Beyoncé y su Lemonade

Si soy sincero, nunca se me había pasado por la cabeza que acabaría escribiendo un artículo sobre Beyoncé. Es obvio que no somos una página dedicada a la música más allá del panorama audiovisual, y por ello no son muchos los artistas musicales que se han pasado por esta casa; sin embargo ha llegado la excusa perfecta para sacar el tema. Lemonade es una suerte de álbum visual, construido a partir de las canciones del nuevo, homónimo y estupendo disco de Beyoncé, que fue emitido por HBO hace apenas unos días. Y, creo yo, vale la pena comentarlo.

Hay dos apuntes que debo de hacer respecto a mi persona: primero, no soy seguidor de Beyoncé y conozco extremadamente poco su carrera artística, por lo que me acercaba a este producto con la inocencia correspondiente; y segundo, es el primer álbum visual que veo, por lo que la experiencia también ha sido novedosa en ese sentido. A partir de ahí, ¿en qué consiste principalmente Lemonade? Decir que es un videoclip de una hora con las diferentes canciones del disco sería muy injusto y también muy impreciso: Lemonade es una mezcla entre la música de Beyoncé y sus propias reflexiones, que salpican la obra entre canción y canción. ¿De qué reflexiona? Bueno, toca diferentes temas, pero quizá el más llamativo sea el sentirse engañada por su marido, el conocido rapero Jay-Z, que al parecer le puso los cuernos.

Lemonade me recuerda, con la diferencia de estar tremendamente expandido debido a su duración y a sus aun mayores pretensiones visuales, al videoclip Alright de Kendrick Lamar, y además le encuentro un parecido muy directo: ambas son obras musicales en las que el mensaje previo a la canción (que también se ve plasmado en la misma) y la estética son fundamentales. Lemonade es un álbum visual muy sólido gracias a que esos apartados están realizados con un talento increíble; el mensaje de Beyoncé se transmite de una forma directa y pura, y las canciones, algunas muy destacables, ocupan el espacio necesario e idóneo. El apartado visual es una completa locura, con una fotografía y unas composiciones que en ocasiones rozan lo sublime. Se notan influencias, incluso, del cine de Terrence Malick o de David Lynch. No deja de ser cierto que se aprovecha de su carácter narrativamente difuso, que acompaña a la narración de la artista en ocasiones pero que se permite “desvariar” en bastantes momentos, para inyectarle espectacularidad a las situaciones; es evidente su influencia, por ello, del más puro videoclip.

Para demostrar la fuerza visual de Lemonade he aquí solo algunas de las numerosas capturas que he realizado mientras la veía:

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Y es que dentro de su imperfección, de sus subidas y bajadas a lo largo de la hora de duración, Lemonade consigue ser un ejercicio artístico genial gracias al corazón que los implicados le otorgan. Es encomiable el trabajo de los directores, los directores de fotografía, los coreógrafos, los músicos… y sobre todo de ella, Beyoncé, la voz principal de esta obra, la voz que nos guía, nos hunde, nos levanta y nos sumerge en sus propias dudas. Lo recomendaría a prácticamente todo el mundo, te guste su música o no; es un alegato tan potente, con tanta fuerza, que me es imposible no alentar a que, por lo menos, le echéis un vistazo.

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