Festival de Sitges 2016 – Parte VIII: Cajón de sastre

Octavo artículo y último artículo de esta cobertura sobre Sitges 2016, del cual quedan solo unas películas de las que hablar. Como en las anteriores entregas he ido agrupando las cintas con un criterio libre y casi sobre la marcha, es difícil encontrar alguna categoría que consiga definir las pocas que han quedado sueltas. Es por eso que lo que encontraréis aquí será un batiburrillo de películas bastante diferentes entre sí. Y no penséis que por haber tardado tanto en hablar de ellas van a ser malas, ya que hay un par que son muy buenas y totalmente recomendables.

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Melanie. The Girl with All the Gifts

Es complicado innovar en un género cada vez más trillado como es el de los infectados/zombies/muertos vivientes/caminantes, pero aún más complicado es intentarlo y que además te salga bien. El díptico de Yeon Sang-Ho del cual os hablé en el primer artículo de la cobertura es un buen ejemplo, pero por cada Train to Busan que sale tenemos que comernos otras pelis como No crezcas o morirás, Viral u Orgullo + Prejuicio + Zombies. Esa incógnita se encontraba detrás de Melanie. The Girl with All the Gifts, un filme de Colm McCarthy basado en la novela homónima de Mike Carey que sitúa la acción en un Reino Unido distópico post-apocalíptico, donde un grupo de soldados, una científica y una profesora deben intentar sobrevivir en un mundo lleno de infectados junto a una niña especial. Este filme sí entra en el selecto grupo de propuestas Z que aportan una visión ligeramente distinta, pero es algo que recae exclusivamente en su protagonista —exacto, Melanie—, una chica que cuenta con una gran inteligencia y una faceta muy especial: es humana e infectada a la vez. La peculiar situación del personaje interpretado por la joven Sannia Nanua (una agradable sorpresa) abre la posibilidad a conflictos interiores muy interesantes alrededor de su propia identidad, su lugar en el mundo o la percepción que los demás tienen de ella en relación a su condición. Pero ahí acaba la innovación, ya que el resto de elementos que encontramos, tanto personajes como escenas, no se alejan de lo que hemos visto muchas otras veces, con un aire post-apocalíptico que no hace más que recordar a Hijos de los hombres o estereotipos andantes como el típico hombre duro y serio con motivación emocional o la chica con mucho corazón que acaba en el centro de la confrontación.

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Detour

Tras la maravillosa Triangle, parece que Christopher Smith le ha pillado el gusto a películas que destacan por tener una narrativa fuera de lo común. Al menos eso es lo que promete Detour desde su premisa, la historia de un chico que, cansado del comportamiento de su padre mientra su madre está en coma, decide contratar a un delincuente para matarlo mientras él está de viaje en Las Vegas, dando lugar a un road trip con el objetivo de efectuar el plan —o no—. La historia que tenemos entre manos es bastante básica, con poca innovación en los temas y situaciones además de unos personajes estereotipados (el niño rico, la stripper soñadora, el delincuente…) a los que Tye Sheridan y Bel Powley consiguen sacar algo de jugo. Por este motivo, el valor del filme y las esperanzas residen casi exclusivamente en su peculiaridad narrativa, el toque ingenioso que se espera justifique el visionado. Este lo encontramos con la forma de una división del relato a través de la pantalla partida que muestra qué pasaría si decide llevar a cabo el asesinato y qué pasaría en el caso contrario y cuya ejecución se queda en algo bastante pobre y desaprovechado si tenemos en cuenta las posibilidades. Menos mal que en este aspecto el filme acaba remontando el vuelo cuando Smith decide cambiar las reglas de la propia película tras haber engañado al espectador durante buena parte del metraje. Algunos pueden pensar que Detour es tramposa por ello, pero teniendo en cuenta que todo encaja, creo que nunca está mal que los directores jueguen un poco con la persona al otro lado de la pantalla de vez en cuando.

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Lo chiamavano Jeeg Robot

Que el subgénero superheroico está en pleno auge es, a estas horas, una obviedad. Marvel Studios, Marvel-Fox y DC compiten por establecer su universo cinematográfico en el que explotar las infinitas posibilidades que les brindan los numerosos personajes de los cómics. Ante tal panorama, es curioso encontrar en Italia una de las pelis superheroicas más frescas del año y que consigue ser mejor que la mismísima Batman v Superman: El amanecer de la justicia. Os hablo de Lo chiamavano Jeeg Robot, un filme en el que un criminal obtiene una fuerza sobrehumana tras caer en un bidón toxico en el río Tiber, algo que aprovechará para ejercer de las suyas. No obstante, su vida pegará un vuelco cuando conozca a su vecina Alessia, una chica obsesionada con la serie japonesa El Vengador —muy irónico— AKA Steel Jeeg, a quien deberá proteger junto a la ciudad de Roma de los actos de la mafia. Así contado parece que estemos hablando de una versión italiana de Ant-Man, pero Jeeg Robot va mucho más allá en lo referente al núcleo de la historia. Para empezar, el trasfondo y desarrollo moral de nuestro héroe, un habitante de los bajos fondos cuya vida ha sido complicada debido a su entorno, resulta típico pero mucho más interesante que el de Scott Lang. Pero esto no es nada comparado con lo que hay en el interior del contrapunto femenino, uno de los personajes mejor psicológicamente construidos y mejor interpretados —por la debutante Ilenia Pastorelli— que he visto en todo el festival. El origen de su obsesión por el anime japonés no se explica de forma explícita, pero con algunas de sus reacciones no es complicado atar cabos y relacionarla con secuelas derivadas de un comportamiento abusivo durante la infancia. Incluso el villano, un exconcursante de lo equivalente a Operación Triunfo, resulta una curiosa mezcla entre un mafioso de poca monta y el Joker, dejando momentos bastante divertidos. Lo chiamavano Jeeg Robot es más oscura y menos espectacular que cualquier blockbuster de superhéroes que podáis encontrar en la cartelera, pero eso no significa que sea menor, ya que un punto de vista novedoso y una buena construcción de personajes la colocan por encima de muchas otras películas.

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Operation Avalanche

Muchas cosas buenas leí de The Dirties, la opera prima con micropresupuesto del joven cineasta Matt Johnson, y lo tenía todo para gustarme, pero me pareció un poco aburrida, a veces excesiva (especialmente la personalidad del director). A partir de ahí tenía sentimientos enfrentados antes de ver Operation Avalanche, el segundo filme de Johnson, ya que contaba con una premisa muy atractiva pero unos pobres precedentes. Si el primer filme trataba de bullying —y cine—, este trata sobre la misión a la luna —y cine—, ya que dos agentes de la CIA se que infiltran como documentalistas en la NASA para descubrir a un topo acaban trabajando en una conspiración para fingir el alunizaje de 1969. Y la verdad es que lo tiene todo para ser una pequeña joya, pero al final se repiten mil errores anteriores y todo se queda en un “es mejor que The Dirties“. El punto de partida de este mockumentary es muy interesante, una vuelta de tuerca a la temática que, además, está muy ligada la cultura del cine por la leyenda urbana que circula sobre la llegada a la luna filmada por Stanley Kubrick —quien tiene un curioso cameo—. Tanto por esta historia como por lo llena que esta la película de referencias a otros filmes se nota la pasión que el director siente por el séptimo arte. Y ya no hablemos del cuidado componente estético, desde la ambientación de la época a la característica apariencia de rodar con cinta cinematográfica. En Operation Avalanche se respira amor al cine se mire por donde se mire, pero en cuanto al resultado final Johnson vuelve a decepcionar. El centro de este largometraje vuelve a ser la pareja protagonista del director y su mejor amigo Owen Williams, con una trama que deja una sensación de déjà vu importante. Otro fallo que se repite es la personalidad de Johnson, quien sigue siendo irritante, mientras que el tono fluctúa entre el thriller y la dramedia con algo más de acierto que en su anterior intento.

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