Un monstruo viene a verme, y Mediaset también

Se veía venir, sabíamos que iba a ocurrir, pero ni aún así estábamos preparados para la enorme, masiva, casi sonrojante campaña de publicidad que el grupo Mediaset ha montado alrededor de la nueva película de J.A. Bayona, Un monstruo viene a verme. Es normal, por una parte, ya que está producida por ellos y quieren que su éxito en taquilla esté más que garantizado; el hecho de tener actores famosos en cartel o que sea el siguiente trabajo del director de Lo imposible no importa tanto, al parecer, como que la gente no se olvide de que tiene que ir a verla. Día sí, día también. Porque ha gustado mucho en todos los festivales por los que ha pasado, comentan en los telediarios de las cadenas correspondientes; incluso he llegado a oír eso de “aplauso unánime” en relación a su pase por San Sebastián, cuando, en la realidad en la que vivimos, no fueron pocas las voces decepcionadas con la película. La mía era una de ellas, pero eso a Mediaset le da igual, qué importan un puñado de críticos (en mi caso: persona que escribe de cine como bien puede) diciendo que no es gran cosa cuando hay otros tantos que la alaban como si fuera la segunda resurrección de Cristo y que, publicidad mediante, van a llevar a media España a los cines. Y avisándoles de que van a llorar mucho, además.

Un monstruo viene a verme es, bajo mi punto de vista, una película fallida. Su vértebra emocional, aquello que te une a la historia y, sobre el papel, te debería emocionar, se sustenta en la relación entre una madre y un hijo: ella, muriéndose; él, intentando que no sea así y encontrando en su imaginación aquello que busca, personificado en un enorme monstruo que quizá pueda tener la respuesta de cómo salvar a su ser más querido. Pero ves la película y te das cuenta de que el personaje de la madre no existe; no literalmente, pues bien que la encarna Felicity Jones, sino en cuanto a desarrollo, casi nulo, provocando que nuestra preocupación por ella sea de la misma magnitud. La lucha y fustración del hijo por encontrar la solución a tal escenario no nos llega, o no me llega, porque no siento la relación entre esas dos personas; tendría que extrapolarlo a una situación personal, que por suerte no existe, para lograrme emocionar, y es algo que evidentemente no estoy dispuesto a hacer. Y es curioso viniendo de Bayona, un director cuya anterior película fue Lo imposible, no demasiado sutil a la hora de buscar la lágrima del espectador. Era un filme mucho más obvio que Un monstruo viene a verme, incluso, pero, a pesar de hacer de la tragedia un espectáculo, consiguió moverme algo. Con la música, con los actores… Por algún motivo, me emocionó. En su nueva película, a pesar de contar con un par de escenas con la clara intención de ir directas al corazón, no siento más que frialdad e indiferencia por lo que está ocurriendo en pantalla.

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Pero eso me ha ocurrido a mí y a unos pocos más, y por ello Mediaset ha basado parte de su campaña promocional en la promesa de una película que te va a hacer llorar. Que traigas pañuelos para secarte una a una las lágrimas, avisan, porque no te va a quedar ninguna cuando aparezcan los créditos. Y no sé, cada vez que lo oigo no tengo otra que encojerme de hombros y anticipar lo inevitable: el taquillazo que va a suponer. Y los telediarios de dichas cadenas darán la noticia de que Un monstruo viene a verme ha llevado a muchísima gente a las salas, con el típico tono de sorpresa que realmente no es tal. Con unas toneladas de publicidad así cualquier película haría la taquilla que va a hacer la de Bayona; bueno, quizá cualquiera no, pero sí la mayoría. Es curioso cómo muchos sectores de la industria cinematográfica española (que prácticamente no existe, así que llamémosle “La gente que va a los Goya”) se han unido para aplaudir al ya director patrio más internacional después de Pedro Almodóvar; incluso Dani Rovira escribió un tweet pidiendo el reconocimiento del que dice ser uno de los mejores directores del mundo. El nuevo Steven Spielberg, gritan. De Spielberg tiene algo, sí, pero del Spielberg mediocre, del que quiere emocionar y al final te deja indiferente. Pero da igual, porque Bayona ya marcha a Hollywood a tomar las riendas de la segunda parte de Jurassic World, como buen autor.

No, en serio: no tengo nada en contra de Bayona, y de hecho me sorprendió que Un monstruo viene a verme me gustara tan poco cuando soy una persona que disfrutó, aun con sus muchos peros, de Lo imposible. Pero también me da pena que se le alze tanto, amiguitos y campañas enormes mediante, cuando hay tantos otros directores españoles haciendo un cine, a mi parecer, mucho más especial y mucho menos reconocido. Hace poco Jonás Trueba ha estrenado La reconquista, y seguramente haya ido muy poca gente a verla; ni un anuncio en televisión, porque hay que apoyar al cine patrio cuando a las cadenas les convenga. Ni la nueva obra de Alberto Rodríguez, El hombre de las mil caras, jugando también en la liga de las películas grandes, ha tenido la presencia de la de Bayona en medios de comunicación. Entonces, no sé muy bien de qué hablan cuando se pavonean de “apoyar el cine patrio”, cuando lo único que están haciendo es dar aún más cobertura a una película que iba a funcionar de todas formas. Y bueno, ya veréis vosotros si os gusta o no Un monstruo viene a verme, que ahí entran gustos, pero os pido permiso para recomendaros películas españolas que, creo yo, sí necesitan un impulso: hablo de María (y los demás) o Que Dios nos perdone, que llegarán próximamente a las salas y ojalá estéis allí para disfrutarlas.

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