Mis 10 películas favoritas de los 2010s

Recuerdo aquel ya lejano bachillerato en el que empecé a descubrir que esto del cine era una cosa más amplia de lo que pensaba, en el que descubrí algunos nombres de directores por entonces básicos y en el que, en definitiva, no sabía dónde me estaba metiendo. La que se ha liado, tú.

Han pasado muchos años desde entonces pero todo se enmarca en esta década que termina (algunos dirán que es el año que viene, pero todo sea por honor a la estética) y que ha dejado atrás un grandísimo número de películas maravillosas que me han hecho, poco a poco, ir aprendiendo sobre qué es lo que busco en ellas y qué es lo que más me importa en esto del cine. Más allá de todas las cosas que tengo pendientes, sobre todo en el campo experimental, me ha parecido que estos diez años han tenido un enorme nivel… siempre que se supiese dónde mirar. No voy a entrar en el deplorable estado del Hollywood actual, porque no es el espacio para ello y porque además hay cuatro producciones estadounidenses en la presente lista, pero está claro que si uno se aleja un poco del ruido puede encontrar de todo. En cualquier caso, aquí os dejo una selección de diez películas que han significado mucho para mí en estos 2010s que concluyen.

 

10. Out-Takes from the Life of a Happy Man (Jonas Mekas, 2012)

Jonas Mekas, el gran Jonas Mekas. Un creador genial, un cineasta interesado en captar la belleza del mundo y de sus gentes. A principios de este 2019 conocíamos la noticia de su muerte a los 96 años, y a pesar de la tristeza de un hecho así es imposible no pensar en lo prolífica que fue su vida, en la cantidad de películas que nos regaló y en su labor como crítico cinematográfico. Out-Takes from the Life of a Happy Man, uno de sus últimos trabajos, ejemplifica con su nombre la naturaleza de sus imágenes: material de archivo que Mekas guardaba de todos estos años y que, bajo la calidez de su particular voz, resucita para recordar instantes de la vida de un hombre feliz. Es una película mayúscula que en sus escasos 70 minutos nos devuelve al mundo del cineasta, tan real y tan representación: una mirada a lo que le rodeaba buscando aquella belleza que, como rezaba en otra de sus grandes creaciones, vislumbraba de vez en cuando por el camino.

 

9. On the Beach at Night Alone (Hong Sang-soo, 2017)

Hong Sang-soo ha sido, al menos para mí, el gran cineasta de esta década. Su forma de trabajar, tan prolífica, y de evolucionar en su estilo, cada vez más complejo dentro de su aparente repetición, le convierten en un director fundamental para entender la cinematografía contemporánea, al menos en cuanto a aquellos creadores todavía interesados en el pensamiento de las imágenes y no en la acumulación de las mismas. De entre todas las fantásticas películas que ha estrenado Sang-soo en estos años diría que On the Beach at Night Alone (Bamui haebyun-eoseo honja) es una de sus mejores y en la que juega de una forma más fascinante con la estructura y un componente onírico que nunca se revela pero que bien puede existir. La manera en la que conversan las dos partes en las que se divide la cinta la transforman en una obra muy compleja, a la vez que, en lo formal, es una de las más precisas y bellas que ha filmado el cineasta coreano hasta la fecha.

 

8. O Estranho Caso de Angélica (Manoel de Oliveira, 2010)

En el todavía corto camino que he recorrido en la filmografía de Oliveira (solo he visto cuatro películas), y con el permiso de su impresionante Francisca, diría que O Estranho Caso de Angélica es la que más me ha impresionado hasta el momento. Desde sus gentes hasta su componente de realismo mágico, es una obra enorme que, en mi caso, supuso la entrada al mundo del cineasta portugués, tan reconocible en su tratamiento de los personajes y los conflictos humanos pero tan peculiar en sus propuestas formales. Las imágenes reposan y respiran, como si guardaran significados ocultos a desentrañar, a la vez que están repletas de una vida fascinante. He visto pocas películas más absorbentes en esta década.

 

 7. The Lost City of Z (James Gray, 2016)

Tengo la sensación de que este año he hablado mucho de James Gray, seguramente por el estreno de su nueva y estupenda película Ad Astra, pero nunca es mal momento para volver a poner sobre la mesa una de esas obras que fueron saludadas con algo de tibieza en el panorama cinematográfico estadounidense y que, para un servidor, es una de las creaciones más brillantes que han salido de sus fronteras no solo en esta década sino en todo lo que llevamos de siglo. The Lost City of Z es una película de aventuras, sí, pero también un drama familiar en el que los personajes y la concepción de la familia vuelven a ser el eje principal de la propuesta del cineasta. Como ocurre en toda su filmografía, James Gray quiere hablar de la institución de la familia, de la relación entre padre-madre-hijo, y en esta ocasión lo enmarca en distintos viajes selváticos rodados con una elegancia que me hacen recordar, salvando las distancias, a grandes como John Ford o Henry Hathaway. Para mí esta es hasta el momento la gran obra de uno de los grandes directores estadounidenses de las últimas dos décadas.

 

6. A Vingança de Uma Mulher (Rita Azevedo Gomes, 2012)

Si he hablado de que Manoel de Oliveira tiene un universo muy particular y una manera de rodar reconocible, no puedo decir menos de otra gran cineasta portuguesa, Rita Azevedo Gomes, que en este 2019 ha estrenado A Portuguesa, una película irregular en la que sin embargo se pueden encontrar grandes hallazgos. No tantos, eso sí, como en la que considero su mejor película de cuantas he visto, A Vingança de Uma Mulher, cuyo visionado supuso una de esas experiencias que te hacen aprender en tu posición como espectador. La planificación podría parecer teatral pero creo que está lejos de ese pensamiento: todo es inminentemente cinematográfico, con unos movimientos de cámara tan elegantes como suele acostumbrar la directora y con una conclusión que abre la puerta al concepto de la representación y de lo representado, de la narrativa consciente y de un mundo imposible. Es una película muy bella que, como O Som da Terra a Tremer, invita a compartir una visión única de los conflictos humanos y de volver a ellos en busca de nuevos significados.

 

5. Inherent Vice (Paul Thomas Anderson, 2014)

Quizá la película que resuma mi década, quizá la que más me haya obsesionado de toda la lista, el caso es que Inherent Vice ha supuesto muchas cosas para mí desde que la viera hace ya cinco años. Paul Thomas Anderson ha sido uno de los directores más importantes en mi camino reciente como cinéfilo en tanto que sus películas han supuesto la puerta de entrada a otro tipo de cine dentro del panorama estadounidense, y si bien algunas de ellas no han aguantado el paso del tiempo y los revisionados, puedo decir que en general me parece un gran cineasta que, sobre todo a partir de There Will Be Blood, ha evolucionado hacia un estilo que encuentro más estimulante y controlado. Y es irónico hablar de control cuando uno se refiere a Inherent Vice, adaptación de la novela homónima de Thomas Pynchon, porque presenta un universo en el que parece que no haya reglas más allá de las salidas de la cabeza de un detective emporrado y su investigación imposible en busca del posible amor de su vida. Más allá de la trama policíaca, que sigo con interés, lo que me apasiona es el tono melancólico y nostálgico de las desventuras de Sportello, un romántico torpe que habita una California cuya existencia solo es posible en las páginas de Pynchon y, ahora, en los fotogramas de Paul Thomas Anderson.

 

4. Passion (Brian De Palma, 2012)

Hay pocos directores cuyas películas me hagan disfrutar tanto como las de Brian De Palma, al que a menudo se le oculta a la sombra de Hitchcock cuando, siendo un conocedor en profundidad de la obra del maestro británico, su cine es una cosa única y propia que no requiere de su deuda para formar una filmografía tremendamente estimulante. De entre el gran puñado de grandes obras que ha realizado a lo largo de todas estas décadas, es una alegría que una de las más geniales fuese solo hace siete años: Passion es, para un servidor, una de sus creaciones más fascinantes y ricas, capaz de condensar todo su universo y conducirlo por caminos reconocibles aunque desarrollados de una forma no sé si más madura, pero sí más sosegada y subterránea. Un thriller psicológico de múltiples capas que muta, en concordancia con el estado mental de sus protagonistas, hacia una atmósfera onírica (esos azules) que esconden y finalmente revelan otro triunfo del maestro.

 

3. Cavalo Dinheiro (Pedro Costa, 2014)

Me es complicado escribir sobre Cavalo Dinheiro teniendo en cuenta que a día de hoy es la primera y única película de Pedro Costa que he visto. Leyendo a gente que conoce su filmografía (y que ha podido ver ya su reciente Vitalina Varela) parece que el cineasta portugués es, ante todo, coherente con su manera de hacer cine, y por eso no puedo hablar de su evolución o cómo resuena esta cinta de 2014 con lo realizado anteriormente, pero lo que puedo afirmar es que ha habido muy pocos visionados esta década que hayan supuesto algo parecido al de Cavalo Dinheiro. Por su planteamiento formal, la manera de encuadrar a los actores, de utilizar la luz y su contraposición con la oscuridad, su ejercicio (extenuante, maravilloso) a la hora de dilatar el tiempo y de desarrollar mensajes de tinte político… Es una película que, cuando vea el resto del trabajo de Costa, sé que apreciaré incluso más, ya solo por ser consciente del camino recorrido hasta llegar aquí.

 

2. Yourself and Yours (Hong Sang-soo, 2016)

Recuerdo aquel festival de San Sebastián en el que, habiendo visto apenas un par de películas de Hong Sang-soo, acudí a la proyección de su nuevo estreno, Yourself and Yours (Dangsinjasingwa dangsinui geot). Aunque en el primer visionado no la aprecié tanto como lo he ido haciendo en las posteriores veces que he vuelto a ella, sí que recuerdo el placer con el que discurrían sus imágenes (un placer que se magnificaba aún más en contraposición al ruido y las prisas del festival) y la emoción de algunos de sus momentos, como el reencuentro imaginado o aquella larga secuencia en la cama fragmentada por una de las elipsis más bonitas que he visto en los últimos años, esa vela que, como se puede ver en la imagen superior, disminuye tras un fundido y crea un momento absolutamente mágico. De la prolífica filmografía de Sang-soo y de su larga lista de obras maravillosas diría que, al menos ahora, Yourself and Yours es mi favorita, una creación preciosa que resume la mirada del cineasta y supone uno de sus trabajos más sensibles.

 

1. Twin Peaks: The Return (David Lynch, 2017)

No tengo ánimo alguno de entrar en el debate de si Twin Peaks: The Return es una serie o una película o ambas cosas más allá de decir que para mí es, por su producción y por las propias palabras de David Lynch, una obra cinematográfica de 18 horas que está por encima de los calificativos que queramos ponerle y de una discusión resuelta por su propio creador. En cualquier caso, ha sido una experiencia superlativa, con tantos momentos memorables y de una fascinación tal que me es difícil encapsularla en meras frases que intenten expresar lo que ocurrió hace no tanto. Lynch llevaba sin dirigir una película desde 2006, cuando realizó la increíble Inland Empire, y su regreso al mundo de Twin Peaks fue lo que podíamos esperar de uno de los cineastas más grandes de siempre: dejando algo de espacio para la nostalgia, lo que hizo no solo fue revertir algunas normas sino crear un nuevo terreno de juego en el que el surrealismo y el manejo de las expectativas eran elementos esenciales en la construcción de tramas más preocupadas por el camino que por la meta final. Muchos de los misterios no se resolvían, algunos personajes aparecían y desaparecían, la parte mitológica se ampliaba… La conversación que se crea entre la Twin Peaks original y este The Return es fascinante a todos los niveles, a la par que se sostienen como obras muy diferentes y, hasta cierto punto, ejemplos de la evolución de un artista total. En definitiva, una damn good movie.

Ojalá que la siguiente década tenga tantas películas maravillosas como esta. ¡Nos leemos!

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