De todo un poco: Mientras Nueva York duerme, Mini Metro, En pocas palabras y blackwave.

Llevábamos un tiempo estancados en La Pantalla Invisible. Por un lado, hemos estado meses con el piloto automático sin apenas darle una vuelta a nuestro contenido —hasta hace poco, que tomamos la decisión de ampliar nuestros horizontes con música y videojuegos— y por el otro, publicando textos a cuentagotas. Mezclando todo esto, y queriendo cambiar la actual situación en las próximas semanas prometemos acoger en nuestra casa más escritos, nuevos formatos y nuevas secciones, como esta que se estrena hoy: De todo un poco. Aquí, como bien indica su nombre, podremos hablar de cualquier producto cultural que se nos pase por la cabeza sin tener que extendernos tanto como en una crítica individual. La idea, al menos de momento, es hablar en cada artículo de una película, un juego, una serie y un albúm o artista/grupo en general. Pero los compañeros que vayan pasando por aquí son bienvenidos a hacer lo que les dé la real gana. 

De cine: Mientras Nueva York duerme

Adoro el cine de Fritz Lang. Probablemente sea junto a Hitchcock el cineasta con el mayor número de obras maestras que haya visto por ahora en mi vida cinéfila, y eso que aún me queda bastante por ver de su filmografía. Casualmente creo que el cine de ambos directores tiene suficientes puntos comunes como para mencionarlo. Ambos han explorado por igual en numerosas películas tanto al falso culpable como la psique del asesino, aparte de ponernos la tensión por las nubes con sus thrillers de huida hacia adelante. Lo importante y esencial es que cada uno lo hace con visiones totalmente personales y únicas. En Mientras Nueva York duerme seguimos la carrera contrarreloj de unos periodistas que harán todo lo posible por desenmascarar al asesino en serie que esos días atemoriza la ciudad, con el fin último de conseguir un alto puesto en la dirección de su periódico. Todo el filme está plagado de personajes despreciables (pero no por ello menos interesantes, y ante todo humanos) que reflejan a través de los ojos de Lang el estilo de vida americano y el capitalismo más salvaje. Esto y la dinámica que tiene el talentoso reparto dentro y fuera de la redacción —con estrellas y promesas de la época como Dana Andrews, George Stevens, Vincent Price o Ida Lupino— recuerda inevitablemente a lo que haría Matthew Weiner medio siglo después con la agencia de publicidad Sterling Cooper en Mad Men, y como en aquella aquí se pasan los días fumando, y sobre todo bebiendo alcohol.

La elegancia del alemán a la hora de filmar cada escena es mayúscula. Lo que sería una simple conversación banal en la película de cualquier otro en una de Lang es un despliegue de lecciones de cine una detrás de otra. Pero Mientras Nueva York duerme no solo es esa cruel competición periodística por ser el primer en tener la noticia, también es la noticia en sí. El asesino del pintalabios, como lo bautizan los mismos periodistas que intentan dar con él, es parte fundamental de la película. Interpretado fantásticamente por un joven John Drew Barrymore (sí, el padre de Drew Barrymore), que condesa en su personaje todas las características propias del psycho killer moderno: conflicto maternofilial interno que deriva en fijación por el asesinato de mujeres, creerse más listo que la policía, etcétera. Su interpretación, junto al tratamiento con el que es tomado el caso desde el punto detectivesco funciona de molde para lo que luego serían las pelis con psicópatas que inundará el cine algunas décadas más tarde. En ese aspecto y en muchos otros en realidad, la secuencia inicial con la que abre el filme es digna de estudio. Otra secuencia a destacar, por mencionar alguna más, es aquella persecución por los túneles del metro (Lang, como De Palma, demuestra con su filmografía que tiene un pequeña fijación por los trenes y el metro como lugar público).

Como nota final también hay que tener en cuenta que el tiempo pasa factura a todo y aquí desgraciadamente se nota especialmente en el tratamiento de los personajes femeninos, y en concreto no me quito de la cabeza una escena donde se normaliza el acoso sexual en el trabajo. Pero ya digo, son cosas de la época y el cine clásico está empañado de muchas cosas de este estilo. Vaya, que Mientras Nueva York duerme tiene nada más y nada menos que sesenta y dos años. A pesar de esto, lo que es indudable es que este película supone una de las cimas en el cine de Fritz Lang, y del cine en general.

De videojuegos: Mini Metro

Es apabullante la cantidad de juegos independientes (de aquí en adelante, indies) que salen cada semana al mercado. Es inabarcable seguir la actualidad, a veces te encuentras sorpresas que acaban siendo unas de las experiencias del año y otras en las que el hype desmesurado no se ve reflejado luego mientras se juega. Pero últimamente los indies a los que le echo mano se quedan en la medianía y comparten el hecho de que son juegos agradables que con una única idea central justifica todo su desarrollo. En el caso de Mini Metro, un juego de estrategia que pone a los jugadores a cargo de la construcción de una red de tránsito ferroviario. La eficiencia y diseño de las diferentes líneas de metro de varias de las capitales más importantes del mundo recae en tus manos. El juego, cuyo prototipo surgió de una game jam en 2013, tiene un enfoque minimalista en todos sus aspectos. Desde su intuitiva interfaz hasta su sencilla jugabilidad pasando por la brillante banda sonora de Disasterpeace (artífice de las prodigiosas partituras de Fez e It Follows) que se genera proceduralmente a raíz de lo que el jugador vaya haciendo en su partida.

Cada vez que comienzo un mapa de metro me sorprende la habilidad con la que Mini Metro se transforma en cuestión de minutos de una experiencia contemplativa y satisfactoria a una llena de agobios y tensiones, no hay ni una sola partida en la que no haya sucedido. Por su planteamiento y la forma en la que te obliga a dividir tu atención me ha recordado a un juego de iOS de hace muchos años en la que hacías las veces de controlador aéreo, Flight Control. Decir que el juego no tiene mucha profundidad, una vez has desbloqueado todos las ciudades posibles para jugar (que no cambian prácticamente nada más allá de la distribución de los ríos pertinentes) lo único a lo que aspiras es a superar tus propios records de puntuación, porque no hay una manera correcta de acabar las partidas, se juega hasta que sea imposible seguir. En su defensa diré que también hay modos de juegos más allá del clásico pero se agotan muy pronto. Una partida media de Mini Metro suele durar unos veinte minutos, así que es un juego ideal para ratos cortos sobre todo si juegas en el modo portátil de la Switch (como en mi caso) o en el móvil.

De series: En pocas palabras

En pocas palabras es una serie documental de veinte capítulos, de unos dieciocho minutos aproximadamente, en la que en cada uno se trata un tema totalmente diferente. Estos temas van desde la brecha de riqueza racial o el ADN de diseño hasta los eSports o el K-Pop. La serie sirve para explicar (no en vano su título original es Explained) conceptos que o bien desconocemos o bien creemos conocer. Y es estupenda en lo que hace, didáctica, entretenida y con un acabado profesional digno de los mejores programas de este tipo. La estructura de estos documentales no es que sea de lo más original, se divide entre concisos gráficos y animaciones para ejemplificar casos, entrevistas a cámara a gente directamente relacionada con el tema tratado y un/a narrador/a por episodio que va conduciendo el desarrollo del mismo. En esto último han sabido jugar muy bien sus cartas trayendo en algunos casos a famosos que están vinculados de alguna forma a ese tema —por ejemplo, a Kristen Bell en el de ¿Podemos vivir eternamente?, a Kevin Smith en el de la marihuana o a Rachel Bloom en el del orgasmo femenino; y así—.

Es tan bueno en lo suyo que hasta en temas que de primera puedan dar pereza acaban dandole la vuelta y sorprenderte con lo que cuenta y cómo lo cuenta. Recuerdo en concreto el capítulo centrado en el signo de exclamación, que me pareció uno de los mejores. Otros, como el de la crisis mundial del agua deberían ser incluso de visionado obligatorio para todo el mundo. El equipo detrás de En pocas palabras es el del canal de Youtube estadounidense Vox, que llevan varios años impresionándome con su contenido, siendo de lo mejor que hay en la plataforma. La gran mayoría de sus videos son interesantes y cuentan con un acabado muy similar a lo que hacen aquí para Netflix. Recomiendo mucho para empezar a ver sus videos algunas de las miniseries que tienen en su canal, como Earworm —que nos descubre detalles de la música a través de sonidos e historias de canciones— o Vox Atlascentrada en explicar la historia de nuestro presente a través de nuestro pasado—. ¿Lo mejor? Que Netflix ya ha dado el visto bueno a una segunda temporada de En pocas palabras.

De música: blackwave.

Una de las consecuencias positivas de vivir en el siglo XXI y este globalizado mundo es que puedes encontrar cualquier contenido en un par de clics. Como todo, en la música esto ha servido para que se democratice un poco el medio, haciendo que lleguen a tus oídos grupos que en otras épocas serían totalmente inaccesibles, ya fuera por el país de procedencia, el género o el número de oyentes. Un día, —hace relativamente poco— indagando por Spotify me topé con blackwave. un grupo de rap belga que suena tal que así. Blackwave. es un duo compuesto por Willem Ardui (productor y rapero/vocalista a ratos) y el rapero Jaywalker. Por ahora sólo han sacado un LP —Mic Check, de 2017— y un buen puñado de canciones sueltas estos últimos meses que formaran parte del que intuyo será su segundo trabajo. El sonido de blackwave. es una delicia, encaja mejor con lo que hacían musicalmente algunos grupos de rap en los noventa como A Tribe Called Quest que con referentes actuales. Esto se consigue gracias a una producción que constantemente coquetea con el jazz. Además, a sus directos van acompañados con una banda de músicos, y el propio Willem Ardui se sube al escenario de vez en cuando con un guitarra.  En Mic Check podemos escuchar canciones comprometidas con el movimiento Black Lives Matter como en Hands Up!, esperanzadoras y alegres como en BIG Dreams o todo lo contrario en el corte siguiente con If IDestaco también The Juicela más noventera de todo el álbum. De las canciones sueltas que van sacando, aparte de la de Swangin’ que os he enlazado antes también recomiendo Elusiveque mezcla el rollo de blackwave. con un tono más soul, y Whasgood?!, una de sus canciones más bailables. Una pena que el grupo aún no goce de la visibilidad suficiente y no tengan millones de reproducciones, si fueran estadounidenses no tengo ninguna duda que ya las tendrían.

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