Bo Burnham y la autoconciencia del artista

El stand-up comedy, lo que conocemos en este país como monólogos o comedia en vivo, siempre me ha parecido una forma de comunicación y expresión tremendamente interesante. Es un formato que deja a la persona sin escapatoria, y es que el cómico sale a matar o a morir: si una broma no tiene gracia no hay excusa posible, no hay lugar donde esconderse. Más allá de ese miedo que sentirán muchos de los que suben un escenario para defender lo que han escrito, no deja de ser cierto que supone a su vez un medio de opinión directo y muy accesible. El problema está, como ocurre continuamente en este país (y también pasa en EEUU y otros lugares, no voy a ser injusto), en que muchos cómicos utilizan el formato con el único propósito de hacer reír, lo cual es totalmente entendible y justificable, pero a la vez se pierde la oportunidad de incluir un mensaje entre broma y broma; opinar, en definitiva. Por suerte también hay cómicos como Tim Minchin o Bo Burnham, que no dejan de mirar hacia lo que está ocurriendo en el mundo y a lo que significa ser un artista; sobre el nuevo show de éste último, titulado Make Happy, os he venido a hablar.

Pero antes, me gustaría que escucharais esta canción anterior.

Bo Burnham es un cómico que empezó a actuar muy joven. De hecho, antes de what., que podríamos considerarlo como su primer gran show, ya había grabado dos discos, que mezclaban tanto temas grabados en estudios como pequeñas o medianas actuaciones que hacía ante un público que aplaudía la, para mí, tremenda calidad de sus bromas. Su inspiración en el estilo de Tim Minchin resulta bastante clara, y Bo le incluye entre los cómicos que más le gustan, así que blanco y en botella, pero Burnham le añade un humor físico que en Minchin no se encuentra tanto. Eso sí, ambos son expertos a la hora de controlar el timing de los chistes y leen muy bien en qué estado está el público, especialmente Bo, que en Make Happy hace de ellos (o, mejor dicho, de nosotros) una parte fundamental de su discurso.

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Os he instaurado a que escucharais Art is dead porque, creo yo, demuestra ya desde hace tiempo la línea que ha seguido Bo Burnham y su capacidad de reflexión: es un cómico que alterna música con el típico stan-up, buscando continuamente lo inesperado, pero toda la palafernalia (o por lo menos la mayoría de ella) está dirigida a la opinión sobre diferentes temas. En what. tiene una canción desde la perspectiva de Dios, por ejemplo, y siempre ha intentado no verse engullido en la maquinaria del famoseo y cuestionarse. Prueba de ello es la susodicha canción, Art is dead, que incluso parece un intento de no pertenecer a ese mundillo; y sobre todo los últimos veinte minutos de Make Happy, que se encuentran entre lo mejor que he visto este año en general.

Make Happy es, sobre todo, un espectáculo muy completo, que va desde los chistes de pedos hasta las bromas raciales, tratando con ironía cosas como la dificultad de ser un hombre blanco heterosexual, parodiando una ruptura de pareja o las típicas manías de la música country. Todo esto ocupa los primeros cuarenta minutos del show, que vuelven a demostrar la estupenda forma en la que está Bo a la hora de crear canciones pegadizas que además se te queden por lo que cuentan o por la gracia que te hacen; lo que consigue Tim Minchin, sin ir más lejos. Ahora bien, creo que Make Happy es un show imprescindible principalmente por su tramo final, los mencionados últimos veinte minutos, en los que Burnham habla sobre él como artista, tomándose con humor algunos problemas personales y parodiándolos (y encima imitando a Kanye West), dirigiéndose al público de una forma directa, señalándoles, señalándonos, hablando sobre lo que se espera de él, lo que él puede dar (“But I know I’m not a doctor, I’m a pussy, I put on a silly show; I should probably just shup up and do my job so here I go”), sobre el concepto de ser feliz. Y sin dejar de lado el humor y el entretenimiento.

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Bo Burnham lleva siendo parte de mi vida (culturalmente hablando) desde hace mucho tiempo; ya desde la primera canción suya que escuché supe que ahí había algo, que debía seguir indagando en su trabajo, y fue un absoluto placer. Creo que hace falta gente que sepa comunicar problemas, personales o universales, de una forma tan amena y genial; capaz de reflexionar sin dejar de hacer espectáculos accesibles. Louis C.K. lo hace, de una forma diferente y vestida con una capaz más soez, pero lo hace; Tim Minchin lo hace, por supuesto; y Bo Burnham es uno de los máximos exponentes. No dejen pasar Make Happy, vale mucho la pena.

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