Las chicas del cable y el olor a cerrado

En un principio tenía algo de esperanza en Las chicas del cable por ser la primera producción española que iba a desarrollar Netflix. Que los creadores de Velvet fueran los encargados de llevarla a cabo suponía un bajón tremendo en cuanto a lo que podíamos esperar de ella, pero aun así me mantuve interesado por lo que podía salir de ahí. Tener un ojo puesto en la producción televisiva patria no está de más, sobre todo cuando supone el arranque de una nueva plataforma en esto de crear series. Pues bien, me he visto cuatro capítulos, lo que viene a ser la mitad de la temporada, y no puedo más. La he abandonado, algo que no suelo hacer con muchas series (también porque intento seleccionar productos que me interesan, craso error aquí), por diferentes y variados motivos que me sirven para resumir por qué Las chicas del cable es televisión de la mala.

Hay un elemento que me está poniendo enfermo en cuanto a la promoción de esta serie. No se trata que esté en todos lados, pues es normal que la quieran promocionar hasta la extenuación, sino el halo de producto feminista que el trailer o la cansina voz en off de la serie intentan vender. Primero, las declaraciones de algunas de sus protagonistas, que prácticamente se resumían en “ni machista ni feminista, igualdad” y otras frases repletas de desconocimiento, ya dejaban claro que si los propios implicados en la creación de la obra tienen una idea así de lo que significa el feminismo, nada bueno puede salir. Segundo, la serie está protagonizada por cuatro mujeres, sí, pero tener personajes femeninos en el cartel no te convierte automáticamente en una ficción que abandera la igualdad entre géneros. Todas las tramas de las protagonistas (al menos hasta la mitad de temporada, y no tenía pinta de cambiar) giran alrededor de hombres. Hay mucha frase en referencia a la liberación de la mujer, a las sufragistas y al respeto mutuo, pero son eso, frases; al final al estructura y el alma de la serie está manchada por las clásicas tramas románticas, llevadas con una sensibilidad nula y tirando del culebrón de forma continua, y la forma de representar ciertos temas, como la violencia de género en el cuarto episodio, con música que resta impacto y la voz en off romantizando el asunto, me produce un rechazo como pocas cosas últimamente.

Pero más allá de su falsa careta feminista, Las chicas del cable tampoco se sostiene como una serie interesante en ningún aspecto. El diseño de producción está cuidado y salvaría la interpretación de Nadia de Santiago, pero todo lo demás huele a cerrado. Formalmente no aporta absolutamente nada al panorama televisivo (y me refiero al español, porque si lo comparamos con el internacional nos puede dar un bajón de azúcar), la forma de llevar el melodrama es de lo más típica y en general se sienta como una serie que se ha estrenado ahora pero bien podría haberse hecho hace diez años. Entiendo que Netflix, en su primera apuesta en territorio español, quisiera un producto con el que mucha gente se sintiera familiarizado; ese target que ve telenovelas en la siesta y no necesita mucho para sentirse recompensado. Y ojo, no estoy hablando mal de este público, tampoco es que ellos tengan la culpa, sino que aquí la cobarde ha sido Netflix: ¿para qué hacer una serie así si ya existe un buen puñado de ellas? ¿Piensan atraer a esa audiencia a la plataforma? Era el momento de apostar por algo más arriesgado, creo yo. Ojalá lo hagan en un futuro próximo, pero este primer paso ha sido del todo decepcionante.

Cuando Netflix puso en su cuenta de twitter que iban a estrenar Las chicas del cable el día 28, una señora despistada (o al menos creo que lo era, guiándome por su imagen de perfil) preguntó que a qué hora la emitían. Este tipo de cosas son las que hacen preguntarme si la jugada de apostar por una serie tan de domingo por la tarde les va a salir bien y si de verdad van a llegar al público que quieren, porque en general entre la gente joven (que comenta por twitter) no ha sido muy bien recibida. Una pena, de verdad. Esperemos que la siguiente apuesta no se ciña a esquemas tan caducos.

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