Ya no se hacen series como las de antes

Antes de comenzar a leer este artículo debo avisar al lector de que para la confección de este me he saltado una de mis reglas como alguien que escribe sobre cine y TV: Caer en la nostalgia. Y es que, y esto de manera personal, creo que en el mundo de la crítica de lo audiovisual (y por qué no, de todo el arte y la cultura), no hay nada más dañino que este sentimiento, la nostalgia. Caer en ella es algo inevitable, solo es necesario el paso del tiempo, que lleva a una consecuente idealización de un pasado que, más que mejor o peor (y en la mayoría de los casos, peor) que el presente, lo único que es diferente.

Pero como he dicho, hoy voy a hacer una excepción. Me voy a entregar a este sentimiento de lleno, y voy a hacer un conFranco se vivía mejor” pero con las series. Y es que a veces, como consumidor y amante de la televisión pienso que se ha perdido un poco el rumbo de las series, la causa de ser de estas. Y esto viene a cuento por una serie que vi este verano: Wonderfalls, de Bryan Fuller, ahora archiconocido por Hannibal. Esta serie despertó en mí una pasión que hacía que mucho que no sentía, y eso que es una serie a priori normalita, casi procedimental. Pero había algo en ella, una falta de pretensiones que a veces echo un poco de menos. Podría intentar hacer una lista de todas esas características que puede tener Wonderfalls y que no veo ahora en las series, pero no creo que sea algo tan radical. Se puede explicar más bien con la propia naturaleza del medio en su contexto: La televisión era un medio inferior.

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Es verdad que la televisión ya había vivido su primera época de oro, y que esta ya no estaba en una posición tan infravalorada, pero sí es verdad que el que trabajaba en televisión era por pura pasión. A la cabeza se nos pueden venir nombres de showrunners como el ya nombrado Bryan Fuller (Pushing Daisies) o Joss Whedon con Firefly y Buffy Cazavampiros, que creo que es el perfecto reflejo de lo que intento explicar. Eran personas que querían contar historias a largo plazo, sin pretensiones y de forma entretenida. Y esto contrasta con el sistema televisivo actual, en el que la TV se ha elevado como industria. Las series parecen hacerse para ganar premios, para ser vistas por mayorías (o por minorías), para ganar a un cierto sector de la población, por diferenciarse de otra cadena y competir. Parece haberse perdido… el “por el amor al arte”. Y quizás no sea porque ya no haya gente con pasión, sino por el problema inherente a la industria audiovisual, es decir, su carácter de industria, donde los productos tienen que pasar antes por la firma de un productor que tiene la última palabra.

Así que sí, siento nostalgia por ese tipo de series, echo de menos ver una serie sin pretensiones y entretenida sin más. Y a la vez, soy consciente de que no podríamos vivir en mejor época como gente amante de las series de televisión. Producciones como Hannibal, Mad Men o Breaking Bad, son productos que han pasado por ese filtro de “industria emergente”, y que a la vez tienen detrás mentes de gente con pasión por contar historias en este medio. Además, no hay que olvidar avances en el sistema actual como nuevas maneras de ver la TV (por ejemplo Netflix), o el poder progresivo que ha ido ganando el público, hasta el punto de poder hacer que sobrevivan series no tan rentables, como Community. Es solo que como ya he dicho, evitar la nostalgia es casi imposible.

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