Una ración de universos compartidos

Marvel, además de haber sido comprada por Disney y amenazar así con dominar el mundo, ha implantado una nueva estructura cinematográfica que, sin ser del todo original, prácticamente nunca había sido desarrollada con tal contundencia. No hablo de otra cosa que de los universos compartidos, esta nueva moda que declara que si todas tus películas no están conectadas entre sí y no tienen mil referencias cruzadas, no eres nadie.

Dudo que allá por la época de Iron Man (íd., 2008) Marvel pensara que su experimento iba a triunfar de una manera tan masiva. Por supuesto que deberían tener un plan estudiado y una estructura diseñada para que les llevara poco a poco a formar su universo cinematográfico, con el culmen en Los Vengadores (The Avengers, 2012), y está claro que sabían del potencial de unas franquicias que ya venían con los seguidores puestos de casa, pero aun así fue un riesgo, un paso hacia un camino peligroso que en ese momento no sabían si les iba a llevar a El Dorado o a las tierras de Mordor. A día de hoy no hay orcos en Marvel, así que nos podemos hacer una idea de cómo les ha ido.

Sin embargo, y esto es casi lo que más me fascina, Marvel no ha querido limitarse a formar un universo interconectado en la gran pantalla, sino que se ha expandido a la pequeña, estrenando series que, de una manera u otra, se ven reflejadas en las superproducciones. Agents of SHIELD es el ejemplo más claro, pues incluso los acontecimientos dados en las películas repercuten de una forma directa en el devenir del show televisivo. Además, por si esto no es suficiente como para reconocer que la gente de Marvel es como poco inteligente, han querido crear otros universos compartidos dentro del propio universo ya asentado; esto viene con las series que se van a estrenar en Netflix. Teóricamente comparten mundo con los demás personajes de Marvel, pero al mismo tiempo son absolutamente independientes y, esto es lo mejor, van a conectar entre sí para formar un grupo en la pequeña pantalla. De momento hemos podido ver Daredevil, y si las tres (más el crossover) que están por venir van a tener una calidad similar, nuestro gozo va a ser tremendo.

La apuesta de Marvel ha abierto muchas puertas de cara a que otros estudios decidieran crear un universo compartido similar con sus personajes propios. El ejemplo más claro es la directa competidora, DC, con la sensación de haberse subido tarde al carro perjudicada por la independencia de la trilogía que Nolan realizó sobre el vigilante de Gotham. Nos han plantado una película de los orígenes de Superman que se quedaba en eso, en los orígenes de un personaje, no en el inicio de un universo, aunque con el anuncio del crossover entre los dos grandes personajes de la marca se deja claro que El hombre de acero (Man of Steel, 2013) finalmente sí va a ser recordada como el principio del universo cinematográfico de DC, pero de una forma casi circunstancial: es cierto que Superman, Lois Lane y compañía van a seguir siendo los mismos, pero van a tener que presentar al nuevo Bruce Wayne, a la debutante Wonder Woman, a los nuevos villanos… DC es ese chaval que ve a otro (Marvel) haciendo piruetas increíbles con el skate, decide probarlo sin tener mucha idea y el resultado es como mínimo un cabezazo contra el suelo. En Batman V Superman: Dawn of Justice (íd., 2016) descubriremos si está en coma o no.

No me deja de sorprender el enorme impactado que la apuesta de Marvel ha tenido en todo el medio audiovisual. Tampoco quiero decir con esto que todo aquel que haga una referencia en su película esté creando un universo compartido y se copie de Marvel, pero no se puede negar que desde el 2008, cuando arrancó todo este invento, se ha incrementado notablemente esta apuesta. Madre mía, es que hasta TVE realizó algo parecido con El ministerio del tiempo e Isabel.

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Ahora bien, ¿los universos compartidos solo traen ventajas? Viendo la situación de Marvel parece que la respuesta es afirmativa, pero si te lo paras a pensar quizá existan un par de aspectos en contra de esta estructura. Uno ya lo he mencionado de pasada antes con la trilogía de Nolan, y es la independencia, no estar atado a otras franquicias y no verte influido por lo que pueda pasar en ellas. Y el otro aspecto, aunque este realmente está atado a la compañía que lo desarrolle, son las prisas por crear una “mitología” y por expandir tu mundo incluso antes de haber asentado a tus personajes. Esto es, creo yo, lo que le está ocurriendo a DC, que tiene prisa por igualarse a Marvel cuando realmente todavía no tiene situadas las fichas en su propio tablero.

A día de hoy los universos compartidos son como los restaurantes chinos: mires a donde mires, allí habrá uno. Algunos serán buenos, otros no valdrán la pena, pero está claro que es una estructura que en general llama mucho la atención y que anima al espectador a seguir, pues si todas tus películas o series están incluidas en una misma línea, provocas que sea incluso necesario verlas todas. Puede no gustarte Thor, Iron Man o el que sea, pero si quieres ver (y disfrutar a tope) con Los Vengadores, vas a tener que tragarte sus películas individuales. No son listos los de Marvel ni nada.

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