Cinefilia 101 | #23: El crepúsculo de los dioses

Ya tocaba dedicarle un Cinefilia 101 a alguna de las grandes obras del señor Billy Wilder, uno de mis cineastas favoritos y de las personalidades más influyentes del cine hollywodiense. Soy particular devoto del cine de Wilder (aunque aún me quede por ver una buena parte de su filmografía) pues le tengo un cariño especial a muchas de sus películas ya que algunas fueron de mis primeros coqueteos con el cine clásico, y a día de hoy cada vez que vuelvo a ellas las disfruto incluso más que la primera vez, encontrándome con distintos matices en cada visionado de los que no era consciente años atrás. Si he elegido El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950) y no otra de su extensa carrera es porque es la que más disfruto —y la que considero más redonda— pero también creo que es una película perfecta para enamorar a alguien de este cine que le puede sonar tan ajeno si está acostumbrado a consumir cine actual. Y por eso estamos aquí, en Cinefilia 101, para hablar de esas películas esenciales que nos marcaron.

El crepúsculo de los dioses —que a mi juicio es una de las traducciones poéticas más bonitas que se han hecho de un título extranjero en nuestro país— cuenta cómo Joe Gillis, un guionista de Hollywood casi en bancarrota que está apunto de abandonar su oficio, irrumpe inesperadamente en la vida de Norma Desmond, otrora gran estrella del cine mudo, quien no acepta que sus días de gloria pasaron hace tiempo. La relación entre ambos será el eje central de toda la cinta: ella aprovechándose de él para ayudarla en el guion que está escribiendo con el que sueña volver por todo lo alto como la estrella que era, y él aprovechándose de todo el dinero y lujos de ella. En general se la considera una película de cine negro (sobre todo por estar contada en clave de flashback y por tener un crimen involucrado a la trama desde prácticamente el comienzo de la cinta), aunque El crepúsculo de los dioses está plagada de toques de otros géneros que poco o nada tienen que ver. La tenebrosidad de sus elementos (la vieja, oscura y vacía mansión donde sucede gran parte de la historia o el tratamiento en según que momentos del personaje de Norma) parecen más bien sacados del cine de terror, así como las dos relaciones románticas que se establecen alrededor del personaje de Gillis, tratadas de formas radicalmente opuestas: una entraría dentro del drama psicológico (y a veces jugando con el melodrama por el uso e importancia que se le da a la música) mientras que la otra evoca ciertamente al de las comedias románticas que se producían en los años cuarenta. También hay algo de la comedia propia del humor negro o la persecución inicial, que reverbera con el cine de gángsters.

El guion de El crepúsculo de los dioses es brillante y rompedor, de hecho se salta todas las convenciones narrativas del cine de la época colocando la voz narradora en un personaje que ya desde el principio sabemos que está muerto. Pero no solo por su estructura es destacable su libreto, la película está llena de excelentes diálogos con frases que aún a día de hoy son recordadas y citadas de vez en cuando, sobre todo las que ponen en boca de Norma. También juega muy a su favor la metanarrativa que consiguieron Wilder y Charles Brackett con sus personajes —esta sería la última colaboración entre ambos tras una larga relación escribiendo guiones juntos—: sin contar el posible alter-ego de Joe Gillis con un joven Billy Wilder (igualmente funciona como una certera crítica al sistema de estudios y como trataban a los guionistas), el personaje de Norma crece aún más siendo interpretado por Gloria Swanson, una verdadera estrella del cine mudo en decadencia que encajaba a la perfección con lo que buscaba Wilder para el personaje. Pero no se queda ahí, pues consigue a Erich von Stroheim para hacer del mayordomo de la estrella, así como múltiples cameos como el del venerado director Cecil B. DeMille o celebridades del cine mudo de la talla de Buster Keaton. Lo importante no obstante es que Wilder en esta producción estuvo especialmente inspirado (más de lo normal) y consiguió engrandecer detrás de las cámaras un guion que ya de por sí era maravilloso.

Sin duda es una de esas películas que nunca van a envejecer. Evidentemente está contextualizada en una época muy concreta, pero esta historia de desgracia una vez alcanzado el estrellato es universal. En su momento, El crepúsculo de los dioses fue alabada por la crítica y llegó a estar nominada a once Premios Oscar pero 1950 era el año de Mankiewicz y su Eva al desnudo, que acabó acaparando todas las categorías principales la noche de la gala. La de Wilder acabó llevándose al menos tres estatuillas (guion original, dirección de arte y banda sonora), sin embargo su triunfo fue más contundente en los Globos de Oro, donde ganó mejor película, director y actriz para Swanson. Pero eso es lo de menos, lo importante es su paso en la historia del cine, el estatus de clásico que tiene actualmente y que es sin duda una de esas películas que todo amante del cine debe ver, sobre todo es ejemplar si se toma como una enorme puerta de entrada al cine de la primera mitad del siglo XX.

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