Por qué El despertar de la fuerza era lo que Star Wars necesitaba

Este artículo contiene spoilers de Star Wars: El despertar de la fuerza en particular y de la saga en general.

J.J. Abrams comentó en una entrevista que Star Wars: El despertar de la fuerza no era un viaje nostálgico, advirtiéndonos de que no esperáramos un homenaje a la trilogía original sino un paso adelante hacia una nueva dirección. No sé por qué lo dijo, quizá para que los seguidores de la saga galáctica no pensaran que los protagonistas iban a volver a ser Han Solo, Luke y Leia, pero el caso es que finalmente este Episodio VII ha resultado ser una —gloriosa— mezcla entre mirar al pasado y encontrar un nuevo camino que, esperemos, se concrete de una forma más global en siguientes entregas. Este es, en cierta modo, un viaje nostálgico, pero al mismo tiempo una suerte de reboot que la franquicia necesitaba como agua de mayo.

Y quiero hacer hincapié en que me parece infinitamente más un reboot que un remake, como se ha venido comentando desde el estreno de la película. Ha habido numerosas voces decepcionadas con el alegato de que J.J. Abrams se había limitado a copiar la estructura del Episodio IV en un intento por recuperar a los fans desencantados con la trilogía de precuelas. Y bueno, no estoy nada de acuerdo con eso. Es evidente que hay momentos que pueden recordar a Una nueva esperanza, el propio J.J. Abrams no intenta esconderlos, pero me gustaría ir comentando los más importantes para argumentar por qué no sólo son fruto de la nostalgia sino que también sirven para construir el nuevo sendero que estoy seguro continuará Rian Johnson en el Episodio VIII.

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Empecemos por los personajes, que tienen miga. Nuestra protagonista, de nombre Rey, ha sido rápidamente comparada con Luke principalmente por tres aspectos: es el personaje principal, por lo que iba a ser inmediatamente equiparada al Jedi de la trilogía original; vive en un planeta, Jakku, bastante similar a Tatooine, con apariencia hostil y  predominancia de paisajes desérticos; y, quizá lo más importante, parece ser huérfana, o al menos no conoce a sus padres. Bien, hasta aquí podríamos decir que las similitudes con Luke son bastante grandes, además de que podemos sumarle su capacidad para utilizar la Fuerza y la teoría de que es literalmente su hija. Sin embargo, y el motivo por el que creo que es un personaje totalmente diferente y con una situación distinta, es tan esencial como que ella no quiere irse del que ha acabado considerando su hogar, Jakku, porque todavía sigue con la esperanza de que su familia vuelva a buscarla. Luke siempre quiso irse de Tatooine; encontrarse con R2D2 y la muerte de sus tíos fue el detonante, el punto de no retorno, pero antes que eso él ya quería volar libre y dejar aquel planeta desértico. Rey no; es más, a mitad de la película, después de experimentar una especie de visiones tras coger la espada de Anakin/Luke (secuencia con la que me casaría y tendría hijos de lo buena que es), ella sale corriendo e intenta huir de un destino con el que se ha dado de frente. Si al final resulta que es hija de Luke podremos decir que “estaba destinado a ocurrir”, pero de momento es una persona extraordinaria que se ha visto envuelta en una situación aún más extraordinaria. Sus paralelismos con Luke son evidentes, pero no tan definitorios como para decir que es una mera copia.

Hablemos de otro personaje que se ha estado comparando con un viejo conocido desde que se nos mostró su aspecto: Kylo Ren, un malo que de primeras recuerda a Darth Vader —razones hay: es su nieto— y que al principio del Episodio VII parece tener la misma actitud que aquél, sin piedad e intimidando incluso a sus propias tropas. Aquí veo aún menos similitudes que en el caso Rey-Luke, más allá de que vista de negro y tenga un casco que le distorsione la voz (algo que también tiene sentido, pues su abuelo es su héroe y quiere imitarle en todo). Primero, Vader era capaz de matar a un oficial si no cumplía su objetivo, mientras que Kylo, más allá de la intimidación, nunca lo hace; lo máximo que llega a realizar, un par de veces, es destruir mobiliario de su propia nave, dejándonos claro que todavía no controla sus sentimientos y que no es, ni de lejos, tan frío como Vader. Me gusta mucho un detalle, cuando el planeta enemigo (con forma de Estrella de la Muerte; ya llegaremos a eso) está siendo atacado, Kylo va a la sala donde está la proyección de Snoke a pedirle consejo; se le ve agitado, no lleva ni la máscara. Entonces entra el general Hux, y se observa —gracias a la genial interpretación de Adam Driver— que intenta serenarse, para no mostrar debilidades ante una persona que considera inferior a él. Son detalles que construyen a un personaje, como la escena shakesperiana en la que habla con el casco calcinado de su abuelo, donde le pide fuerzas para no verse atraído hacia el lado luminoso. ¿Un Sith —o aspirante a Sith— que se ve atraído hacia la luz? ¿Cuándo hemos visto eso antes? Exacto: nunca. Los parecidos con Darth Vader son estéticos y aspiracionales, nada más.

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Otro punto que se podría considerar similar entre este Episodio VII y Una nueva esperanza es la presencia del mencionado Snoke, que parece encarnar lo que fue el Emperador en la trilogía original. Sí, puede ser, pero es muy pronto para decirlo; realmente no hemos visto ni al personaje físicamente, solo un holograma, y todavía no está muy definido su rol en la historia que se nos cuenta. Es un Sith y maestro de Kylo Ren, y apenas sabemos más, por lo que sería aconsejable ser prudente con las equiparaciones en este caso en concreto.

Pongamos sobre la mesa quizá el punto más criticado de esta nueva entrega en lo que concierne a parecidos con anteriores aventuras: la nueva Estrella de la Muerte. Es cierto que no se llama así, que no es igual (en esta ocasión es un planeta en sí) y que es más poderosa, pero en términos narrativos desempeña la misma función que la que vimos en el Episodio IV. Y es cierto, poco se puede rebatir en este sentido; con su ultra rayo se carga otro planeta, e incluso en la conclusión acaba explotando por los aires, por lo que las similitudes son evidentes. Sin embargo, ¿me molesta? No, por una razón: este Episodio VII está resucitando una saga que parecía que no iba a visitar nunca más la gran pantalla, y lo hace con una amenaza conocida que, en mi opinión, desempeña un papel más que eficiente. Ahora bien, acepto y abrazo esta decisión porque es el regreso y por el factor nostálgico que en este sentido se demuestra, pero por favor, nunca más. Si el Episodio VIII vuelve a tener una nueva Estrella de la Muerte sí que me cabrearé y me preocuparé por la falta de ideas. ¿Creo que lo vaya a tener? Lo dudo mucho. J.J. Abrams, que aunque no vaya a dirigir las siguientes entregas ha planteado la historia de toda la trilogía, es un fan más, y sabe que estamos algo cansados con las múltiples versiones de esa arma de destrucción masiva. En definitiva, que me gusta que esté en este episodio, pero pasemos a otra cosa.

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Y sobre pasar a otra cosa está relacionada una decisión valiente y necesaria que demuestra que Star Wars está más que decidida por abrir un nuevo camino: la muerte de Han Solo. Es una muerte literal, de un personaje que todos queremos, pero también es una muerte metafórica que le pasa definitivamente el testigo a la nueva generación de héroes. La conexión con la trilogía original seguirá ahí, pues Luke y Leia parece que todavía tienen cosas que aportar (sobre todo el primero), pero la muerte de Han deja claro que no hay vuelta atrás y que este Episodio VII no es un remake, de ninguna de las maneras, de Una nueva esperanza. Ni siquiera veo remarcables parecidos entre la escena de su muerte con la de Obi-Wan a manos de Darth Vader; tienen objetivos y desarrollos notablemente diferentes, y la conexión entre personajes es distinta: una era maestro-aprendiz, y con la que nos encontramos es aún más trágica, con un hijo asesinando a su padre.

BB8-FatheadLuego hay detalles casi insignificantes que podrían pasar por guiños, como que un droide, BB-8, es el que lleva dentro información importante, como ya le pasaba a R2D2 en Una nueva esperanza, o Maz Kanata, que puede recordar a Yoda (aunque todavía es pronto para valorar pues apenas la hemos conocido), pero en general considero El despertar de la fuerza un maravilloso paso hacia el futuro y un parcial adiós a lo que conocíamos hasta el momento. Es una película muy Star Wars, muy como las clásicas, y me encanta que J.J. Abrams haya entendido la esencia de aquellas. Se ejemplifica, por ejemplo, en la concepción de las espadas láser, que se convirtieron en un circo en la trilogía de las precuelas y en este regreso han vuelto a la solemnidad de las originales: solo aparecen en momentos muy concretos, y los combates no son un compendio de volteretas y movimientos imposibles sino dos personas metiéndose de hostias e intentando matar al oponente. Son contundentes, como la película. Que no es perfecta y entiendo que haya gente que no haya recibido los —como he comentado en todo el artículo, matizables— parecidos con las anteriores de una forma orgánica, pero Star Wars: El despertar de la fuerza está extremadamente cerca de lo que esperaba y quería ver en este regreso de la saga: nuevos personajes que me enamoraran, un nuevo conflicto que me interesara y una épica que, sin duda, se ha materializado en momentos tan inolvidables como la escena de las visiones o la secuencia en el bosque nevado. Que la fuerza nos acompañe por muchos años.

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