Festival de San Sebastián 2017 | Día 3

Despertarse. Irse a por las invitaciones. No tener tiempo para comprarse un café. Sentarse en el cine y, a partir de ese momento, entrar en lo que se podría definir como un “no parar”. Es el tercer día y, como temíamos antes de venir, nos hemos resfriado. Que haya un boquete en el cristal de la ventana suponemos que tendrá algo que ver, pero bueno, estamos sobreviviendo bien. El nivel medio de lo ofrecido por el festival no ayuda a recuperarse, para ser sinceros, pero justamente este día hemos visto algunas películas que sí nos han convencido; algunas incluso mucho. Vamos a ello.

Le sens de la fête

por Daniel Pérez-Michán

​Tras el desastre que supuso Samba, los directores de la más aceptada Intocable (Olivier NakacheEric Toledano) vuelven al género que mejor manejan: la comedia. Le sens de la fête (íd., 2017) es un crowdpleaser de manual, una comedia de enredos francesa efectiva que funcionará estupendamente entre el gran público. En ella seguiremos los entresijos de la preparación de una boda de lujo abocada al fracaso a través de los distintos trabajadores que se encargan de que todo salga adelante: personal de cátering, el fotógrafo, la banda de música, etc. La mayoría de los gags y personajes están bien construidos y su ritmo no decae en ningún momento por lo que es difícil aburrirse. Por otro lado, la mayoría de veces su humor se apoya en frases para que la gente suelte la carcajada y a otra cosa, sin llegar a explorar del todo otros territorios de la comedia. Aún así, creo que Nakache y Toledano han filmado exactamente la película que querían hacer. Puede que su valor cinematográfico sea anecdótico pero en esencia ha sido una de las películas con las que mejor me lo he pasado en estos días festivaleros.

Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri

por Daniel Cabo

Temo repetirme al afirmar que en un festival como en el que nos encontramos hay muchas películas de las que uno sale desgastado, con ganas de poco, horrorizado ante lo que acaba ver y con un nudo en la garganta pensando que quizá la siguiente parada posea un destino tan nefasto como el visitado. Se viven experiencias muy frustrantes, películas que no quieren acabar y que te retan a buscar nuevas formas de situarte en la butaca. Sin embargo, y por suerte, también existen películas como Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017), con las que ocurre lo opuesto: la experiencia es tan gratificante que uno desea que tarde en llegar a su fin. La nueva obra de Martin McDonagh, conocido por ser el director de Escondidos en Brujas y Siete psicópatas, posee un tono cercano al cine de los hermanos Coen con una historia de la América profunda en la que una madre intentará encontrar justicia para su hija asesinada. El drama y la comedia negra se dan de la mano en una película que triunfa de principio a final, desde unos personajes memorables (especialmente la protagonista interpretada por una Frances McDormand estelar y que nos recuerda, cómo no, a Fargo) hasta un guion de hierro tanto en estructura como en diálogos, de una brillantez cómica envidiable. McDonagh demuestra ser un guionista prodigioso a la hora de jugar con los tiempos y de una sensibilidad en ciertos momentos que, al menos yo, no la veía venir; además, su labor como realizador también es notable, narrando con pulso y sin perder nunca el interés. Esta obra de título tan largo ha sido todo un disfrute, una fiesta en la sala y la confirmación de McDonagh con un director y guionista digno de seguir. Si te gusta el cine de los Coen, si te gustan las comedias negras y si quieres disfrutar de dos horas de una película que te agarra y no te suelta, Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri es para ti.

The Day After

por Daniel Cabo

Han sido estas semanas previas al festival cuando decidí sumergirme en la aclamada filmografía del director coreano Hong Sang-soo. Casi veinte películas después me encontraba absolutamente fascinado y encandilado por el estilo de un cineasta único y personal, de una capacidad impresionante para hablar de los detalles que envuelven las relaciones humanas con una tremenda sensibilidad. Se ha convertido en uno de los directores favoritos, hablando claro, y por ello esperaba con ansia su película, The Day After (Geu-hu, 2017), que se podría ver en San Sebastián (una de las tres que ha estrenado este año, siendo las otras Claire’s Camera y On the Beach at Night Alone, esta última una absoluta obra maestra). Lo que me he encontrado ha sido otra muestra de lo mucho que puede conseguir Sang-soo con los mínimos elementos: la historia es muy sencilla, con un hombre ocultándole un amorío a su mujer e involviendo a una joven que empieza a trabajar en su negocio, y a partir de ahí construye sus bien conocidas escenas de comidas y cenas en las que tanto los diálogos como la coreografía de la cámara, acercándose, alejándose y encuadrando según el momento, funcionan con una precisión milimétrica. El blanco y negro, de unos tonos muy contrastados, le aporta esa textura tan especial que tenían algunas de sus obras anteriores como La virgen desnudada por sus pretendientes o The Day He Arrives, especialmente en unas preciosas escenas de noche. No creo que sea una de las grandes obras de Sang-soo ni una de sus más ambiciosas, pues no arriesga en la estructura como hace a menudo y, en general, se siente como una película más pequeña que las recientes Ahora sí, antes no o Lo tuyo y tú, pero eso no quita que vuelva a demostrar su genio en uno de los filmes mejor rodados, escritos y, en definitiva, concebidos que vamos a ver en esta edición del festival. Otra película estupenda que añadir a su descomunal filmografía.

Custodia compartida

por Daniel Pérez-Michán

Una de las sorpresas de las Perlas de esta edición del festival ha sido la ópera prima del francés Xavier Legrand. La película comienza con una secuencia, a modo de prólogo (o desencadenante), en una vista judicial entre un padre y una madre para decidir la custodia compartida del hijo que tienen en común. En ella se juega con el espectador y lo implica moralmente, haciendo que cada uno juzgue —realmente sin saber nada de los personajes, pues estamos viéndolos por primera vez— a raíz de los hechos que se presentan en la vista. Es decir, nos pone en la piel misma de la jueza. Me parece una forma genial de meternos dentro de esta historia y de presentar a estas figuras tan antagónicas. Cada uno podría decantarse por una u otra versión en la vista, pero de lo que no hay duda es de quién decía la verdad una vez sigues en la película. Tranquilos que no pienso desvelar nada, que es de esas cintas que cuanto menos se sepa mejor.

Me limitaré a decir que se nos descubre como el verdadero protagonista al hijo de ambos y con él viviremos su mayúscula frustración vital: todos los que en mayor o menor medida hemos sido víctimas indirectas de una separación siendo niños nos podemos sentir identificados con él. Me fascina la habilidad de los directores de casting para encontrar niños que sepan actuar tan bien y es que Thomas Gioria, que hace de Julien, está fantástico y sabe aguantar con dignidad los numerosos planos cerrados que tiene. Los padres, interpretados por Léa Drucker y Denis Ménochet, también cumplen con creces en sus respectivos papeles. Un detalle que me ha encantado es que siendo la película que es y los géneros con los que coquetea no apela a la música para generar sentimientos en el espectador (y ya os digo que llega a emocionar), de hecho no recuerdo banda sonora en toda la cinta, cuando hay música es en un momento concreto de la película, e incluso ahí no cuenta, porque es diegética (una canción que se baila y otro par que se canta). Sí diré que el drama familiar que presenta está exquisitamente conducido por un Legrand que dota siempre a cada momento el encuadre más acertado (y un montaje bien refinado). Este intenso y emocionante drama se va torciendo hasta que el filme se convierte en un thriller pesadillesco generando una tensión explosiva. Ambas partes (el drama y el thriller) cohesionan en uno de los debuts más apasionantes del cine reciente, consiguiendo —por méritos propios— que Legrand sea uno de esos directores a los que hay que seguir la pista indudablemente.

Las hijas de Abril

por Daniel Pérez-Michán

Tras el discreto pase de Chronic en el festival de San Sebastián de hace dos años y el regusto amargo (pero satisfactorio al fin y al cabo) que dejó en mí, Michel Franco ya me tenía en alerta para su siguiente película, Las hijas de Abril (íd., 2017). Con el aliciente además de que el reparto estaba encabezado por Emma Suárez, actriz que en 2016 tuvo la suerte de demostrar su talento en películas como Julieta y La próxima piel, y repitió en Cannes un año más con el director de Después de Lucía. De hecho, me aventuraría a decir que la actriz madrileña es lo mejor de la película (y eso que su personaje es el conductor de algunas de las escenas más demenciales del filme), y es que Franco no tiene ningún tipo de vergüenza a la hora mostrarnos esta historia tan desagradable por el mero hecho de desagradar, con personajes que sirven como vehículos de un guion áspero y por el que no se siente ningún respeto o cariño hacia ellos. Sí, entiendo muy bien que lo que busca es sorprender con esos giros de guion tan entrampados y machacar moralmente al espectador con su crudo y violento mensaje, pero no comprendo la necesidad qué había, como cineasta, de realizar una película como esta. Por no hablar, claro, de uno de los peores trabajos de sonido que he oído en una película de esta categoría (seleccionada en festivales de clase A). En definitiva, creo que no predico en absoluto con su cine, que lo disfrute quien pueda.

Comentarios