Cinco razones por las que La La Land es una maravilla

Soy una persona que en su mayoría intenta controlar las expectativas respecto a una película porque, bueno, pueden jugar malas pasadas. Sin embargo, hay ocasiones en las que me dejo llevar por el hype, por las ganas que tengo de ver algún filme en concreto, a sabiendas de lo peligroso que puede ser. No es que me haya llevado muchas decepciones en el cine (cuando espero con muchas ganas algo es porque tiene ciertos elementos que, en mayor o menor medida, casi siempre me suelen gustar), pero alguna evidentemente ha habido, y no quería que La La Land (La ciudad de las estrellas, en nuestro país) se uniera a ese grupo. Las expectativas eran realmente grandes, insoportables; llevaba esperando esta película desde que salió su primera imagen, ya que me encantó Whiplash y quería ver cuál iba a ser el siguiente paso de su joven director, Damien Chazelle, y además se iba a enmarcar en el musical, con la pareja Emma Stone y Ryan Gosling a la cabeza. A esto le sumas el aplauso casi generalizado en festivales y demás, y claro, literalmente contaba las horas para verla. Por fin ha ocurrido, ya la he visto y, como no os ha debido costar mucho adivinar debido al título del artículo, me ha parecido una absoluta maravilla, una de las experiencias más mágicas que he vivido en una sala de cine en mucho tiempo. Iba a escribir una crítica como de costumbre, pero me apetece centrarme en cinco puntos por los que creo que La La Land es una de las mejores películas del año (tanto de 2016 puro como de 2017 contando los estrenos en España, y mira que solo llevamos unos días). Vamos allá.

La primera razón, como no podía ser de otra forma, es la dirección de Damien Chazelle. Aunque su primera película, una obra con alma de trabajo de final de carrera llamada Guy and Madeline on Park Bench, no brillaba más allá de un par de momentos (musicales, curiosamente), en 2014 se puso en el mapa como director con Whiplash, una maravilla que demostraba sus dotes en la creación de atmósferas, dirección de actores y uso de todos los elementos cinematográficos para crear un conjunto que suponía un auténtico viaje. Mientras que Whiplash era una película con música, La La Land resulta un musical hecho y derecho; y no uno cualquiera, pues aquí se reúnen tanto homenajes y guiños a musicales hollywoodienses clásicos como una consciencia interna, de carácter posmodernista, que señala lo consciente que es la obra del género al que pertenece y en qué época lo está mostrando. El trabajo de Chazelle es asombroso en todos los sentidos: las coreografías de los números musicales son maravillosas, pasando de la grandiosidad de grandes masas de gente bailando a dos personas dando lo mejor de sí en un baile que se siente real; vuelve a demostrar ser un gran creador de atmósferas, pasando de esas habitaciones de un amarillo oscuro de Whiplash a los colores chillones de su versión de Los Angeles; y saca lo mejor de sus actores, algo que, si me permitís, comentaré más adelante.

La segunda razón está relacionada con la propia trama de la película, y es que aun contándonos una historia romántica, huye de la mayoría de ñoñerías de este tipo de argumentos y cuenta con un espíritu muy realista, especialmente en su conclusión. No deja de ser un filme optimista en gran medida, pero se nota que a Chazelle le gustan los grises y que quizá no todo salga como lo previsto; tampoco es que apueste por conclusiones deprimentes, pero no era el final que esperaba para una película como esta y eso me parece un motivo de alegría. La La Land nos habla de perseguir los sueños, de querer desarrollarse como artistas, de la necesidad de cuidar el arte; habla del cine y de la música a través del cine y de la música. Es una película de personajes reales, de personas, que toman decisiones y que saben que la vida a veces trae una de cal y otra de arena. Personas en el borde de rendirse, personas que continúan. No nos cuenta nada que no haya visto antes, pero no esperaba encontrarlo aquí y de la forma en la que está contado.

La tercera razón viene dada, como buena integrante de su genéro, por las canciones y los números musicales. La banda sonora, a cargo de Justin Hurwitz, es probablemente de las mejores que vamos a escuchar este año, y Chazelle aprovecha las diferentes canciones no solo para lucirse como director, que también, sino para hacer avanzar la trama, resumir el estado emocional de los personajes y construir su relación. Más allá del número musical con el que abre la película, que me gusta mucho pero no me llega tanto como los posteriores (porque está protagonizado por gente random y no por los protagonistas, y por ello mi conexión emocional es poca), destacaría el baile en el mirador o la ya famosa City of Stars, con una melodía enfermizamente pegadiza y una letra que sobrevuela todo el argumento y lo acompaña en un par de momentos llenos de magia. En general el apartado musical y el aprovechamiento del mismo es espectacular, con coreografías de un encanto muy particular.

La cuarta razón está compuesta por dos personas: una actriz estadounidense y un actor canadiense. Emma Stone y Ryan Gosling, les llaman, y esta es su tercera película juntos. En Crazy Stupid Love ya demostraron la enorme química que existía entre ellos, pero lo que hacen en La La Land no tiene nombre. La pareja que forman es como para quedarse otras dos horas en el cine viendo cómo bailan, cantan y pasean. Destacar especialmente la interpretación de ella, Emma Stone, en el que hasta ahora es el mejor papel de su carrera, y no es para menos: lo que hace aquí es de una dificultad enorme, manejándose con gracia entre el drama y la comedia, todo mientras baila, canta y en muchas ocasiones se echa la película a los hombros. Ryan Gosling también está genial, con esa vis cómica que tan bien le sienta, y me alegra mucho verle en el momento actual que está pasando, con su carrera más arriba que nunca; es un superdotado del cine, actuando y, por lo visto, dirigiendo, y espero que siga con tan buen ojo para escoger proyectos. Ah, y me gusta como cantan los dos: vale que no tengan súper voces, y cuando llega la canción de John Legend te das aún más cuenta de sus limitaciones, pero realmente me da igual. Le aportan un carisma y textura a las canciones que las hacen únicas.

Y la última razón es que La La Land es una película para quedarse a vivir, llena de magia, de momentos que dudo que jamás olvide y que no puedo esperar para revivirlos. Era un filme que podría haber salido horriblemente mal, podría haber sido un circo inconsistente lleno de buenas ideas y malas ejecuciones. Por suerte, nada más lejos de la realidad: la nueva obra de Damien Chazelle, que ya se ha confirmado como uno de los directores jóvenes con más talento del Hollywood actual, demuestra una mano creativa, repleta de imaginación y que te hace vivir un viaje en el que ríes, lloras y te emocionas con unos personajes que, seguramente, sean de los más recordados de las carreras de sus respectivos intérpretes. Una maravilla que, me atrevo a decir (y que el tiempo me dé o quite la razón), se convertirá en una de las películas más emblemáticas de la década en la que nos encontramos. Viva el cine y viva la música.

Comentarios