El cine de Hong Sang-soo, ese lugar

El cine de Hong Sang-soo me tranquiliza.

Estaba buscando la siguiente frase sobre la que construir el primer párrafo, pero no la encuentro. Llevo bastante tiempo sin escribir, al menos para este lugar, y no quiero ceñirme a una estructura definida en este intento de artículo. Solo quiero divagar un poco sobre una cosa que aprecio mucho y que me aporta un poco de luz en los días revueltos: el cine de Sang-soo. Y es que admiro a muchos directores actuales, pero creo que hay pocos, no ya hoy en día sino en general, que me despierten las sensaciones que consigue el coreano. Ha creado un universo tan especial, tan único e inimitable, que me parece complicado no considerarle a estas alturas como uno de los cineastas más fascinantes de la historia del cine. No sé si exagero; creo que no. Para mí lo es.

La fascinación de las películas de Sang-soo se construye sobre una aparente sencillez que esconde una complejidad enorme, tanto en lo formal como a la hora de abordar los temas a los que suele recurrir. Siempre existe la sensación de que en sus películas no hay un principio; no ya al comienzo del metraje, sino en cada una de sus escenas: los personajes llevan un rato comiendo cuando nos introduce en la acción; ya llevan un rato paseando; o llevan tiempo sentados, hablando. En el cine de Sang-soo predomina la palabra, las conversaciones en planos sin cortes y en la construcción a través de la coreografía existente entre la cámara y los actores. Que predomine la palabra no quita fuerza a la imagen, sino que aporta parte de su significado: esa es una de las razones por las que su cine es tan complejo, porque ha ido alcanzando un nivel de depuración tal que un zoom o un leve movimiento de cámara suma al dramatismo o a la comedia del texto.

Este baile de cámara y actores, aparentemente tan estático pero a su vez tan intenso, me parece precioso. Nunca he visto nada igual, con una precisión tal. Sang-soo no rueda sus escenas en plano secuencia para buscar la espectacularidad técnica, algo que hacen directores mediocres como Iñárritu o Cuarón, sino como búsqueda de esa naturalidad y esa verdad que alcanza con la mencionada hermandad entre la cámara y los intérpretes. Existe algo real en cada segundo de sus películas, un pulso interno que se transmite y las infla de vida, que compone una emoción de verdad. Me estoy acordando de una escena pequeñita de On the Beach at Night Alone en la que la protagonista entra con su amiga a una librería regentada por un hombre al que le diagnosticaron cáncer y que escribe libros infantiles; un hombre que compone y que les toca un poco de música en el piano que tiene allí. No hay nada espectacular en esta secuencia, ni siquiera aporta al viaje dramático de la protagonista… pero da igual, porque es muy bella y está llena de sensibilidad. Me volvió a emocionar como la primera vez que la vi.

Las películas de Sang-soo tratan dramas reales, cotidianos, con los que nos podemos sentir identificados; y sin embargo, como he dicho en la primera frase de este texto, son un lugar de tranquilidad para mí. No por su falta de conflictos, sino por la manera de tratarlos. Su cine es como un fuego al que necesito acercarme cada cierto tiempo en busca de calma. Son tantas las obras maestras… Desde Yourself and Yours hasta Hill of Freedom; desde Woman on the Beach hasta Right Now, Wrong Then; de The Day He Arrives a Our Sunhi; y podría seguir diciendo títulos. Mi único deseo es que siga estrenando a este ritmo y continúe depurando su estilo, si es que eso es posible. Mientras tanto seguiré volviendo a su universo, añorando reencontrarme con eso que a veces falta en la vida real.

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