Mostra FIRE!! 2018 – Parte I

Los festivales de cine no escasean en la ciudad de Barcelona y sus alrededores. Si hace poco teníamos el D’A, a caballo de los meses de abril y mayo, en junio —en pleno Pride Month— es el turno de la Mostra FIRE!!, un festival de cine centrado exclusivamente en películas de temática LGBT. La edición de este año ha sido la primera a la que me acerco desde que vivo en la capital catalana, pero no será la última tanto por la importancia de las propuestas integradas en él como el nivel de las películas.

1985

Mi primera edición del FIRE!! quedó inaugurada con un título que tenía bastantes ganas de ver después de leer los comentarios que hubo en su estreno en el SxSW de este año. 1985 (íd., 2018) nos transporta a los años ochenta —como bien indica el título—, con una historia en la que Adrian, un joven homosexual seropositivo, regresa a su Texas natal para ver por última vez a la familia y los amigos que dejó atrás al empezar de cero en Nueva York. Lo que más llama la atención una vez empieza el film de Yen Tan es el hecho de estar rodada con película de 16mm y en blanco y negro. Esta decisión estética cobra más sentido que nunca con las modas cinematográficas actuales ya que adquiere una función anti-nostálgica, evocando un tiempo pasado muy oscuro al que no se quiere volver en absoluto. Cierto es que no se ha avanzado todo lo que deseable en cuestiones de tolerancia sexual, pero es innegable que hace 30-40 años la situación estaba muchísimo peor, especialmente en ambientes conservadores y religiosos como el estado donde se ambienta la acción. Una represión que explica la huída de Adrian y se ve representada por la figura paterna, un mecánico tacaño, adicto a la cerveza y con una pegatina de Reagan en la furgoneta. La mera orientación sexual del protagonista es todo un tabú y no se llega a discutir dentro del núcleo familiar. El único alivio que este encuentra en su antiguo hogar es la afinidad de su hermano por las artes dramáticas y las cintas de Madonna, lo que aporta la esperanza de que crecerá con una sensibilidad comprensiva. Es por eso que, a pesar de las pistas constantes, una vez el SIDA sale explícitamente a la luz el film entra en un terreno profundamente trágico que conmueve tanto por lo que se dice como por lo que se calla y se oculta, con unas repercusiones emocionales que recuerdan fácilmente a 120 pulsaciones por minuto (120 battements per minute, 2017). Y como con aquella, salí destrozado del cine. [★★★½] 

Genderbende

Como todo festival, el FIRE!! también cuenta con distintas secciones dentro de su breve pero intensa programación. Más allá de la sección oficial destaca Pantalla Trans, una pequeña selección de películas programada en colaboración con los activistas de Cultura Trans. Estas ponen el foco en esa T de LGBT que a veces suele pasar demasiado desapercibida y en la presente edición nos encontramos con tres documentales sobre el colectivo contados desde distintas perspectivas. Genderbende (íd., 2018) no se centra de manera directa en personas identificadas como transgénero, pero sí muestra a un grupo de individuos daneses cuya identidad de género se aleja de absolutismos y extremos para definirse como algo fluido, algo a lo que podríamos nombrar como genderqueer. La cinta documental se construye a base de breves fragmentos de su día a día que se intercalan con testimonios en que las cinco figuras protagonistas exponen las particularidades de su condición de género y como les afecta en distintos aspectos cotidianos —siempre desde su propia perspectiva y experiencia personal—, además de contar algunas anécdotas que esta fluidez ha causado en sus interacciones con el resto de la sociedad cisgénero. Genderbende tiene mucho valor por la visibilización que hace de esta rama del colectivo LGBT, pero más allá de ello la directora Sophie Dros se preocupa por darle un cierto empaque estético a la propuesta, con un buen trabajo de fotografía por parte de Boas Van Milligen Bielke[★★★] 

Bixa Travesty

El segundo documental de la Pantalla Trans nos lleva a la ciudad brasileña de São Paulo, hogar de la Bixa Travesty (íd., 2018) también conocida como Linn da Quebrada. El film dirigido por Kiko Goifman y Claudia Priscilla está enfocado casi exclusivamente en la figura de esta artista y activista trans negra, una diva surgida de los barrios empobrecidos que se autodenomina “marica travesti” por su identidad de género íntegramente femenina sin la sentida necesidad de adherirse a los símbolos de feminidad ni cambiar el cuerpo masculino en que llegó al mundo. Esta decisión aporta una visión diferente y muy interesante alrededor del transgenerismo, una que trasciende a la entidad física para darle todo el peso a la consciencia. Asimismo, Linn aprovecha su cuerpo como otro modo de expresión que se complementa a unos extravagantes espectáculos musicales en los que busca transmitir un mensaje reivindicativo en defensa de las minorías y contra la heteronormatividad y el patriarcado imperantes en Brasil —y el mundo—. Los directores logran captar la energía que desprende durante sus revolucionarias actuaciones y la actitud irreverente que acompaña a Linn en todo momento, pero no se olvidan también de mostrar la otra cara de moneda a través de secuencias que logran que empatices con ella a partir de su lado más íntimo, desde su relación poliamorosa a los momentos más bajos durante la terapia del cáncer que sufrió —pero que no le impidió ser ella misma en el hospital—. En definitiva, Bixa Travesty cumple rotundamente en su celebración de la diversidad, uno de los más importantes objetivos del cine LGBT, gracias a una figura central que rebosa carisma y espíritu reivindicativo. [★★★½] 

Obscuro Barroco

En las antípodas cinematográficas de Bixa Travesty, pese a tratar algo muy similar, es donde se encuentra el documental de Evangelia Kranioti titulado Obscuro Barroco (íd., 2017). La aproximación que se hace al submundo del colectivo trans en Brasil resulta bastante más radical y poética, haciendo que las imágenes y la alegoría que esconden acaben diciendo más que las propias palabras. Por poner un ejemplo, se nos muestran escenas festivas del carnaval de Rio, la fiesta de disfraces por excelencia y un reflejo del eterno juego identitario de las minorías, a caballo entre lo que son, lo que desean ser o lo que pretenden ser. De esta forma se establece un discurso sobre la reinvención propio del colectivo, utilizando las palabras de la activista Luana Muniz como un mero complemento que magnifique y de más cuerpo al mensaje. Realmente es una propuesta interesante en su concepción, pero no puedo decir que haya conectado con ella en prácticamente ningún instante de sus eternos 60 minutos de duración. [★★] 

Hoy partido a las 3

A nivel temático creo que es muy acertada la programación de Hoy partido a las tres (íd., 2017) en el FIRE!!, especialmente si tenemos en cuenta que estamos en mitad de un mundial de fútbol masculino celebrado en un país conocido por sus posturas homófobas. El film de Clarisa Navas se ambienta en un barrio de clase baja de una ciudad argentina, lugar donde se llevará a cabo un torneo veraniego de fútbol disputado por varios equipos de chicas. Ante el caos de la organización, la espera lleva a las chicas a vivir conflictos, pasiones, amoríos e incluso cuestiones políticas que amenazan el deseo de disfrutar jugando al fútbol. La película está planteada como un slice-of-life coral, sin demasiados conflictos explícitos en el guion y potenciando el realismo de las situaciones que acaecen en ese solar de tierra donde se disputan los partidos. Navas pretende mostrar las inseguridades y la angustia de estas jugadoras por el bagaje que cada una arrastra de sus vidas mientras algunas de ellas se acercan a nuevas experiencias, pero la falta de foco evita que logre involucrarme con lo que sucede más allá de algunos mensajes de crítica al aprovechamiento político y de reivindicación feminista. [★★½] 

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