Días repletos de series (Vol. 1): UnREAL, The Young Pope y BrainDead

Igual que ha pasado con los largometrajes, hay algunas series de televisión muy destacadas de las que nos hemos olvidado de hablar este presente año que se termina. Para evitar hacerles el vacío, vamos a adaptar nuestra ya conocida sección Días repletos de cine y cambiar ese cine por series. Vemos como urgente la necesidad de realizar esto porque temporadas como las que han tenido series como The Young Pope, UnREAL, o BrainDead no podían quedarse sin su hueco en esta web si queríamos sentirnos bien con nosotros mismos.

UnREAL (T2)

por Alejandro Hinojosa

El año pasado ya os hablé por estos lares de UnREAL, otra serie veraniega que conquistó completamente mi corazón a base de mala leche y manipulación durante un programa de citas al estilo The Bachelor —o ¿Quién quiere casarse con mi hijo?—. Tras una primera tanda que pilló por sorpresa a prácticamente todos, la segunda temporada se esperaba con muchas ganas pero a la vez con dudas. ¿Conseguiría ser tan buena como la primera o se sentiría como algo repetitivo y sin gracia? Al final todo se ha quedado en un punto medio, La presencia del primer “tronista” negro ha permitido tratar temas distintos —especialmente de raza— y aunque la mecánica era la misma no ha sabido igual que antes. Esto tampoco significa que haya sido mejor, ya que, aunque las maquinaciones detrás del programa han sido gloriosas en algunos momentos, Adam Cromwell dio bastante más juego en la historia global del que ha dado Darius Beck.

Habiendo despachado el programa y lo que hay detrás, toca hablar de lo que hay detrás de todo: sus trabajadores, que este año han tenido mucho más protagonismo. Mientras hay conflictos y personajes que han quedado definidos muy superficialmente o giros que no han importado demasiado, los dos pilares de la serie, Quinn King y Rachel Goldberg, han tenido aún más relevancia que en la anterior entrega al profundizar en ellos psicológicamente más allá del programa. Esto nos ha brindado resultados muy potentes en el caso de los miedos que el personaje de la espléndida Constance Zimmer esconde tras su caparazón, pero si nos centramos en Rachel es donde UnREAL ha patinado. Entiendo los motivos que han llevado a las creadoras a seguir este camino, pero la forma de tratarlo e integrarlo en las subtramas de su personaje —lo de Jeremy, lo de Coleman, lo de su madre…— ha sido algo caótica, restándole parte del impacto que hubiese podido tener. Aún así, la segunda temporada de UnREAL ha seguido siendo bastante disfrutable, sobre todo por darnos más de aquello que nos enganchó de la primera: cabronismo puro. Justo por eso espero con ganas la tercera temporada, la cual contará con una mujer en la posición de “tronista”, de manera que podemos esperar amplias dosis de feminismo.

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The Young Pope (T1)

por Daniel Pérez-Michán

Cuando me enteré que Paolo Sorrentino anunciaba un proyecto para televisión inmediatamente pensé que sería la típica serie que partiría de la premisa de una figura importante en lo audiovisual, en este caso el director italiano, y que como mucho dirigiría el piloto —como ha hecho Scorsese con las series que le ha producido HBO, sin ir más lejos la misma cadena responsable de The Young Pope—. Y menos mal que me equivocaba. No sé que hubiera sido de la serie si esta se hubiera hecho de aquella forma, pero me cuesta mucho pensar que se le pudiera acercar mínimamente en calidad a lo que se ha conseguido en estas intensas y relevantes diez horas escritas y dirigidas por el director de La gran belleza (La grande bellezza, 2013).

La serie está muy cuidada, y se nota las ganas que tenía el realizador de ponerse con ella. Es una obra desde la que se habla de muchos temas importantes pero siempre desde el punto de vista o con los ojos puestos en la religión y la iglesia como institución. A veces son temas peliagudos y casi tabú para los católicos y otros son temas tales como la amistad, el amor o la importancia de la fe; pero el poder y la corrupción son sin duda otro de los pilares temáticos básicos de este retrato del vaticano. Un retrato que se construye con la intención de transgredir a toda costa cualquier aspecto que rodea al Papa. El Vaticano que filma Sorrentino es uno hipócrita, cuyos métodos se asemejan más al de una mafia que al que debería ser el máximo ejemplo de bondad y guía espiritual de toda la fe católica. The Young Pope no es una serie que respete dentro de su propia ficción lo formal de la institución que representa (como sí lo hace por ejemplo su coetánea The Crown con la corona británica). El uso de la música es espectacular y combinándolo con toda una galería de elementos muy particulares y una dirección muy marcada hacen de The Young Pope una serie posmoderna única en su especie. No hay ni un solo capítulo en el que no te veas asimilando como puede ser que una serie sobre el jefe de la iglesia católica puede distorsionar tanto lo formal.

Y todo esto se consigue gracias al personaje de Lenny Belardo, o como más se le conoce: el Papa Pio XIII; uno de los personajes más interesante del año que es mejor descubrir por uno mismo. Jude Law consigue darle vida en el que me atrevería a decir que es uno de los papeles de su vida. Si en House of Cards (serie con la que por cierto le veo muchas similitudes) Frank Underwood mira a cámara en sus momentos más íntimos y personales dirigiéndose directamente al espectador, este joven papa dialoga con Dios en sus momentos más dubitativos y quebrantables. Pero esto no es el show de un solo hombre, el gran secundario de la serie está interpretado por Silvio Orlando encarnando al poderoso Voiello, el maquiavelo secretario de estado del Vaticano. Aún así, Sorrentino no se conforma y se ha asegurado de ensamblar un reparto que funciona bastante bien en el que todos tienen un nivel digno de las mejores series de HBO: Diane Keaton, Javier CámaraScott Shepherd

Personalmente, esta ha sido una de mis series del año. Mi serie favorita de HBO de este productivo 2016, y eso que que The Night Of, Westworld e incluso la sexta temporada de Juego de tronos han llegado a un nivel superior a la media. ¿Lo mejor de todo? Que Sorrentino ya ha confirmado que estará al 100% de nuevo para hacer la segunda temporada, la cual ya está más que confirmada. Quiero confesarme, necesito seguir viendo al Papa Pio XIII.

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BrainDead

por Alejandro Hinojosa

Verano suele ser la época donde se emiten algunos proyectos que sobran en las cadenas, pero desde hace unos años la CBS programa en esas fechas propuestas alejadas de los procedimentales que emite durante la temporada. Hasta ahora el resultado había sido mediocre, con series como Under the Dome o Zoo, algo que remedió el matrimonio formado por Robert y Michelle King, los creadores de The Good Wife, con BrainDead. Aquí dejaron a un lado los abogados —antes de volverse a meter en faena con el spin-off The Good Fight— y se metieron de lleno en política con una trama de lo más disparatada: un meteorito lleno de hormigas alienígenas cae en la tierra y es transportado a Washington, donde empiezan a infectar los cerebros de congresistas, agentes de la ley y otros trabajadores del Gobierno, ya sean demócratas o republicanos.

A través de las hormigas, BrainDead nos brinda toneladas de sátira política al extremar —aún más— las posturas de aquellos congresistas que acaban con el cerebro medio devorado por los insectos y cuyo mayor ejemplo es el del necio y alcohólico senador Red Wheatus viéndose convertido en un gran líder republicano. Todo esto es seguido desde el punto de vista de Laurel Healy, una documentalista que muy a su pesar trabaja en la oficina del líder demócrata en el Congreso —AKA su hermano—, siendo ella la que lleva el peso de la serie a través de sus tres tramas. Por un lado tenemos su intento de sobrevivir al mundo político, algo ya de por si difícil, en un Washington loco e invadido por estas hormigas. Por otro, la divertida investigación de esta conspiración que lleva a cabo junto a Rochelle y Gustaf, formando un trío que brilla cada vez que está en pantalla. Por último, la historia amorosa que tiene con el jefe de personal republicano, la cual no ha pasado desapercibido por redes sociales y se nutre de la más que notable química entre Mary Elizabeth Winstead y Aaron Tveit. Pero eso no es todo, ya que lo mejor de la serie no es nada de lo mencionado anteriomente, si no que se encuentra al principio de cada capítulo, y es que los “Previously on BrainDead”, lejos de ser convencionales, son canciones compuestas e interpretadas por el cantautor Jonathan Coulson, quien además se convierte en uno de los personajes del año —y hasta aquí puedo escribir—. BrainDead no ha conectado con el público estadounidense y por desgracia ya está cancelada, pero hay que agradecer que el resultado final sea el de una miniserie cerrada llena de puntazos cómicos y muy autoconsciente del surrealismo que hay tanto en la propuesta como en la propia política.

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