Cinefilia 101 | #21: Muerte de un ciclista

Este artículo contiene spoilers importantes de la trama.

Esta es la primera vez que una película española visita la sección que tanto nos gusta escribir cada semana, Cinefilia 101, y qué mejor que abrir la veda con una obra maestra de nuestro cine: Muerte de un ciclista (íd., 1995), ganadora del premio de la Crítica Internacional de Cannes. Estuve barajando otras opciones, como pudiera ser El sur de Víctor Erice (que tarde o temprano se pasará por aquí), pero consideré que esta maravilla de Juan Antonio Bardem bien merecía contar con un artículo propio para recordar y admirar su belleza formal, sus capacidades como película de cine negro y su interesante posición dentro de una época en el cine español en la que, debido al franquismo, la censura era el pan de cada día y Bardem tuvo muchos problemas para finalmente crear una obra de este calibre.

La historia que se nos narra en Muerte de un ciclista resulta peliaguda si consideramos el periodo en el que se realizó. Tenemos como protagonistas a una pareja adúltera: Juan (Alberto Closas), profesor universitario que vive bajo el ala de una madre que le considera el menos dotado de sus hijos; y María José (Lucia Bosè), casada con un importante empresario que le ha regalado una vida cómoda. Estos dos personajes fueron novios antes de que estallara la guerra y Juan tuviera que combatir; ahora, viviendo un romance a escondidas, se topan con la desgracia al atropellar fatalmente a un ciclista. Este planteamiento posee un factor determinante a la hora de comprender por qué no fue bien recibida por la censura franquista y se la calificó de “gravemente peligrosa”, ya que nos sitúan en el centro a dos representantes de la sociedad burguesa de la época cometiendo, primero, un atropello, y segundo, dejando tirado al ciclista en la carretera para después enterarse, ya en los periódicos, de su muerte. Son personajes egoístas y el reflejo que se crea alrededor de esa sociedad es del todo antipático. Sin embargo, y supongo que para superar la censura, la historia se cierra con la muerte de ambos: Juan asesinado por María José, y ella en un accidente de tráfico que es causado, irónicamente, por un ciclista. Se puede interpretar esta conclusión como un intento del guion para aclarar que las malas personas eran solo ellos dos y no “los burgueses”, pues sería un mensaje que conseguiría que la película se produjese en la época a pesar de la mencionada calificación alarmante; aunque lo que a mí más me interesa es que el ciclista que causa el accidente final, que tiene pinta de ser una persona de la clase trabajadora, mira a una vivienda que ilumina la noche y se dirige con su bicicleta hacia allí, imaginamos que para pedir ayuda. Es algo que se deja en el aire, pues el cartel que anuncia el final aparece antes de que sepamos cómo acaba toda esa situación, pero me ha parecido un guiño sutil que representa, en cierta medida, la solidaridad del pueblo obrero frente al egoísmo de los burgueses, que en una situación parecida huyen para conservar su estatus social.

La mayoría de personajes son despreciables, especialmente María José, capaz de todo para no descender socialmente, y ese crítico de arte de nombre Rafael (Carlos Casaravilla), que parece un infiltrado dentro de los eventos burgueses pero que tienen cerca debido a la cantidad de secretos que conoce sobre ellos. Quizá el personaje más gris sea Juan, que en el último acto se da cuenta de su equivocación y siente la necesidad de quitarse ese peso de encima para seguir viviendo, pero en última instancia sigue siendo un hombre egoísta. El guion, que construye a estos individuos con una tremenda precisión, es brillante en todas sus facetas, desde lo estructural (apoyándose en el montaje para crear unas impresionantes transiciones entre escenas: un personaje fuma en un lugar y el humo lo recibe otro personaje en un sitio diferente; o alguien lanza una botella y en el siguiente plano una ventana se rompe en otro momento posterior) hasta los diálogos, de un gran cinismo e ironía. Es una de las mejores películas de cine negro que he visto nunca, tanto por la escritura como por la elegancia, precisión e imaginación de Juan Antonio Bardem para componer cada escena y crear esa atmósfera; es sorprendente cómo utiliza la profundidad de campo, las luces y las sombras o los primeros planos, especialmente los de Lucia Bosè.

El objetivo de esta sección no deja de ser recomendar películas que sean accesibles a un espectador que haya recorrido un corto camino en esto del cine, y creo que Muerte de un ciclista es una opción perfecta. Primero, porque así nos quitamos de en medio esa tontería (que, por desgracia, mucha gente sigue diciendo) de que “el cine español es malo”: más allá de que esa generalización es estúpida, dudo que lo mantuvieran después de ver películas como esta. Segundo, porque es una película muy ágil, que no llega a la hora y media y que cualquier espectador puede acercarse a ella sin miedo a encontrarse con algo inaccesible. Y tercero, porque también es una buena entrada al cine negro, como pudieran ser las archiconocidas y geniales obras del Hollywood clásico. En definitiva, Muerte de un clicista me parece una película enorme dentro de la cinematografía de nuestro país, de un talento y unas capacidades (técnicas y artísticas) asombrosas.

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