Festival de Sitges 2016 – Parte I: Díptico zombie

Ya ha llegado el mes de octubre, lo que significa que vuelven las castañas, los panellets, el otoño empieza a hacerse notar y… ¡vuelve el Festival de Sitges! La cita nacional más importante para los aficionados del cine de género rinde homenaje a Star Trek en su estelar medio centenario, pero no se olvida de traer las últimas propuestas terroríficas y fantásticas. A partir de la tardanza de este primer artículo podréis comprobar que la cobertura de la cuadragésimo-novena edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña será bastante relajada, sin ir al día con las películas que vaya viendo y estructurandolas en cada artículo según un criterio bastante libre. Para empezar os traigo uno de los platos fuertes de este año: el díptico zombie del director coreano Yeon Sang-Ho, formado por Seoul Station y Train to Busan.

1941a414c5714af5b47bd454c056fdfd

Seoul Station

Yeon Sang-Ho es un cineasta coreano bastante conocido por sus particulares propuestas del cine de animación, las cuales van claramente dirigidas en exclusiva al público adulto. Sus filmes llaman la atención por la sucia estética de los dibujos y temáticas sórdidas que se alejan de lo que se suele ver en este tipo de cine. Seoul Station, su nuevo proyecto animado, es la primera parte de la bilogía infectada estrenado este año y va por la misma linea que las demás cintas, añadiendo un elemento fantástico que toma la forma de los infectados. Así es como nos encontramos siguiendo la pista a tres personajes en su intento por sobrevivir y reunirse en medio del caos creado por el apocalipsis zombie que se ha desatado en los alrededores de la estación de Seúl.

Seoul Station tiene muchos de los elementos que esperaba encontrar en ella. Como punto más destacado está la crítica que Yeon hace sobre la sociedad coreana, muy contundente y mostrando violencia de género, negligencias médicas y, como plato fuerte, la postura que se tiene con respecto a la pobreza y los sintecho, personas a las que se les considera desechos sociales que no han hecho nada de provecho en su vida ni luchado por el desarrollo de su país. Esto se muestra de forma aún más evidente en la pasividad de las autoridades ante el ataque cuando se trata de esta población con menos recursos, una actitud que acaba convirtiéndose en represión y todo lo contrario a la protección que deberían ejercer. Esta crítica social está muy presente al principio de la cinta y por desgracia solo cae a cuentagotas durante el segundo acto, en el que hay bastante más acción de la que esperaba, pero con escenas demasiado trilladas dentro del género. La animación se podría describir como la hermana fea del anime japonés, aunque poco se puede esperar con un presupuesto que apenas supera el medio millón de dólares. Por suerte, la estética feísta encaja a la perfección con el tono de la propuesta, especialmente con los turbios asuntos en los que entra la cinta durante el duro desenlace. Nada mal para ser una película relegada a la una de la madrugada en maratón o sesión doble.

tb1

Train to Busan

En un punto casi opuesto de la balanza con respecto a Seoul Station es donde encontramos a Train to Busan, un filme cuyo enfoque no podría ser más diferente al de su compañera de viaje. Si la animada tenía crítica social en un envoltorio de cine de autor, esta es lo más parecido al blockbuster que podremos encontrar en tierras surcoreanas, aunque no está exenta de sus toques de crítica. La película se ambienta durante y después de los hechos que suceden en su contrapunto animado y nos sitúa dentro de un tren en el que una sola persona infectada consigue que se desate la locura encima de las vías. Durante las dos horas de metraje seremos testigos de la lucha por la supervivencia de un grupo de pasajeros, con especial atención en un padre irresponsable y su adorable hija, que viajan a bordo de ese tren en dirección a la ciudad de Busan.

Si Seoul Station ha sido lo que esperaba, Train to Busan me ha sorprendido para bien. Y es que una vez se cierran las puertas, tanto el ferrocarril como la película cogen un ritmo vertiginoso que apenas deja respirar al espectador, con numerosas setpieces adrenalínicas e hiperactivas y muchísimos momentos que arrancaron aplausos en toda la platea del auditorio de Sitges. El disfrute y diversión de esta sesión confirma el gran acierto que puede llegar a ser el visionado de ciertas pelis junto a una audiencia entregada en este festival. Sorprende también que esta sea la primera película live action de su director, pues la acción está muy bien rodada y tiene ideas visuales bastante molonas.  Aunque acción no es todo lo que nos ofrece, ya que, como dije antes, aquí también encontramos crítica social. Esta vez se critica la moralidad dudosa de algunos personajes, cuyo egoísmo en los momentos límite representa a la perfección ese individualismo en el que la defensa propia prima por delante del beneficio colectivo. Train to Busan le da una lección a Guerra Mundial Z sobre cómo hacer una cinta con avalanchas de zombies; puede que haya algunas escenas demasiado melodramáticas, pero Yeon consigue que conectemos con los personajes durante este trayecto de gran intensidad. Un cierre perfecto para este díptico que, a través de los infectados, habla del lado oscuro de las personas y algunos puntos flojos de sociedad surcoreana.

Comentarios