Festival de Sitges 2016 – Parte II: Invasión kaiju

El cine de monstruos o kaijus, ese término tan molón que hemos exportado de Japón, es uno de esos subgéneros del que no he visto muchos filmes, pero las propuestas en sí me parecen muy atractivas. Porque no nos engañemos, ¿qué hay más guay que un bicho enorme destrozando una ciudad? Aún así no son demasiadas las películas de este estilo que llegan a nuestras carteleras últimamente, por eso es muy curioso que dos de ellas, Colossal y Shin Godzilla, hayan coincidido en el Festival de Sitges y además sean ambas tan buenas, pese a ser muy diferentes entre sí.

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Colossal

Mal que le pese a muchos, Nacho Vigalondo es uno de los cineastas más descerebrados y a la vez valiosos del panorama cinematográfico español. La mayoría de sus propuestas son bastante arriesgadas, como si se pusiera a jugar con las posibilidades del cine a partir de lo primero que le pasa por la cabeza, y los resultados de momento han sido muy satisfactorios según la opinión de un servidor. El juego temporal de Los cronocrímenes y la narrativa digital de Open Windows (sí, me olvido de Extraterrestre) dejan paso esta vez a la monstruosa idea detrás de Colossal, donde Anne Hathaway interpreta a Gloria, una chica con la vida descarrilada que tras volver a su pueblo natal descubre que tiene una curiosa conexión con el gigantesco monstruo que está aterrorizando a los habitantes de la ciudad de Seúl.

Con esta explosiva premisa es como Vigalondo da sendas vueltas de tuerca tanto a la dramedia indie como al kaiju eiga, dos géneros bastante opuestos pero que en esta cinta consiguen combinar a la perfección. Sí es cierto que en su segunda mitad se toma demasiado en serio para lo que debería ser pero, en general, los adjetivos más acertados para calificar esta película serían loca, divertida (en serio, menudas carcajadas) e imprevisible, los cuales también servirían como descripción de su director y así afirmar que Colossal podría ser considerada la peli más vigalondiana de Vigalondo. Aunque lo mejor es que Nacho no se queda en la excentricidad de la idea a la hora de construir el filme y consigue darle profundidad al aprovechar ciertas situaciones para tratar un tema problemático y actual como es el de la toxicidad masculina. A partir de esa intención veo la elección de que Hathaway sea un kaiju de todo menos casual. Un kaiju que, además está hecho con efectos bastante mejores de lo que uno se podría esperar de una cinta que probablemente no cuente con un gran presupuesto. Y no diré mucho más, ya que lo importante es que descubráis vosotros todas las sorpresas que el cántabro tiene preparadas en su cuarto largometraje.

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Shin Godzilla

Godzilla ha vuelto. El monstruo más conocido de la historia del cine nació allá por el 1954 de la mano de Ishirō Honda y desde entonces, son ya casi tres decenas de filmes los que lleva a sus espaldas, con numerosas secuelas japonesas divididas en tres eras, una fallida adaptación de Emmerich y una franquicia (o universo cinematográfico) abierta al otro lado del charco. Ahora el daikaiju por excelencia regresa a su país natal después de 12 años sin pisar suelo nipón. Shin Godzilla supone, como reza su título americano (Godzilla Resurgence), un resurgir del monstruo al servir como cuarto reboot de la saga. En ella, Gojira aparece por primera vez en Tokyo y empieza a destruir todo lo que encuentra a su paso, algo que el gobierno del país deberá evitar a toda costa antes de que la ciudad acabe devastada y las víctimas mortales se cuenten por millones.

El creador de Neon Genesis Evangelion, Hideaki Anno, resucita a este ser monstruoso con una monster movie que, aunque cuenta con sus gloriosas escenas de destrucción, esconde mucho más bajo la dura piel del lagarto gigante. No he visto ninguna de las pelis japonesas, pero una de las cosas que me gustaría destacar es la ausencia de historias personales que diferencian a esta última entrega asiática de las adaptaciones americanas. Hay un protagonista, sí, pero no se ahonda en cuestiones familiares y la película se centra en él como una pieza de todo un mecanismo. El mecanismo en cuestión es el gobierno nipón, un enfoque que Anno convierte en una sorprendente, y para algunos desconcertante, sátira política que critica como las estrategias de algunos políticos anteponen su puesto o su ascenso en el poder a la seguridad de los ciudadanos; o la extensa burocracia que hay detrás de la toma de decisiones ante una crisis nacional. No son pocas las escenas que muestran las reuniones en que los mandatarios deciden el plan de actuación, las cuales están montadas con tanto ritmo que, pese a la gran densidad de información expuesta en ellas, no consiguen hacerse pesadas. De esta forma, Shin Godzilla mira al pasado, al desastre de Fukushima tras el tsunami, representando el miedo y la preocupación radioactiva, pero también a la historia más distante, con un especial foco en la relación entre Estados Unidos y Japón. Ahí es donde sale el mensaje más importante de todos, ya que no hay que perder la humanidad aunque aquello que se tenga delante sea algo inhumano.

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