Brindemos por la animación en mayúsculas

El empezar esto con “La gente de Pixar son unos genios” podría sonar manido a estas alturas de la película e incluso, quién sabe, podría causar rechazo a las (imagino que no muchas) personas que no disfrutan de sus creaciones, pero qué le voy a hacer si se empeñan en demostrarlo. Mi amor al cine le debe mucho a esta gente, y ya no hablemos de mi amor al cine de animación. Crecí, como muchos, rodeado de películas de Pixar y clásicos de Disney. El cariño que le tengo a algunas de esas cintas va más allá de notas y de calificaciones; son, en general, parte de mi vida.

Y cuando me refiero a que la gente de Pixar son unos genios no solo aludo a su capacidad para crear mundos fantásticos apoyados por una animación sublime, sino, sobre todo, a su capacidad para crear historias. La animación es principalmente, y para este que escribe, historia. Puedes tener un apartado visual precioso que si no cuentas algo interesante es probable que acabes perdiendo al espectador; me ocurrió hace poco con la preciosa pero narrativamente poco estimulante La canción del mar (Song of the Sea, 2014). Pixar es, ante todo, narrativa. Partir de una idea brillante (juguetes con vida; una empresa de monstruos que se dedica a asustar a niños para recolectar la energía de sus gritos; un peculiar acercamiento a una familia de superhéroes retirados) y desarrollar una historia capaz de entretener y fascinar a los más pequeños al mismo tiempo que atrapar a los adultos con una complejidad interna que convierte a sus películas en cine de verdad para todos los públicos.

El otro día disfruté de un inintencionado combo de animación de una calidad enorme y que ejemplificaba lo mucho y bien que se puede reflexionar mediante los a menudo peyorativamente llamados “dibujitos”. El caso es que en un intervalo de doce horas me vi el último capítulo emitido de Gravity Falls, fui al estreno de Del revés (Inside Out, 2015) y revisioné, a costa de un planeado viaje a través de los clásicos de Disney, Pinocho (Pinocchio, 1940). Las tres, con sus peculiaridades, son obras muy complejas que, bajo una fachada infantil que hará que los pequeñajos no quiten sus ojos de la pantalla, tocan temas de un peso enorme. En el capítulo de Gravity Falls se habla de la familia y, en cierta medida, del egoísmo; en Del revés se realiza un estudio de la psicología humana y la importancia de todas las emociones; y en Pinocho se habla de la inocencia, la conciencia y de las buenas y malas personas, todo bajo un tono sorprendentemente oscuro.

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Pero siguiendo con Pixar, no me extrañaría que fuera una compañía repleta de buenas personas, o por lo menos muy inteligentes. Esto puede sonar muy tonto, como si para ser contratado en la marca tuvieran que pasar una prueba de pureza espiritual y moral o alguna idiotez (o no) de esas, pero me refiero más a que para escribir este tipo de historias tienes que ser una persona con la cabeza (y nunca mejor dicho) bien amueblada, debes conocer los entresijos del ser humano y plasmarlo en una narrativa que, al mismo tiempo, no debe perder su factor de entretenimiento. En su última creación, Del revés, lo realizan de una forma espectacular; no es mi película favorita de Pixar, es más, no se colaría ni entre las cinco primeras, pero eso no significa que no me parezca una obra maestra y un film importante para mostrar sobre todo a los niños. Esta película contiene un mensaje crucial, que emocionará a los mayores al mismo tiempo que enriquecerá a los pequeños.

Lágrimas contenidas y un buen puñado de escalofríos me acompañaron durante todo el trayecto de la última obra de Pixar. Y eso, bueno, es bastante impagable. La animación, la buena animación, es impagable. En este momento me vienen a la cabeza momentos de El rey león (The Lion King, 1994), Aladdin (íd., 1992), Tarzán (Tarzan, 1999), El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001), La princesa Mononoke (もののけ姫 Mononoke-hime, 1997), Shrek (íd., 2001), Buscando a Nemo (Finding Nemo, 2003), Toy Story 3 (íd., 2010)… y no puedo más que agradecer a estos creadores, de distintas compañías, con diferentes intenciones e inquietudes, que nos hayan regalados obras de este calibre. Brindemos por la animación en mayúsculas. 

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