Cinefilia 101 | #11: JFK (Caso abierto)

No poca gente se cuestionar√° el “criterio” que usamos para elegir las pel√≠culas de las que escribimos en esta secci√≥n, una que recordemos se basa en hablar de aquellas obras cinematogr√°ficas que consideramos esenciales para cualquier amante del s√©ptimo arte¬†ya sea por su valor en la historia del cine, por su posici√≥n dentro de la filmograf√≠a de alg√ļn director de culto o por su enorme¬†destreza en alg√ļn apartado t√©cnico o art√≠stico en concreto del medio. As√≠, Cinefilia 101 busca ser una ventana para aquellos interesados en esto del cine que empiezan a dar sus primeros pasos e ir descubriendo filmograf√≠as y obras que poco a poco ampliaran su cinefilia, mientras que a la vez, intentamos aportar algo m√°s tambi√©n a aquellos cin√©filos que probablemente ya hayan visto la gran mayor√≠a de pel√≠culas de las que hablamos aqu√≠. As√≠ que, ¬Ņpor qu√© de entre todas las opciones posibles por esta definici√≥n elijo escribir sobre JFK (Caso Abierto) (JFK, 1991) y no sobre cualquier otra? Os lo intentar√© explicar.

JFK¬†se propone, como obra de ficci√≥n que coquetea con lo documental, analizar exhaustivamente todas las cuestiones que acontecieron al asesinato de Kennedy a trav√©s de la historia real del fiscal de Nueva Orleans Jim Garrison (Kevin Costner), la primera persona que reabri√≥ el caso y mantuvo la tesis de que el magnicidio cometido al presidente de los Estados Unidos en el a√Īo 63 fue fruto de una intrincada conspiraci√≥n. No se me ocurre en realidad otro director norteamericano m√°s que Oliver Stone para dirigir esta pel√≠cula, estaba destinado a ello. Stone siempre ha sido visto con esc√©pticos ojos a lo largo de su carrera por un gran sector de su pa√≠s, ya sea por su galer√≠a de pel√≠culas antib√©licas (√©l mismo fue a la guerra de Vietnam, evento que le marc√≥ por siempre), su cr√≠tica al sistema en pel√≠culas como Wall Street o en sus pel√≠culas basadas en presidentes de Estados Unidos como Nixon o W. Por no hablar, claro est√°, de lo que supuso JFK. Cuando lleg√≥ la hora de su estreno la cr√≠tica estaba dividida entre los que se sent√≠an ofendidos por c√≥mo Stone hab√≠a perpetuado y enga√Īado al espectador con su negligencia y los que destacaban la pel√≠cula entre lo mejor de su a√Īo, por el valor cinematogr√°fico de sus im√°genes y la potencia narrativa de su elaborado montaje. Para entender la magnitud de las cr√≠ticas negativas pondr√© de ejemplo a Jack Valenti, el entonces presidente de la MPAA (la Asociaci√≥n Cinematogr√°fica de Estados Unidos), que lleg√≥ a comparar JFK con la pel√≠cula propagand√≠stica nazi El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, 1935), de Leni Riefenstahl.

La pel√≠cula estaba destinada a ser un gran fracaso de taquilla, as√≠ lo preve√≠an algunos expertos. Pero a√ļn compartiendo la cartelera con el fen√≥meno Disney de La bella y la bestia (The Beauty and The Beast, 1991), JFK consigui√≥ cincuenta¬†millones de d√≥lares solo en su primera semana (en total lleg√≥ a hacer doscientos¬†millones mundialmente). Intuyo que la pol√©mica generada por algunos medios ayud√≥ bastante a conseguir estos n√ļmeros. Ya se sabe, la mala publicidad sigue siendo publicidad. En cualquier caso, entiendo que hubiera gente que se pueda ofender por esta pel√≠cula. Pero es que la pel√≠cula no deja de ser una conjetura tras otra, t√ļ mismo eliges si quieres creerte todo lo que cuenta o no. Ni Oliver Stone, ni el verdadero Jim Garrison en su momento, fueron portadores de la verdad absoluta. Simplemente siembran las dudas de lo que ellos creen que es una gran conspiraci√≥n. De hecho, a m√≠ me resulta tan atractiva la pel√≠cula por ese valor extra-cinematogr√°fico. Por ejemplo, el mensaje final con el que concluye la pel√≠cula es del todo alentador.

En lo personal, la figura del 35¬ļ presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, as√≠ como su famoso asesinato siempre me han llamado la atenci√≥n. He llegado a sentir (y siento) verdadera fascinaci√≥n por aquel triste evento, algo que en parte aviv√≥ mi lectura de 11/22/63, la novela de Stephen King ‚ÄĒque pas√≥ a ser uno de mis libros de ficci√≥n favoritos‚ÄĒ.¬†De igual manera que el primer visionado de¬†JFK¬†aviv√≥ mi af√°n en ver detr√°s de cada evento importante de la historia reciente una teor√≠a conspiranoica (la retransmisi√≥n por televisi√≥n¬†de la llegada del hombre a la luna, las implicaciones del gobierno estadounidense en el 11S, etc). Y en ese sentido la pel√≠cula lo hace como ninguna, sin duda JFK es la pel√≠cula conspiranoica perfecta. Sin una forma tan definida y √ļnica no ser√≠a posible entender el verdadero fondo de la obra, y eso me parece maravilloso. Y todo (o gran parte de) su efecto se lo debemos a un¬†espectacular montaje.

Lo curioso es que es recordado como uno de lo montajes m√°s estimulantes, complejos y excesivos (en el buen sentido de la palabra)¬†de los a√Īos noventa ‚ÄĒpersonalmente es uno de mis montajes favoritos‚ÄĒ y los principales encargados de llevarlo a cabo, Joe Hutshing y Pietro Scalia, eran casi unos desconocidos en la industria por aquel entonces. Tambi√©n cuenta Oliver Stone que fue fundamental la ayuda de Hank Corwin, un montador de publicidad (en su primer trabajo para cine) que ayud√≥ a agilizar algunos segmentos del filme con tal de que el espectador no perdiera la atenci√≥n en lo que se estaba contando. Ya solo el magn√≠fico pr√≥logo con im√°genes de archivo en el que se contextualiza de forma muy concisa todos los frentes sociales y pol√≠ticos de la Estados Unidos de entonces hasta llegar al citado asesinato es una prueba fehaciente de que el montaje de la pel√≠cula no es moco de pavo. Pero no se queda ah√≠, nunca antes me hab√≠a sentido tan abrumado por el papel que juega el montaje, manteniendo a raya el guion y los elementos propios de la direcci√≥n, a la hora de exponer datos al espectador de forma cinematogr√°fica; y ese es su mayor poder. La pel√≠cula (al menos la versi√≥n que yo he visto, la del montaje del director) son tres horas y veinticinco de incesante informaci√≥n, lo que genera en el espectador una ansiedad que le hace plantearse preguntas del estilo de ¬Ņqui√©n? ¬Ņqu√©? ¬Ņcu√°ndo? ¬Ņd√≥nde? ¬Ņpor qu√©? ¬Ņc√≥mo? casi a cada minuto. Pero el montaje fluye y deja que todas la tramas paralelas que se van desarrollando a lo largo de la investigaci√≥n de Garrison respiren por s√≠ solas, mezclando escenas en blanco y negro, planos de c√°mara en mano, im√°genes de archivo y planos con una fotograf√≠a m√°s sosegada. Pegando el sprint final en el √ļltimo y vertiginoso tramo del filme.

Dicho tramo, el que acontece al juicio, se divide en dos: una parte en la que se expone el asesinato con distintas pruebas as√≠ como una sucesi√≥n de los hechos de aquel fat√≠dico d√≠a (desde el punto de vista de Oswald) y probando con ello diferentes teor√≠as que hemos ido elucubrando a lo largo de todo el metraje; la otra parte corresponde al gran alegato final de Jim Garrison (encarnado por un sorprendente buen Kevin Costner), un largo mon√≥logo con el que es dif√≠cil no venirse muy arriba y que supone para m√≠ uno de los grandes momentos¬†del cine de los noventa. Arropado, eso s√≠, con uno de los repartos m√°s notorios de aquellos a√Īos: Gary Oldman,¬†Tommy Lee Jones, Joe Pesci,¬†Sissy Spacek, Michael Rooker, Kevin Bacon, Donald Sutherland y Jack Lemon, entre otros; por una fotograf√≠a del colaborador habitual de Stone, Robert Richardson (el que despu√©s ser√≠a un habitual en el cine de Scorsese y Tarantino) con cuyo trabajo aqu√≠ se llevo su primer Oscar; y por una mon√≥tona pero funcional partitura de John Williams. A pesar de que cuenta con un final incierto e injusto (algo que me parece de lo m√°s coherente, por otro lado), la pel√≠cula consigue acabar en alto gracias a ese mensaje con el que cierra la pel√≠cula: “What is Past is Prologue”, llenando cierto vac√≠o con un tono esperanzador para las futuras generaciones. Lo que hace a√ļn m√°s especial a ese final es que realmente la pel√≠cula tuvo un impacto legislativo sobre el caso Kennedy; en 2029 estaremos algo m√°s cerca de la verdad, o no.

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