Nos la han metido doblada

Dudo que pudiera contar solo con los dedos de una mano los debates (o discusiones) que he tenido en relación a si el cine se debe consumir en versión original o doblado, los puntos a favor y en contra de cada elección y los condicionantes para que las personas se decanten hacia uno o hacia otro. Se ha escrito y hablado tanto sobre el tema que me temo que las próximas palabras que voy a esculpir en este blanca pared digital no sean más que un eco de algo mil veces comentado, pero me es inevitable saltar a esta piscina en la que el agua se está tornando rojiza. Como cuando de pequeño te decían que si te meabas dentro iba a aparecer a tu alrededor una delatadora mancha, pero esta vez de verdad.

He oído muchas tonterías sobre la versión original y el doblaje, y también he dicho más de una, pero ahora quiero tranquilizarme y comentar de una forma serena y, de alguna manera, dinámica lo que ocurre en este país de mala muerte. Hace unas semanas el famoso tema se introdujo, no me acuerdo cómo, en el grupo de Whatsapp de mi clase en forma de debate (que se fue convirtiendo poco a poco en batalla campal) y me dejó, a parte de algunas frases terriblemente desafortunadas que no voy a comentar aquí para no dañar sensibilidades, la postura de gente que concibe el doblaje como la forma más cómoda de ver cine.

Muchos prefieren sacrificar la voz original de los actores con tal de no tener que estar leyendo subtítulos en la parte inferior de la pantalla, algo que podría entender si los argumentos de defensa de dicho pensamiento no fueran a menudo tan endebles. Es casi indiscutible que con el doblaje se está más cómodo viendo una película, al menos en términos de concentración: las palabras provenientes de la pantalla llegan a tus oídos en el código lingüístico que has mamado desde pequeño, por lo que no tienes que hacer prácticamente ningún esfuerzo. Los subtítulos exigen algo más: si la película en cuestión está, por ejemplo, en inglés, la persona (que, se deduce, no comprende el dialecto) tendrá que digerir el sonido del idioma al mismo tiempo que traduce, mediante los subtítulos, los diálogos a su lengua.

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Sin embargo, y desde el plano personal, encuentro casi necesario visionar las películas en versión original, en general, y en particular si eres alguien con el ánimo de escribir de cine o de tener una visión completa y pura de las películas. Entiendo que mi primo de diez años vea cine doblado (aunque quizá el país debería empezar a educar a los niños en este tema; no solo se paliaría este debate sino que el nivel de idiomas aumentaría una barbaridad) o que mi abuelo no esté para leer subtítulos en la pantalla de su televisión, vale, para eso el doblaje es una herramienta útil que puede acercar este arte a más gente, pero me cuesta creer que alguien de por ejemplo mi edad no sea capaz de ver una película con subtítulos. El cine es un arte audiovisual, y al parecer a veces nos olvidamos de ese “audio” que va antes del “visual”: los films no solo hay que verlos, hay que escucharlos. No soy tan radical como para decir que si ves una película doblada no la has visto, pero por otro lado me resulta innegable que verla (o mejor dicho, oírla) de la forma que fue concebida es realmente como se debería consumir.

Parece que les estás vendiendo la moto para que se pasen a la versión original cuando de repente ponen encima de la mesa el tema bajo el que se escudan de cara a consumir cine doblado: los subtítulos.Es que si tengo que estar leyendo no veo la película“. A ver, esa es un argumento muy engañoso y en cierta medida falso. Primero, los subtítulos están en la pantalla; literalmente, están ahí, en la parte inferior. No tienes que bajar la cabeza para mirar un panfleto ni hacer florituras: si los subtítulos son buenos, a los tres minutos estás acostumbrado al ritmo. Y segundo, para una persona con un timing de lectura normal, apenas se pierde información visual. Me siento estúpido diciéndolo, pero es que realmente es bajar y subir los ojos en un santiamén.

Puede que tengamos un puñado de buenos dobladores en nuestro país y que muchos de ellos realicen su trabajo con dedicación y cariño, pero eso no quita que escuchar la voz de los intérpretes en pantalla es lo suyo, lo que se debería hacer. Más allá de temas técnicos que de alguna manera limitan la libertad de la traslación de palabras de un idioma al otro (ya que se deben adaptar al movimiento de los labios, y a veces tienen que traducir una expresión en otra más corta para sincronizar el asunto), lo que realmente me interesa comentar es algo se mencionó en un recomendable artículo publicado en La culpa es del Script (La voluntad de oír. Los vengadores, el doblaje y la crítica de cine), en el que se decía que cómo podemos saber si una interpretación es buena cuando no la hemos oído. Estoy de acuerdo. Para poder decir si algo es bueno (o mejor dicho, para poder decir si algo es malo) tenemos que, en este caso, escucharlo tal y como fue concebido. Hay actuaciones mejoradas por el doblaje, sí, quizá, pero son minoría. La mayor parte o cumplen o, por desgracia, manchan una interpretación que en su concepción original tenía algo que ofrecer. Saquemos dos casos a colación: Robert De Niro y Joaquin Phoenix. De Niro parece otro actor (y para mal) con el doblaje castellano. Y Phoenix es un actor imposible de doblar debido a su peculiar sintonía; escuché un segundo la voz en español que le pusieron en The Master (íd., 2012) y casi me tengo que santiguar. Por no hablar de la diferencia entre la voz de Benedict Cumberbatch y la voz que le dobla. Es que al final salimos perjudicados.

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Después de este alegato a favor de la versión original, tengo que confesar que de vez en cuando consumo cine doblado. Antes de que esas antorchas me quemen vivo me gustaría defenderme, o argumentar los por qués. El hecho de no vivir en una gran ciudad (sí, tengo Madrid a un paso, pero no vivo en Madrid) provoca que el gran y único cine proyecte las películas dobladas. Es cierto que ya casi no lo visito y suelo acudir a las salas de versión original de la gran urbe, pero he ahí una razón por la que no puedo huir completamente del doblaje. Otra la encuentro en el cine clásico, con algunas películas que son un callejón sin salida: los subtítulos son difíciles de encontrar (y si los encuentras pueden ser una versión bochornosa), y si te compras un DVD antiguo es más que probable que los subtítulos adheridos dejen mucho, mucho que desear. Es un argumento bastante llorón pero han sido ya unas cuantas veces las que he tenido que ver un film considerablemente antiguo en versión doblada bajo la imposibilidad de acceder a unos subtítulos útiles. Y bueno, una tercera razón que realmente encuentro más como una anomalía es lo mucho que me gustan algunos actores (Bruce Willis, Robert Downey Jr., Morgan Freeman) con sus voces en español. ¿Prefiero escucharlos en versión original? Por supuesto, pero si me tengo que enfrentar a una película doblada (por cualquier razón) prefiero que alguno de estos tipos se encuentre en ella.

En un mundo idílico los cines ofrecerían por igual películas dobladas como en versión original, la gente se pararía a reflexionar sobre el tema y los debates no se convertirían en gallineros repletos de tonterías que no conducen a ninguna parte. Pero la realidad es bien distinta. Más allá de lo que tengamos a mano y del inevitable influjo de la Torre de Babel, quiero que penséis una cosa: ¿os gusta ver películas, u os gusta ver cine? Entiendo que si habéis llegado hasta este párrafo del artículo o entráis en páginas como La Pantalla Invisible es porque os interesa, aunque sea un poco, todo el mundo cinematográfico. Si es así, os diría que la versión original es imprescindible. No hay que volverse locos ni ser repelentes, por supuesto que se pueden hacer excepciones (como he dicho antes, yo mismo las hago) y hay que saber estar, pero si sientes amor por el séptimo arte (o por las series de televisión, un caso extrapolable), escuchar lo que fue concebido primigeniamente es, como poco, necesario.

0 thoughts on “Nos la han metido doblada

  1. Yo hasta que entré en el mundo seriéfilo lo veía todo doblado. Ahora prácticamente todas las series las veo en VOSE y he empezado también con las películas, y tienes razón, no tiene nada que ver.
    Recuerdo que la primera que vi en VOSE fue Waiting for forever, porque no estaba doblada y yo adoraba a la prota (Rachel Bilson) y también vi Los seductores en francés; yo de francés no entiendo el 99% de las cosas); y aún así me encantó escuchar la voz de los actores.
    La última que he visto en VOSE ha sido Birdman y me quedé encantada.

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