no acabar de rematar ninguno, pero Mountains May Depart habla de ellos con honestidad, con corazón, sin dejarse llevar por sensacionalismos y siendo clara en su discurso. Conmovedora, triste, bonita; maravillosa.

LEJOS DEL MAR

por Daniel Escaners

Me atrevería a decir que, por encima del visionado de la genial Mountains May Depart, el pase de Lejos del mar (íd., 2015), de Imanol Uribe, ha sido la experiencia del día. Y no por la calidad de la película, sino precisamente por la falta de ella. Con un arranque interesante que prometía una profunda e importante reflexión sobre el daño que hizo ETA a muchas familias, dando ambos puntos de vista y adentrándose en tan delicado tema, poco a poco Lejos del mar se va convirtiendo en un despropósito insoportable que, sin dejar de lado el tema principal (aunque tratándolo con una desgana que podría hasta considerarse una falta de respeto), se adentra en tramas de amoríos protagonizadas por unos personajes con una evolución absolutamente inverosímil. No me creo nada de lo que veo y oigo, como nadie de los que estábamos en el público: muchos han explotado en carcajadas y aplausos en escenas que en un principio tendrían que ser dramáticas. En definitiva, una comedia involuntaria a la que es mejor no acercarse, por eso de la vergüenza ajena.

FREEHELD

por Daniblacksmoke

Basada en hechos reales, Freeheld (íd., 2015) es ante todo una historia que se debía contar en el cine. Una historia de esas que tan bien quedan en pantalla y que tanto gustan al gran público. Es un hecho el que probablemente no veamos una película más académica que esta en la actual edición del festival, para bien o para mal. La nueva propuesta de Peter Sollett es radicalmente opuesta a lo que hizo en Nick y Norah, una noche de música y amor (Nick and Norah’s Infinite Playlist, 2008), siendo aquella una encantadora rom-con adolescente -una de mis favoritas del género- y la que aquí nos acontece un drama más clásico en su tono, forma y estilo. No me extraña que el guión de Freeheld esté firmado por Ron Nyswaner, quien introdujo en el Hollywood de los noventa temas en el cine como el SIDA o lograr que un personaje protagonista fuera gay, con el libreto de Philadelphia (íd., 1993). No creo que triunfe en los Oscars como con la de Tom Hanks, de hecho, ni creo que roce alguna nominación, pero la combinación homosexualidad + enfermedad vende, quien lo diría. Las interpretaciones cumplen lo esperado, destacando a un genial Michael Shannon junto a una entregada Julianne Moore. Me sorprende Steve Carell, que convierte la película en una fiesta con cada aparición suya; rompe el tono de la obra pero se agradece. En lo técnico es muy tradicional y básica. Y en lo artístico destaco una correcta banda sonora de un desapercibido Hans Zimmer. Ya solo por el mensaje y la historia que cuenta merece la pena pero resulta que la película se puede disfrutar más allá de eso; un drama decente.

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