Festival de Sitges 2015 | Día 6

El miércoles fue uno de los días más completos de Sitges 2015, con un total de cinco películas, muy variadas entre ellas, tanto en género como en nacionalidades (cuatro distintas). Veremos si el cuerpo aguanta o el cansancio de los días anteriores hace mella en el cuerpo de un servidor. Empezamos.

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GREEN ROOM

Las 8:30 de la mañana. Esa fue la hora elegida para despertarse en el Auditori y disfrutar de la tercera obra de Jeremy Saulnier, Green Room (íd., 2015). Tras un concierto, la banda de música punk Ain’t Rights presencia un asesinato. Para evitar que se vayan de la lengua, un grupo de skinheads nazis, cuyo líder es el dueño del local (un imponente Patrick Stewart), los retienen en contra de su voluntad dentro del recinto, algo que puede acabar significando el fin de la gira. La premisa de Green Room promete violencia de la buena y eso es justo lo que da. Saulnier construye un intenso y sucio survival donde los integrantes del grupo deberán intentar salir con vida del recinto donde los skins les tienen recluidos. No hay dobles sentidos ni lecturas alternativas, pero tampoco los necesita. Solo hay tensión y sangre saliendo a borbotones de heridas causadas por armas blancas, disparos y rábidos mordiscos caninos. Eso sí, los que seáis aprensivos y no os guste el gore acercaros con cuidado, porque hay algunas escenas no aptas para estómagos débiles.

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PARTISAN

La siguiente parada del día nos lleva a Partisan (íd., 2015), film australiano de Ariel Kleiman en que Vincent Cassel interpreta a Gregori, el líder de una peculiar comunidad, similar a un culto, aislada del resto de la sociedad donde además se enseña a los niños a ser asesinos. Uno de estos niños a los que Gregori protege del exterior y entrena es Alexander (Jeremy Chabriel), quien será el ojito derecho del líder hasta la llegada de Leo, quien acabará tambaleando el status quo de la comunidad. Partisan parte de una original premisa para contarnos una historia sobre la libertad del individuo y de pensamiento, la inocencia de la infancia y el desafío a la autoridad. La figura del líder Gregori, marginado en la sociedad, decide crear la suya propia y proteger a sus “apadrinados” del malvado exterior. Las ideas son interesantes, pero un inicio pesado y aburrido lastra el resto del film, pese a que la trama vaya de menos a más hasta acabar interesando, especialmente por el avance psicológico y emocional del personaje de Alexander.

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TANGERINE

Grabada con tres smartphones iPhone 5s, Tangerine (íd., 2015) ha arrasado por los festivales donde ha sido proyectada, entre ellos el de Sundance. En ella, el director Sean S. Baker nos cuenta tres historias paralelas en la víspera de Navidad. Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez), una prostituta transexual, sale de prisión y empieza un viaje por Los Ángeles en búsqueda de la chica con la que su novio Chester le ha puesto los cuernos. Su mejor amiga, Alexandra (Mya Taylor), está deseando cantar villancicos en un bar y para ello no parará de avisar a amigos y conocidos. Por último, un taxista armenio circula por la ciudad, trabajando y sucumbiendo al placer de las especiales chicas que tanto le gustan, antes de volver a casa para celebrar la noche con su familia. Tangerine se erige como una locura transexual tremendamente divertida, con la reivindicativa peculiaridad de estar protagonizada e interpretada por personas trans. Los extravagantes personajes se sienten exagerados pero a la vez reales, especialmente Sin-Dee, quien deambula por la ciudad al ritmo de un contundente banda sonora electrónica que encaja a la perfección con su hiperactiva personalidad. La narrativa es ágil y dinámica, saltando de constantemente de historia en historia. Esto se siente magnificado gracias a la grabación “móvil en mano”, la cual llega a sorprender al tener planos bastante elaborados, escenas nocturnas totalmente nítidas y una fotografía diurna muy colorida y propia de la ciudad de Los Ángeles.

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CEMETERY OF SPLENDOUR

Apichatpong Weerasethakul, un tailandés de nombre impronunciable, sorprendió a muchos cuando su film Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Lung Boonmee raluek chat, 2010) ganó la prestigiosa Palma de Oro en el Festival de Cannes, algo que le catapultó a la fama internacional. Este año vuelve a estrenar largometraje, Cemetery of Splendour (Rak ti Khon Kaen, 2015), donde Jen (Jenjira Pongpas), una voluntaria en un improvisado hospital instalado en una escuela, cuida de Itt (Banlop Lomnoi), un militar con una extraña enfermedad que le causa somnolencia.  Uno de los puntos que más me han gustado de este film es lo encantadora que es la protagonista, una sencilla, generosa y divertida mujer que nunca pierde la sonrisa. Es por eso que su tierna historia de “amor” con el soldado me parece entrañable y preciosa. Una historia aderezada con bonitos planos contemplativos (aunque sin llegar al nivel de The Assassin) y un juego sobrenatural de colores, espíritus y sueños, elementos importantes en el film. También destacan algunas escenas bastante curiosas, como un plano fecal, un cameo de Lionel Messi (vía botella de Pepsi) o el tráiler de una película muy sitgetana.

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LA JUVENTUD

Tras ganar el Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa con La gran belleza (La grande bellezza, 2013), el italiano Paolo Sorrentino vuelve a rodar una película en inglés: La juventud (Youth, 2015). En ella, Michael Caine interpeta a Fred Ballinger, un prestigioso director de orquesta retirado al cual le ofrecen dirigir un recital delante de la mismísima Reina de Inglaterra mientras disfruta de unas relajadas vacaciones en los Alpes con su hija Lena (Rachel Weitz) y su carismático mejor amigo y director de cine Mick Boyle (Harvey Keitel). Sorrentino nos muestra un retiro vacacional lleno de contrastes. La juventud y la vejez. Lo clásico y lo moderno. La vitalidad y la apatía. La vida y la muerte. Además conserva algunos de los elementos de su anterior obra en esta nueva película, entre ellos la gran cantidad de pintorescos personajes ultrasecundarios que pueblan el hotel en el que se ambienta la película y que son objetivo de las miradas y reflexiones de Fred y Mick. Justamente ellos dos son los mejores de la cinta, formando un bromance sexagenario bastante divertido, repleto de humor irónico y fino y con unas interpretaciones que destacan respecto a las demás. Y si bien es cierto que el final es más emotivo, en conjunto este film me parece inferior a La gran belleza, película con la que constantemente se la compara pero que resulta, en mi opinión, más especial y mejor que La juventud.

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