Festival de Sitges 2016 – Parte III: La belleza natural y artificial

La belleza es una cualidad subjetiva que define todo lo que nos rodea y que, por definición, transmite una sensación de satisfacción o deleite en el individuo que la percibe. Existe la belleza interior —sí, la que de verdad importa— y, sobre todo, la belleza exterior, la cual está muy relacionada con las aparentes cualidades estéticas, con especial hincapié en lo captado a través del sentido de la vista. Las dos películas sobre las que podréis leer en el tercer artículo sobre el Festival de Sitges hablan de este tipo de belleza de manera muy distinta, desde géneros y puntos de vista bastante opuestos, pero además ambas son obras que poseen esta misma cualidad.

voyage-of-time-the-imax-experience-1

Voyage of Time

Uno de los nombres con más relevancia en el panorama internacional durante el presente año es el de Terrence Malick, cuya última obra también ha llegado a la ciudad costera de Sitges. No hablo de Knight of Cups, la cual ha recibido estreno en pocos paises (aquí ni olerla), ni la aún por acabar Weightless, sino de la muy esperada Voyage of Time, en este caso con el montaje para salas comerciales que lleva como subtítulo Life’s Journey, de noventa minutos de duración y con la actriz Cate Blanchett poniendo voz a la narración que acompaña las imágenes. Esta especie de documental tiene como objetivo homenajear al universo que tenemos ante nosotros, los escenarios naturales que nos rodean y las todas esas formas de vida que han tenido este mismo planeta como su hogar durante su existencia.

Voyage of Time podría definirse como una especie de versión extendida de la famosa secuencia de unos quince minutos que Malick incrustó dentro de El árbol de la vida de forma tan eficaz. Siendo aquello lo que más me gustó de la película estrenada en 2011, esperaba que esta extensión fuese tan o más disfrutable que el arbolito, pero en su lugar me he encontrado con una decepción bastante fuerte. El director intercala con tono crítico las esperadas escenas de fuerte contenido visual, que muestran este viaje desde el origen del universo al fin de los tiempos pasando por el nacimiento y evolución de la vida o los primeros seres humanos, con otros pequeños fragmentos gravados a mucha menos resolución que muestran viñetas de gente de todo el mundo, creando un contraste entre la belleza natural, a veces cruel pero inevitable, y la acción del ser humano, a veces cruel pero evitable. Todo esto mientras la voz de Blanchett no para de recitar pasajes de contenido filosófico y preguntas al aire intentando provocar la reflexión en el espectador. Estos ingredientes pueden ser ideales para algunos, pero en mi caso no pude evitar sentir tedio en algunas ocasiones durante la proyección, sin que Malick llegara a transmitirme su amor absoluto por la naturaleza y la vida, mientras que otros fragmentos de este viaje sí consiguieron fascinarme más de una vez ante la preciosidad de las imágenes. Lo que sí es constante durante todo el filme es la sensación de que la voz en off de Cate Blanchett acaba aportando más bien poco al mensaje que ya llevan inherente las imágenes, convirtiéndose en un elemento casi irrelevante, molesto y demasiado reiterativo.

oplqtccrxatap1uyxuq3sldjxme

The Neon Demon

Además de lo nuevo de Malick, en la programación del 49° Festival de Sitges había unos cuantos platos bastantes fuertes, entre ellos la coreana La doncella (The Handmaiden), la ganadora Swiss Army Man o la denostada Blair Witch. Pero después de su polémica recepción en Cannes el pasado mes de mayo, creo que el título que más expectación había creado a su alrededor antes de llegar al pueblo costero es The Neon Demon, el último trabajo del realizador danés Nicolas Winding Refn. Teniendo en cuenta el gran poderío visual del que hacían gala los avances, imágenes y postes; las grandes posibilidades que aportan a nivel estético los coloridos elementos neónicos y que Drive es uno de mis filmes favoritos de toda la historia; no sobraban las ganas de ver qué nos deparaba esta historia sobre la entrada al mundo de la moda de una joven chica llamada Jesse, cuya belleza natural corresponde a de la también joven Elle Fanning

Lo primero que me pasó por a la cabeza tras la proyección de The Neon Demon fue la palabra “decepción”, ya que en su momento me gustó bastante pero me dejó algo frío teniendo en cuenta las expectativas que llevaba encima. Por suerte ahora hay que añadir el adjetivo “ligera” o incluso borrar por completo aquella palabra negativa teniendo en cuenta lo mucho que la cinta está mejorando en mi memoria. Aún así, no puedo dejar de pensar que el filme de NWR podría haber sido una verdadera obra maestra si se hubiese mantenido más constante en las ideas audiovisuales, porque los ingredientes los tiene. La fotografía de Natasha Braier es espléndida, dando lugar a una estética brutal con imágenes que te absorben y te introducen en la pantalla, mientras que la BSO de Cliff Martinez a base de xilófono y sintetizador es elegante a la par que inquietante y eleva aquellos momentos en que hace acto de presencia. Con esto Winding Refn crea un ambiente místico, casi fantasmagórico, sobre la ciudad de las estrellas mientras nos movemos en un ambiente con potencial al tratarse de un mundo donde lo estético prima por encima de todo lo demás.

El problema llega en el desarrollo del filme, en cómo el director estructura las escenas para contar lo que quiere contar (valga la redundancia), ya que la película acaba siendo algo parecido a una montaña rusa en la que se combinan escenas impresionantes que consiguen hipnotizar con otras que acaban siendo un poco aburridas, casi letárgicas y contrastadamente más planas. Además, esta narración con altibajos empieza sin transmitir demasiado para llegar a un punto óptimo a mitad de las dos horas de metraje, durante cierta escena bastante sugerente, y acabar pasándose de vueltas al máximo, en un tramo final muy desconcertante.  Y hablando de lo que NWR quiere contar en The Neon Demon, su planteamiento podría considerarse similar al de Spring Breakers en su objetivo de retratar de forma —aún más— extrema y sórdida el vacío interior que hay alrededor de las modelos, a través de alegorías que representan su hambre por obtener lo único que importa (spoiler alert: la belleza, aunque sea por métodos artificiales), pero en aquella obra ambientada en las vacaciones de primavera encontré mucha más vida detrás de la aparente vacuidad. Es posible que en un solo visionado no haya conseguido valorar completamente la propuesta de Winding Refn, que las altas esperanzas depositadas en ella y las ideas preconcebidas me jugaran una mala pasada o simplemente no haya nada más detrás de este juego de espejos y luces de neón, pero de momento The Neon Demon me parece un ejercicio de estilo de contenido algo pobre y cuya estrictamente cuidada estética se convierte en un deleite visual como pocos que justifica sobradamente su visionado. Fascinante a la par que frustrante.

PD: Mención especial se merece el temazo final de Sia, que en su nuevo intento por monopolizar las canciones de películas acaba brindándonos con Waving Goodbye su mejor tema hasta la fecha.

Comentarios