Festival de Sitges 2016 – Parte VII: Terror indie

El cine de terror ha vivido muchas épocas doradas, pero últimamente se está viendo relegado al mundo del cine independiente, el formato doméstico y los estrenos en salas muy limitados, con pocas películas dirigidas al gran público. Esto hace que a la hora de buscar largometrajes terroríficos te encuentres, en el mismo saco, a pequeñas maravillas junto a subproductos de serie Z. Lo mismo pasa con las producciones indie que se proyectan por Sitges, que pueden ser tan buenas como La autopsia de Jane Doe o tan pobres como The Void.

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The Void

Hay veces que los trailers engañan y mucho. El ejemplo más claro que hemos tenido este año es el de Escuadrón Suicida, película que prometía una diversión y un gamberrismo que luego no logró ni por asomo. Pues algo similar me ha pasado esta presente edición del Festival de Sitges con una de las cintas que más ganas tenía de ver, The Void. El avance prometía una combinación de géneros que, en general, podía dar lugar a una buena película de terror, pero el resultado final dista mucho de las expectativas. Lo que Steven Kostanski y Jeremy Gillespie hacen en The Void es lanzar muchísimos ingredientes a la olla pensando que, por acumulación de buenos sabores, saldrá algo rico. Esa es la única forma de explicar cómo en este intento de survival tienen cabida cosas tan dispares como sectas asesinas, portales galácticos a otras dimensiones o planetas, rituales, parásitos, monstruos asquerosos, body horror, un sheriff, doctores, criminales y algunas tramas sobre la maternidad (el tema principal que parece quieren tratar durante todo el film). Bien conjugado, esto podría haber sido un festival de vísceras con atmósfera aterradora y giros de guión satisfactorios que mostraran una mitología interesante. De hecho, la primera media hora es una buena prueba del despiporre que tendríamos que haber encontrado. Sin embargo, durante el resto del metraje, cuando se empiezan a introducir más elementos, los cineastas se toman demasiado en serio el engendro que han creado e intentan dar trascendencia en un producto que no la requiere, por lo que acaban provocando la huída del espectador que buscaba un sangriento y tenso pasatiempo. Al menos los efectos prácticos son buenos —los directores pertenecen a ese gremio—, porque si no la propuesta hubiese sido absoluta y rotundamente fallida.

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Sam Was Here

El cine low-cost suele tener premisas ingeniosas o inusuales que, aprovechadas o bien resultas, pueden dar lugar a cintas mucho mejores que otras con un presupuesto cien veces mayor. Eso esperaba que ocurriera con Sam Was Here, pero, por desgracia, no ha sido el caso. El filme se centra en Sam —obviamente—, una especie de vendedor ambulante al cual, aparentemente, todo el mundo evita. Bueno, eso hasta que toda esta gente que se escondía de él empieza a hacer acto de presencia para intentar asesinarle. Hay que decir que la atmósfera creada por Christophe Deroo en los paisajes desérticos está bastante lograda y las escenas de acción de la segunda mitad, combinadas con la incertidumbre de los toques de misterio alrededor del comportamiento de los perseguidores, una luz roja en el cielo y un programa de radio, hacen que la primera hora esté bastante bien. Es por eso que mi único problema lo tengo con su resolución, que aunque parece que quiere ir por ciertos caminos interesantes (doble personalidad, amnesia, el poder de la información…), al final acaba siendo muy frustrante y decepcionante al no resolver algunas cosas sobre las que está construida la película y dejar demasiadas incógnitas abiertas a la interpretación libre del espectador, como si faltaran quince minutos a los escuetos setenta y cinco anteriores. Hay veces en que este recurso está bien utilizado y permite el debate sobre la película, pero en este caso su uso me pareció vago y poco satisfactorio, dejando un mal sabor de boca que empaña todo lo logrado anteriormente.

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Pet

You all everybody! No, este filme no trata sobre nuestra querida Perdidos, pero lo que sí comparten Pet y la serie sobre náufragos es la presencia de nuestro querido Charlie aka Dominic Monaghan. En esta cinta de terror Monaghan da vida a un cuidador muy creepy de una perrera que se encuentra con su crush del instituto, quien la rechaza sin compasión. Ante tal situación, nuestro protagonista decide encerrarla en el sótano de su puesto de trabajo. El plantamiento de Pet puede parecer muy convencional, pero se salva de serlo al centrarse especialmente en la relación que se establece entre los dos personajes principales. A partir de ahí, el guión de Jeremy Slater plantea un juego psicológico entre captor y presa en el que la balanza va saltando constantemente de un lado a otro de la misma forma que lo va haciendo la simpatía que te despiertan los personajes. Aunque lo más interesante es posiblemente cómo el libreto utiliza los intercambios verbales de los protagonistas para tratar la problemática personalidad de ambos y lanzar ideas alrededor del amor enfermizo y las relaciones tóxicas: la soledad, la obsesión, el control excesivo, el stalkeo, los sacrificios que se hacen por amor, el tratar al otro como una mascota —de ahí el título—,  someterlo al maltrato o tener la intención de cambiar su personalidad. Representar todo esto en una situación tan limitada es difícil, lo que hace que algunas de la situaciones planteadas en el filme, rodado eficientemente por el español Carles Torrens, estén a punto de caer en lo ridículo. Este peligro se vislumbra especialmente durante cierta revelación de uno de los personajes y podría decirse que la valoración final depende mucho de si compras o no el giro argumental que se plantea a mitad de película y las consecuencias de éste en el último minuto.

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The Autopsy of Jane Doe

Hay películas de las cuales es mejor no saber apenas demasiado y dejar que ellas mismas te acaben sorprendiendo con los giros que esconden a lo largo de su metraje. El filme del que os hablaré en estas líneas podría entrar perfectamente dentro de este grupo, aunque, bajo mi punto de vista, la resolución del misterio que plantea es lo de menos y lo que más se disfruta es el camino que lleva a este desenlace. En La autopsia de Jane Doe, Brian Cox y Emile Hirsch interpretan a una pareja de médicos forenses formada por padre e hijo, quienes reciben el cadáver intacto de una chica sin identificar. Poco a poco, durante el trascurso de la autopsia, ambos irán encontrando tanto incoherencias científicas como pistas sobre el misterioso secreto que esconde el cuerpo. La premisa es bastante original y atractiva, pero antes de adentrarse en ella es difícil imaginar cómo ésta se podría explotar en un largometraje de más de noventa minutos sin que caiga en la monotonía y el tedio. En mi caso pasó absolutamente lo contrario y la cinta se me pasó volando, el mérito de lo cual hay que dárselo al guión de Ian B. GoldbergRichard Naing, que consigue mantener la atención del espectador mezclando la subtrama familiar con el enigma principal con mucha eficacia. Por su parte, la dirección de Andre Øvredal destaca al rodar con mucho ritmo y no cortarse ni un pelo durante la explícita y —para algunos— asquerosa intervención sobre el cadáver, aunque la atmósfera aterradora llena de incertidumbre que consigue crear en el tramo final también es digna de mención. Una de esas pequeñas joyas de género que demuestran que pese a que el cine de terror no esté muy presente en las grandes compañías, sigue estando muy vivo.

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Rupture

Llegamos al final del artículo con una de esas cintas de las que no esperas absolutamente nada más allá de que sea un producto con cierta tensión que consiga entretener durante hora y media, algo que Rupture cumple bastante bien. El filme se centra en una madre soltera que es secuestrada y retenida en unas misteriosas instalaciones por una organización secreta. Allí deberá enfrentarse a sus peores miedos a la vez que intentar escapar mientras descubre lo inimaginable. Lo que posiblemente más llama la atención al acercarse a esta peli es su reparto, lleno de conocidas caras televisivas y con un nombre que destaca por encima de todos: Noomi Rapace. Si bien su interpretación no me acaba de entusiasmar, sobre todo por cuestiones vocales, sí que aguanta correctamente todo el peso de la acción. En cuanto a la narrativa, tras un inicio correcto pero algo prescindible, la entrada del personaje de Rapace en las instalaciones da el pistoletazo de salida a un segundo acto en el que se consigue mantener la intriga y poco a poco se van desvelando, de forma más expositiva que activa, las intenciones de sus captores. En ese momento se establece una mezcla de géneros con algunas ideas interesantes que, aunque sean de resolución previsible, le añaden algo de valor a la propuesta. Cierto es que el desenlace acaba siendo más flojo que el resto de partes, con cosillas que podrían haberse omitido sin problema alguno, pero por suerte la sensación general de ligera sorpresa positiva no desaparece.

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