Cinefilia 101 | #13: La mosca

Este artículo contiene muchos spoilers de la trama.

Cuando estás empezando a sumergirte en el cine hay ciertas películas de terror que se van repitiendo en las recomendaciones y listas al respecto de obras del género imprescindibles. Curiosamente en esta sección, Cinefilia 101, hemos hablado de unas cuantas de ellas, como La cosa (The Thing, 1982), Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) o La noche de Halloween (Halloween, 1978), y me he querido sumar a la fiesta añadiendo otro de esos mitos terroríficos del séptimo arte y, por qué no, una de los filmes más recordados de la tan problemática como mitificada década de los ochenta. La mosca (The Fly, 1986), dirigida por David Cronenberg y siendo un remake de una película de 1958 realizada por Kurt Neumann, es, para el que escribe, una de las obras más especiales y favoritas del género de terror.

Hay películas del género que empiezan presentándote un ambiente en el que, más adelante, entrará el elemento extraordinario que pondrá patas arriba la situación. Ocurre en Alien, ya que el propio extraterrestre que da nombre a la cinta tarda mucho en aparecer, y también pasa en La cosa, que nos presenta la base en la que se encuentran los personajes para después, poco a poco y con un magnífico uso de la tensión, introducir a la bestia. Sin embargo, La mosca es diferente. Empieza con un plano general de una fiesta y la primera frase se la escuchamos a nuestro protagonista, Seth Brundle, con la que deja claro que está trabajando en algo que cambiará la historia para siempre. No hay rodeos, no hay construcción anterior: la historia comienza con toda una declaración de intenciones y a partir de ahí absolutamente todo girará alrededor de eso, incluso las subtramas como la relación entre la periodista Veronica, que documentará todo el proceso, y su odioso jefe y exnovio Stathis. El guion, estupendo en su estructura, aprovecha cualquier característica del protagonista para vincularlo con su creación. Tenemos, por ejemplo, el hecho de que nunca le hayan gustado los vehículos y que se mareaba incluso cuando iba en triciclo siendo un niño; ¿en qué consiste su máquina? En un teletransportador. Se acabaron los mareos. Otro ejemplo más adelante, después de que Seth y Veronica hayan empezado una relación y se hayan acostado, es decir, haya habido una conexión carnal, Seth, que se nos ha presentado como alguien bastante asocial y que en cierto momento llega a decir que no tiene vida, descubre la solución para teletransportar carne de una máquina a otra. Lo que más adelante llevará a poder teletransportar al mono, y finalmente al propio científico.

Es brillante cómo maneja Cronenberg la tensión y la anticipación en una de las escenas clave de las película, que es en la que Seth, borracho y celoso porque cree que Veronica sigue sintiendo algo por su jefe, decide probar la máquina él mismo. La escena comienza con un pequeño gag, con ese mono que escucha a nuestro protagonista con cara de circunstancia; y a su vez, Cronenberg no desaprovecha el momento y empieza a construir la anticipación. ¿Cómo? Haciendo que haya una mosca revoloteando. El mono intenta espantarla mientras que Seth sigue con su cháchara y no se da cuenta de la presencia del insecto en la habitación. Cuando Seth decide meterse en la máquina tememos lo peor, y nuestras sospechas se confirman con ese travelling de la cámara que nos lleva hasta una pequeña ventana de la máquina en la que está posada la mosca; con las patas hacia nosotros, es decir, está dentro. Es magnífico hacer que el propio Seth no se dé cuenta de nada y que, incluso, piense que el teletransporte ha desbloqueado en él una fuerza y una capacidad mental que ni había soñado; le vemos haciendo ejercicios atléticos que habría sido incapaz de hacer con anterioridad, y su frenetismo hace que la relación con Veronica se vaya rompiendo. Todo conducirá, poco a poco, al descubrimiento total para los personajes. Sin embargo, ya será demasiado tarde: Seth se está transformando en un insecto de tamaño humano y Cronenberg, como es habitual, lo muestra con unos efectos especiales explícitos y tremendamente desagradables. Me gustaría señalar, además, una metáfora que me ha hecho mucha gracia y que compone otro de esos golpes de humor negro que tiene la cinta: cuando Seth se está convirtiendo en mosca, no deja de comer barras de chocolate, que tienen un color similar a la comida predilecta de esos insectos. Ya saben.

El final será trágico, como no podía ser de otra manera. Stathis se convertirá en un inesperado héroe que salvará a Veronica de los planes de un desesperado Seth, que pretende fundirse con ella de una manera literal para así intentar dejar de ser un insecto. Veronica empuñará el arma que acabará con la vida de un científico brillante que tuvo un descuido estúpido. Un cierre contundente que nos deja una duda, y es que Veronica está embarazada de Seth, solo que no sabemos si de antes de teletransportarse a después. Aunque sabiendo que hay una secuela, la cual no he visto, imagino que después. En todo caso, así concluye una estupenda película de terror y de ciencia-ficción a la que no le puedo sacar muchos peros. Quizá las escenas con Stathis, que rompen un poco el ritmo, o una segunda mitad algo reiterativa en sus esfuerzos por mostrarte visualmente la transformación de Seth, pero más allá de eso La mosca es un filme redondo. Dura poco más de hora y media, lo que deja claro lo conciso que es su guion, y Cronenberg realiza un genial trabajo a la hora de crear esa atmósfera y de dirigir a un Jeff Goldblum que nunca ha estado mejor y a una Geena Davis que cumple con su cometido. Y todo esto con una estupenda banda sonora de Howard Shore. Creo que es un filme muy adecuado para todo aquel que esté empezando con el cine, le guste o no el género de terror; e incluso diría que es un buen lugar para empezar con la filmografía de Cronenberg. Recomendada queda.

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